San Mateo
"Deja ahora; porque así conviene que nosotros cumplamos toda justicia”.
Está escrito: “No de pan sólo vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
También está escrito: “No tentarás al Señor tu Dios”.
“Vete, Satanás, porque está escrito: “Adorarás al Señor tu Dios, y a Él sólo servirás”.
“Arrepentíos porque el reino de los cielos está cerca”.
“Venid en pos de Mí y os haré pescadores de hombres”.
“Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque a ellos pertenece el reino de los cielos. Bienaventurados los afligidos, porque serán consolados. Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque serán hartados. Bienaventurados los que tienen misericordia, porque para ellos habrá misericordia. Bienaventurados los de corazón puro, porque verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque a ellos pertenece el reino de los cielos. Dichosos seréis cuando os insultaren, cuando os persiguieren, cuando dijeren mintiendo todo mal contra vosotros, por causa mía.
"Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos, pues así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros”.
“Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal pierde su sabor, ¿con qué será salada? Para nada vale ya, sino para que, tirada fuera, la pisen los hombres".
"Vosotros sois la luz del mundo. No puede esconderse una ciudad situada sobre una montaña. Y no se enciende una candela para ponerla debajo del celemín, sino sobre el candelero, y (así) alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz ante los hombres, de modo tal que, viendo vuestras obras buenas, glorifiquen a vuestro Padre del cielo”.
“No vayáis a pensar que he venido a abolir la Ley y los Profetas. Yo no he venido para abolir, sino para dar cumplimiento. En verdad os digo, hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota, ni un ápice de la Ley pasará, sin que todo se haya cumplido. Por lo tanto, quien violare uno de estos mandamientos, (aun) los mínimos, y enseñare así a los hombres, será llamado el mínimo en el reino de los cielos; mas quien los observare y los enseñare, este será llamado grande en el reino de los cielos. Os digo, pues, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”.
“Oísteis que fue dicho a los antepasados: «No matarás»; el que matare será reo de condenación”. Mas Yo os digo: “Todo aquel que se encoleriza contra su hermano, merece la condenación; quien dice a su hermano «racá» merece el sanhedrín; quien le dice «necio» merece la gehenna del fuego. Si, pues, estás presentando tu ofrenda sobre el altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo que reprocharte, deja allí tu ofrenda delante del altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Ponte en paz, sin tardar, con tu adversario mientras vas con el por el camino, no sea que él te entregue al juez y el juez al alguacil; y te pongan en la cárcel. En verdad te digo, que no saldrás de allí sin que hayas pagado hasta el último centavo”.
“Oísteis que fue dicho: «No cometerás adulterio». Mas Yo os digo: “Quienquiera mire a una mujer codiciándola, ya cometió con ella adulterio en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te hace tropezar, arráncatelo y arrójalo lejos de ti; más te vale que se pierda uno de tus miembros y no que sea echado todo tu cuerpo en la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de tropiezo, córtala y arrójala lejos de ti; más te vale que se pierda uno de tus miembros y no que sea echado todo tu cuerpo en la gehenna”.
“También ha sido dicho: «Si alguno repudia a su mujer, que le dé un acta de repudio». Mas Yo os digo: “Quienquiera repudie a su mujer, si no es por causa de fornicación, se hace causa de que se cometa adulterio con ella; y el que toma a una mujer repudiada comete adulterio”.
“Oísteis también que fue dicho a los antepasados: «No 1perjurarás, sino que cumplirás al Señor lo que has jurado». Mas Yo os digo que no juréis de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni jures tampoco por tu cabeza, porque eres incapaz de hacer blanco o negro uno solo de tus cabellos. Diréis (solamente): Sí, sí; No, no. Todo lo que excede a esto, viene del Maligno”.
“Oísteis que fue dicho: «Ojo por ojo y diente por diente». Mas Yo os digo: no resistir al que es malo; antes bien, si alguien te abofeteare en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Y si alguno te quiere citar ante el juez para quitarte la túnica, abandónale también tu manto. Y si alguno te quiere llevar por fuerza una milla, ve con él dos. Da a quien te pide, y no vuelvas la espalda a quien quiera tomar prestado de ti”.
“Oísteis que fue dicho: «Amarás a tu prójimo, y odiarás a tu enemigo». Mas Yo os digo: “Amad a vuestros enemigos, y rogad por los que os persiguen, a fin de que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace levantar su sol sobre malos y buenos, y descender su lluvia sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿Los mismos publicanos no hacen otro tanto?Y si no saludáis mas que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis vosotros de particular? ¿No hacen otro tanto los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”.
“Cuidad de no practicar vuestra justicia a la vista de los hombres con el objeto de ser mirados por ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.
Cuando, pues, haces limosna, no toques la bocina delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser glorificados por los hombres; en verdad os digo, ya tienen su paga. Tú, al contrario, cuando haces limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha, para que tu limosna quede oculta, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará”.
Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; en verdad os digo, ya tienen su paga. Tú, al contrario, cuando quieras orar entra en tu aposento, corre el cerrojo de la puerta, y ora a tu Padre que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagara. Y cuando oráis, no abundéis en palabras, como los paganos, que se figuran que por mucho hablar serán oídos. Por lo tanto, no los imitéis, porque vuestro Padre sabe qué cosas necesitáis, antes de que vosotros le pidáis. Así, pues, oraréis vosotros: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre; venga tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan supersubstancial; y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos introduzcas en tentación, antes bien líbranos del Maligno. Si, pues, vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial os perdonará también; pero si vosotros no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestros pecados”.
“Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que fingen un rostro escuálido para que las gentes noten que ellos ayunan; en verdad, os digo, ya tienen su paga. Mas tú, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, a fin de que tu ayuno sea visto, no de las gentes, sino de tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará”.
“No os amontonéis tesoros en la tierra, donde polilla y herrumbre destruyen, y donde los ladrones horadan los muros y roban. Amontonaos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni herrumbre destruyen, y donde ladrones no horadan ni roban. Porque allí donde está tu tesoro, allí también estará tu corazón”.
“La lámpara del cuerpo es el ojo: Si tu ojo está sencillo, todo tu cuerpo gozará de la luz; pero si tu ojo está inservible, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Luego, si la luz que hay en ti es tiniebla, ¿las tinieblas mismas, cuán grandes serán?”.
“Nadie puede servir a dos señores; porque odiará al uno y amará al otro; o se adherirá al uno y despreciará al otro. Vosotros no podéis servir a Dios y a Mammón”. Por esto os digo: no os preocupéis por vuestra vida: qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, con qué lo vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento? ¿y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran ni siegan, ni juntan en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros puede, por mucho que se afane, añadir un codo a su estatura? y por el vestido, ¿por qué preocuparos? Aprended de los lirios del campo: cómo crecen; no trabajan, ni hilan, mas Yo os digo, que ni Salomón, en toda su magnificencia, se vistió como uno de ellos. Si, pues, la hierba del campo, que hoy aparece y mañana es echada al horno, Dios así la engalana ¿no (hará Él) mucho más a vosotros, hombres de poca fe?
No os preocupéis, por consiguiente, diciendo: “¿Que tendremos para comer? ¿Qué tendremos para beber? ¿Qué tendremos para vestirnos?” Porque todas estas cosas las codician los paganos. Vuestro Padre celestial ya sabeque tenéis necesidad de todo eso. Buscad, pues, primero el reino de Dios y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura. Nos os preocupéis, entonces, del mañana. El mañana se preocupará de sí mismo. A cada día le basta su propia pena".
“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque el juicio que vosotros hacéis, se aplicará a vosotros, y la medida que usáis, se usará para vosotros. ¿Por que ves la pajuela que esta en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que está en tu ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: “Déjame quitar la pajuela de tu ojo”, mientras hay una viga en el tuyo? Hipócrita, quita primero la viga de tu ojo, y entonces verás bien para sacar la pajuela del ojo de tu hermano”.
“No deis a los perros lo que es santo y no echéis vuestras perlas ante los puercos, no sea que las pisoteen con sus pies, y después, volviéndose, os despedacen”.
“Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; golpead y se os abrirá. Porque todo el que pide obtiene; y el que busca encuentra; y al que golpea, se le abre. ¿O hay acaso entre vosotros algún hombre que al hijo que le pide pan, le de una piedra; O si le pide un pescado, le dé una serpiente? Si, pues, vosotros, que sois malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¡cuánto más vuestro Padre celestial dará cosas buenas a los que le pidan! Así que, todo cuanto queréis que los hombres os hagan, hacedlo también vosotros a ellos; esta es la Ley y los Profetas".
“Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición y muchos son los que entran por él. Porque angosta es la puerta y estrecho el camino que lleva a la vida, y pocos son los que lo encuentran”.
"Guardaos de los falsos profetas, los cuales vienen a vosotros disfrazados de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces. Los conoceréis por sus frutos. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Asimismo todo árbol bueno da frutos sanos, y todo árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede llevar frutos malos, ni un árbol malo frutos buenos. Todo árbol que no produce buen fruto, es cortado y echado al fuego. De modo que por sus frutos los conoceréis”.
“No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial". Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos cantidad de prodigios? ”Entonces les declararé: “Jamás os conocí. ¡Alejaos de Mí, obradores de iniquidad!”.
"Así pues, todo el que oye estas palabras mías y las pone en práctica, se asemejará a un varón sensato que ha edificado su casa sobre la roca: Las lluvias cayeron, los torrentes vinieron, los vientos soplaron y se arrojaron contra aquella casa, pero ella no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Y todo el que oye estas palabras mías y no las pone en práctica, se asemejará a un varón insensato que ha edificado su casa sobre la arena: Las lluvias cayeron, los torrentes vinieron, los vientos soplaron y se arrojaron contra aquella casa, y cayó, y su ruina fue grande”.
“Quiero, queda limpio”.
“Mira, no lo digas a nadie; sino ve a mostrarte al sacerdote y presenta la ofrenda prescrita por Moisés, para que les sirva de testimonio”.
“Yo iré y lo sanare”.
“En verdad, os digo, en ninguno de Israel he hallado tanta fe”. Os digo pues: “Muchos llegarán del Oriente y del Occidente y se reclinarán a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos, mientras que los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allá será el llanto y el rechinar de dientes”.
“Anda; como creíste, se te cumpla”.
“Las zorras tienen sus guaridas, y las aves del cielo sus nidos, mas el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”.
“Sígueme, y deja a los muertos enterrar a sus muertos”.
“¿Por qué tenéis miedo, desconfiados?”
“Andad” “Confía, hijo, te son perdonados los pecados”.
“¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Te son perdonados los pecados”, o decir: “Levántate y camina? ¡Y bien! para que sepáis que tiene poder el Hijo del hombre, sobre la tierra, de perdonar pecados“ “Levántate, cárgate la camilla y vete a tu casa”.
“Sígueme”.
“No son los sanos los que tienen necesidad de médico, sino los enfermos".
"Id, pues, y aprended lo que significa: “Misericordia quiero y no sacrificio”.
"Porque no he venido a llamar justos, sino pecadores”.
“¿Pueden los hijos del esposo afligirse mientras el esposo está con ellos? Pero vendrán días en que el esposo le será quitado, y entonces ayunarán. Nadie pone un remiendo de paño nuevo en un vestido viejo, porque aquel pedazo entero tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni tampoco se echa vino nuevo en cueros viejos; de otra manera, los cueros revientan, y el vino se derrama, y los cueros se pierden; sino que el vino nuevo se echa en cueros nuevos, y así ambos se conservan”.
“Confianza, hija, tu fe te ha sanado”
“¡Retiraos! La niña no ha muerto sino que duerme”.
“¿Creéis que puedo hacer eso?”
“Os sea hecho según vuestra fe”.
“¡Mirad que nadie lo sepa!”.
“La mies es grande, mas los obreros son pocos. Rogad pues al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies”.
“No vayáis hacia los gentiles y no entréis en ninguna ciudad de samaritanos, sino id más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y de camino predicad diciendo: “El reino de los cielos se ha acercado”.
"Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad fuera demonios. Recibisteis gratuitamente, dad gratuitamente. No tengáis ni oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero es acreedor a su sustento. Llegados a una ciudad o aldea, informaos de quien en ella es digno, y quedaos allí hasta vuestra partida. Al entrar a una casa decidle el saludo (de paz). Si la casa es digna, venga vuestra paz a ella; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si alguno no quiere recibiros ni escuchar vuestras palabras, salid de aquella casa o de aquella ciudad y sacudid el polvo de vuestros pies. En verdad, os digo, que en el día del juicio (el destino) será más tolerable para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad”.
“Mirad que Yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los sanhedrines y os azotarán en sus sinagogas, y por causa de Mí seréis llevados ante gobernadores y reyes, en testimonio para ellos y para las naciones. Mas cuando os entregaren, no os preocupéis de cómo o qué hablareis. Lo que habéis de decir os será dado en aquella misma hora. Porque no sois vosotros los que habláis, sino que el Espíritu de vuestro Padre es quien, habla en vosotros. Y entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; y se levantarán hijos contra padres y los harán morir. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que perseverare hasta el fin, ese será salvo. Cuando os persiguieren en una ciudad, huid a otra. En verdad, os digo, no acabaréis (de predicar en) las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del Hombre”.
“El discípulo no es mejor que su maestro , ni el siervo mejor que su amo. Basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo ser como su amo. Si al dueño de casa llamaron Beelzebul, ¿cuánto más a los de su casa? No los temáis. Nada hay oculto que no deba ser descubierto, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que os digo en las tinieblas, repetidlo en pleno día; lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas. Y no temáis a los que matan el cuerpo, y que no pueden matar el alma; mas temed a aquel que puede perder alma y cuerpo en la gehenna. ¿No se venden dos gorriones por un as? Ahora bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin disposición de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, todos los cabellos de vuestra cabeza están contados. No temáis, pues vosotros valéis más que muchos gorriones”.
“A todo aquel que me confiese delante de los hombres, Yo también lo confesaré delante de mi Padre celestial; mas a quien me niegue delante de los hombres, Yo también lo negaré delante de mi Padre celestial. No creáis que he venido a traer la paz sobre la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. He venido, en efecto, a separar al hombre de su padre, a la hija de su madre, a la nuera de su suegra; y serán enemigos del hombre los de su propia casa. Quien ama a su padre o a su madre más que a Mí, no es digno de Mí; y quien ama a su hijo o a su hija más que a Mí, no es digno de Mí. Quien no toma su cruz y me sigue, no es digno de Mí. Quien halla su vida, la perderá; y quien pierde su vida por Mí, la hallará”.
"Quien a vosotros recibe, a Mí me recibe, y quien me recibe a Mí, recibe a Aquel que me envió. Quien recibe a un profeta a título de profeta, recibirá la recompensa de profeta; quien recibe a un justo a título de justo, recibirá la recompensa del justo. y quienquiera diere de beber tan sólo un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, a título de discípulo, en verdad os digo, no perderá su recompensa".
“Id y anunciad a Juan lo que oís y veis: Ciegos ven, cojos andan, leprosos son curados, sordos oyen, muertos resucitan, y pobres son evangelizados; ¡y dichoso el que no se escandalizare de Mí!”
“¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Acaso una caña sacudida por el viento? Y si no, ¿qué fuisteis a ver? ¿Un hombre ataviado con vestidos lujosos? Pero los que llevan vestidos lujosos están en las casas de los reyes. Entonces ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: “He ahí que Yo envío a mi mensajero que te preceda, el cual preparará tu camino delante de ti”. En verdad, os digo, no se ha levantado entre los hijos de mujer, uno mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos padece fuerza, y los que usan la fuerza se apoderan de él. Todos los profetas, lo mismo que la Ley, han profetizado hasta Juan, y, si queréis creerlo, él mismo es Elías, el que debía venir. ¡Quién tiene oídos oiga!”
“¿Pero, con quien comparar la raza esta? Es semejante a muchachos que, sentados en las plazas, gritan asus camaradas: Os tocamos la flauta y no danzasteis, entonamos cantos fúnebres y no plañisteis. Porque; vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Está endemoniado”. Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: “Es un glotón y borracho, amigo de publicanos y de pecadores”. Mas la Sabiduría ha sido justificada por sus obras”.
“¡Ay de ti Corazín! ¡Ay de ti Betsaida! porque si en Tiro y en Sidón se hubiesen hecho los prodigios que han sido hechos en vosotras, desde hace mucho tiempo se habrían arrepentido en saco y en ceniza. Por eso os digo, que el día del juicio será más soportable para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿acaso habrás de ser exaltada hasta el cielo? Hasta el abismo serás abatida. Porque si en Sodoma hubiesen sucedido las maravillas que han sido hechas en ti, aún estaría ella en pie el día de hoy. Por eso te digo que el día del juicio será más soportable para la tierra de Sodoma que para ti”.
“Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque encubres estas cosas a los sabios y a los prudentes, y las revelas a los pequeños. Así es, oh Padre, porque esto es lo que te agrada a Ti. A Mí me ha sido transmitido todo por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre conoce bien nadie sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelar".
"Venid a Mí todos los agobiados y los cargados, y Yo os haré descansar. Tomad sobre vosotros el yugo mío, y dejaos instruir por Mí, porque manso soy y humilde en el corazón; y encontrareis reposo para vuestras vidas. Porque mi yugo es excelente; y mi carga es liviana”.
“¿No habéis leído, pues, lo que hizo David cuando tuvo hambre él y los que estaban con él, cómo entró en la casa de Dios y comió los panes de la proposición, que no era lícito comer ni a él, ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes? ¿No habéis asimismo leído en la Ley, que el día de sábado, los sacerdotes, en el templo, violan el reposo sabático y lo hacen sin culpa? Ahora bien, os digo, hay aquí mayor que el Templo. Si hubieseis comprendido lo que significa: “Misericordia quiero, y no sacrificio”, no condenaríais a unos inocentes. Porque Señor del sábado es el Hijo del hombre”.
“¿Cuál será de entre vosotros el que teniendo una sola oveja, si ésta cae en un foso, el día de sábado, no irá a tomarla y levantarla? Ahora bien, ¡cuánto más vale el hombre que una oveja! Por consiguiente, es lícito hacer bien el día de sábado”
“Extiende tu mano”.
“Todo reino dividido contra sí mismo, está arruinado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no puede subsistir. Si Satanás arroja a Satanás, contra sí mismo está dividido: entonces, ¿cómo podrá subsistir su reino? Y si Yo, por mi parte, echo los demonios por Beelzebul, ¿por quién los echan uestros hijos? Por esto ellos serán vuestros jueces. Pero si por el Espíritu de Dios echo Yo los demonios, es evidente que ha llegado a vosotros el reino de Dios. ¿O si no, cómo puede alguien entrar en la casa del hombre fuerte y quitarle sus bienes, si primeramente no ata al fuerte? Solamente entonces saqueará su casa. Quien no está conmigo, está contra Mí, y quien no amontona conmigo, desparrama”.
“Por eso, os digo, todo pecado y toda blasfemia será perdonada a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Y si alguno habla contra el Hijo del hombre, esto le será perdonado; pero al que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado ni en este siglo ni en el venidero. O haced (que sea) el árbol bueno y su fruto bueno, o haced (que sea) el árbol malo y su fruto malo, porque por el fruto se conoce el árbol. Raza de víboras, ¿cómo podríais decir cosas buenas, malos como sois? Porque la boca habla de la abundancia del corazón. El hombre bueno, de su tesoro de bondad saca el bien; el hombre malo, de su tesoro de malicia saca el mal. 36 Os digo, que de toda palabra ociosa que se diga se deberá dar cuenta en el día del juicio. Según tus palabras serás declarado justo, según tus palabras serás condenado”.
“Una raza mala y adúltera requiere una señal: no le será dada otra que la del profeta Jonás. Pues así como Jonás estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches. Los ninivitas se levantarán, en el día del juicio, con esta raza y la condenarán, porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás; ahora bien, hay aquí más que Jonás. La reina del Mediodía se levantará, en el juicio, con la generación ésta y la condenará, porque vino de las extremidades de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón; ahora bien, hay aquí más que Salomón”.
"Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, recorre los lugares áridos, buscando reposo, pero no lo halla. Entonces se dice: “Voy a volver a mi casa, de donde salí”. A su llegada, la encuentra desocupada, barrida y adornada. Entonces se va a tomar consigo otros siete espíritus aun más malos que él; entran y se aposentan allí, y el estado último de ese hombre viene a ser peor que el primero. Así también acaecerá a esta raza perversa”.
“¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” “He aquí a mi madre y mis hermanos. Quienquiera que hace la voluntad de mi Padre celestial, éste es mi hermano, hermana o madre”.
“He ahí que el sembrador salió a sembrar. Y, al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino, y los pájaros vinieron y las comieron. Otras cayeron en lugares pedregosos, donde no tenían mucha tierra, y brotaron en seguida por no estar hondas en la tierra. Y cuando el sol se levantó, se abrasaron, y no teniendo raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos, y los abrojos, creciendo, las ahogaron. Otras cayeron sobre tierra buena, y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. ¡Quien tiene oídos, oiga!”
“A vosotros es dado conocer los misterios del reino de los cielos, pero no a ellos. Porque a quien tiene, se le dará y tendrá abundancia; y al que no tiene, aún lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni comprenden. Para ellos se cumple esa profecía de Isaías: “Oiréis pero no comprenderéis, veréis y no conoceréis. Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, y sus oídos oyen mal, y cierran los ojos, de miedo que vean con sus ojos, y oigan con sus oídos, y comprendan con su corazón, y se conviertan, y Yo los sane”. Pero vosotros, ¡felices de vuestros ojos porque ven, vuestros oídos porque oyen! En verdad, os digo, muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; oír lo que vosotros oís y no lo oyeron”.
“Escuchad pues, vosotros la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la palabra del reino y no la comprende, que viene el maligno y arrebata lo que ha sido sembrado en su corazón: este es el sembrado a lo largo del camino. El sembrado en pedregales, éste es el hombre que, oyendo la palabra, en seguida la recibe con alegría; pero no teniendo raíz en sí mismo, es de corta duración, y cuando llega la tribulación o la persecución por causa de la palabra, al punto se escandaliza. El sembrado entre los abrojos, éste es el hombre que oye la palabra, pero la preocupación de este siglo y el engaño de las riquezas sofocan la palabra, y ella queda sin fruto. Pero el sembrado en tierra buena, éste es el hombre que oye la palabra y la comprende: él sí que fructifica y produce ya ciento, ya sesenta, ya treinta”.
“El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró grano bueno en su campo. Pero, mientras la gente dormía, vino su enemigo, sobresembró cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando brotó, pues, la hierba y dio grano, apareció también la cizaña. Y fueron los siervos al dueño de casa y le dijeron: “Señor ¿no sembraste grano bueno en tu campo? ¿Cómo, entonces, tiene cizaña?” Les respondió: “Algún enemigo ha hecho esto”. Le preguntaron: “¿Quieres que vayamos a recogerla?” Mas él respondió: “No, no sea, que al recoger la cizaña, desarraiguéis también el trigo. Dejadlos crecer juntamente hasta la siega. Y al momento de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y al trigo juntadlo en mi granero.
“El reino de los cielos es semejante a un grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo. Es el más pequeño de todos los granos, pero cuando ha crecido es más grande que las legumbres, y viene a ser un árbol, de modo que los pájaros del cielo llegan a anidar en sus ramas”. “El reino de los cielos es semejante a la levadura, que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó”. “El que siembra la buena semilla, es el Hijo del hombre. El campo es el mundo. La buena semilla, esos son los hijos del reino. La cizaña son los hijos del maligno. El enemigo que la sembró es el diablo. La siega es la consumación del siglo. Los segadores son los ángeles. De la misma manera que se recoge la cizaña y se la echa al fuego, así será en la consumación del siglo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y recogerán de su reino todos los escándalos, y a los que cometen la iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. ¡Quien tiene oídos, oiga!
“El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo; un hombre, habiéndolo descubierto, lo volvió a esconder, y en su gozo fue y vendió todo lo que tenía, y compró aquel campo.También, el reino de los cielos es semejante a un mercader en busca de perlas finas. Habiendo encontrado una de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró".
"También, es semejante el reino de los cielos a una red que se echó en el mar y que recogió peces de toda clase. Una vez llena, la tiraron a la orilla, y sentándose juntaron los buenos en canastos, y tiraron los malos. Así será en la consumación del siglo. Saldrán los ángeles y separarán a los malos de en medio de los justos, y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes".
¿Habéis entendido todo esto? “Así todo escriba que ha llegado a ser discípulo del reino de los cielos, es semejante al dueño de casa que saca de su tesoro lo nuevo y lo viejo”.
“Un profeta no está sin honor sino en su país y en su familia”.
“No necesitan irse; dadles vosotros de comer”.
“Traédmelos acá”.
“¡Ánimo! soy Yo. No temáis”.
“¡Ven!”.
“Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?”,
"Y vosotros ¿por qué traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Dios ha dicho: “Honra a tu padre y a tu madre”, “El que maldice a su padre o a su madre sea condenado a muerte”. Vosotros, al contrario, decís: “Cualquiera que diga a su padre o a su madre: “Es ofrenda aquello con lo cual yo te podría haber socorrido, –no tendrá que honrar a su padre o a su madre”.
"Y vosotros habéis anulado la palabra de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, con razón Isaías profetizó de vosotros diciendo: “Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está lejos de Mí. En vano me rinden culto, pues que enseñan doctrinas que son mandamientos de hombres”.
“¡Oíd y entended!No lo que entra en la boca mancha al hombre; sino lo que sale de la boca, eso mancha al hombre”.
“Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada. Dejadlos: son ciegos que guían a ciegos. Si un ciego guía a otro ciego, caerán los dos en el hoyo”.
“¿Todavía estáis vosotros también faltos de entendimiento? ¿No sabéis que todo lo que entra en la boca, pasa al vientre y se echa en lugar aparte? Pero lo que sale de la boca, viene del corazón, y eso mancha al hombre. Porque del corazón salen pensamientos malos, homicidios, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias. He aquí lo que mancha al hombre; mas el comer sin lavarse las manos, no mancha al hombre”.
"Deja ahora; porque así conviene que nosotros cumplamos toda justicia”
"Está escrito: “No de pan sólo vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. "También está escrito: “No tentarás al Señor tu Dios”
“Vete, Satanás, porque está escrito: “Adorarás al Señor tu Dios, y a Él sólo servirás”.
Arrepentíos porque el reino de los cielos está cerca”.
“Venid en pos de Mí y os haré pescadores de hombres”.
“Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque a ellos pertenece el reino de los cielos. Bienaventurados los afligidos, porque serán consolados. Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra. Bienaventurados los que tienenhambre y sed de la justicia, porque serán hartados. Bienaventurados los que tienen misericordia, porque para elloshabrá misericordia. Bienaventurados los de corazón puro, porque verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque a ellos pertenece el reino de los cielos. Dichosos seréis cuando os insultaren, cuando os persiguieren, cuando dijeren mintiendo todo mal contra vosotros, por causa mía. Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos, pues así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros”.
“Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal pierde su sabor, ¿con qué será salada? Para nada
vale ya, sino para que, tirada fuera, la pisen los hombres.
"Vosotros sois la luz del mundo. No puede esconderse una ciudad situada sobre una montaña. Y no se enciende una candela para ponerla debajo del celemín, sino sobre el candelero, y (así) alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz ante los hombres, de modo tal que, viendo vuestras obras buenas, glorifiquen a vuestro Padre del cielo”.
“No vayáis a pensar que he venido a abolir la Ley y los Profetas. Yo no he venido para abolir, sino para dar cumplimiento. En verdad os digo, hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota, ni un ápice de la Ley pasará, sin que todo se haya cumplido. Por lo tanto, quien violare uno de estos mandamientos, (aun) los mínimos, y enseñare así a los hombres, será llamado el mínimo en el reino de los cielos; mas quien los observare y los enseñare, este será llamado grande en el reino de los cielos. Os digo, pues, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”.
“Oísteis que fue dicho a los antepasados: «No matarás»; el que matare será reo de condenación”. Mas Yo os digo: “Todo aquel que se encoleriza contra su hermano, merece la condenación; quien dice a su hermano «racá» merece el sanhedrín; quien le dice «necio» merece la gehenna del fuego. Si, pues, estás presentando tu ofrenda sobre el altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene
algo que reprocharte, deja allí tu ofrenda delante del altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Ponte en paz, sin tardar, con tu adversario mientras vas con el por el camino, no sea que él te entregue al juez y el juez al alguacil; y te pongan en la cárcel. En verdad te digo, que no saldrás de allí sin que hayas pagado hasta el último centavo”.
“Oísteis que fue dicho: «No cometerás adulterio». Mas Yo os digo: “Quienquiera mire a una mujer codiciándola, ya cometió con ella adulterio en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te hace tropezar, arráncatelo y arrójalo lejos de ti; más te vale que se pierda uno de tus miembros y no que sea echado todo tu cuerpo en la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de tropiezo, córtala y arrójala lejos de ti; más te vale que se pierda uno de tus miembros y no que sea echado todo tu cuerpo en la gehenna”.
“También ha sido dicho: «Si alguno repudia a su mujer, que le dé un acta de repudio». Mas Yo os digo: “Quienquiera repudie a su mujer, si no es por causa de fornicación, se hace causa de que se cometa adulterio con ella; y el que toma a una mujer repudiada comete adulterio”
“Oísteis también que fue dicho a los antepasados: «No perjurarás, sino que cumplirás al Señor lo que has jurado». Mas Yo os digo que no juréis de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni jures tampoco por tu cabeza, porque eres incapaz de hacer blanco o negro uno solo de tus cabellos. Diréis (solamente): Sí, sí; No, no. Todo lo que excede a esto, viene del Maligno”.
“Oísteis que fue dicho: «Ojo por ojo y diente por diente». Mas Yo os digo: no resistir al que es malo; antes bien, si alguien te abofeteare en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Y si
alguno te quiere citar ante el juez para quitarte la túnica, abandónale también tu manto. Y si alguno te quiere llevar por fuerza una milla, ve con él dos. Da a quien te pide, y no vuelvas
la espalda a quien quiera tomar prestado de ti”.
“Oísteis que fue dicho: «Amarás a tu prójimo, y odiarás a tu enemigo». Mas Yo os digo: “Amad a vuestros enemigos, y rogad por los que os persiguen, a fin de que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace levantar su sol sobre malos y buenos, y descender su lluvia sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿Los mismos publicanos no hacen otro tanto? Y si no saludáis mas que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis vosotros de particular? ¿No hacen otro tanto los
gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”.
“Cuidad de no practicar vuestra justicia a la vista de los hombres con el objeto de ser mirados por ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Cuando, pues, haces limosna, no toques la bocina delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser glorificados por los hombres; en verdad os digo, ya tienen su paga. Tú, al contrario, cuando haces limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha, para que tu limosna quede
oculta, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará”.
Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan orar de pie en las sinagogas y en las esquinas
de las calles, para ser vistos de los hombres; en verdad os digo, ya tienen su paga. Tú, al contrario, cuando quieras orar entra en tu aposento, corre el cerrojo de la puerta, y ora a tu Padre que está en
lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagara. Y cuando oráis, no abundéis en palabras, como los paganos, que se figuran que por mucho hablar serán oídos. Por lo tanto, no los imitéis, porque vuestro Padre sabe qué cosas necesitáis, antes de que vosotros le pidáis. Así, pues, oraréis vosotros: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre; venga tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan supersubstancial y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos introduzcas en tentación, antes bien líbranos del Maligno. Si, pues, vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial os perdonará también; pero si vosotros no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará
vuestros pecados”.
“Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que fingen un rostro escuálido para que las gentes noten que ellos ayunan; en verdad, os digo, ya tienen su paga. Mas tú, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, a fin de que tu ayuno sea visto, no de las gentes, sino de tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará”.
“No os amontonéis tesoros en la tierra, donde polilla y herrumbre (los) destruyen, y donde los
ladrones horadan los muros y roban. Amontonaos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni herrumbre destruyen, y donde ladrones no horadan ni roban. Porque allí donde está tu tesoro, allí también
estará tu corazón”.
“La lámpara del cuerpo es el ojo: Si tu ojo está sencillo, todo tu cuerpo gozará de la luz66; pero si tu ojo está inservible, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Luego, si la luz que hay en ti es tiniebla,
¿las tinieblas mismas, cuán grandes serán?”.
“Nadie puede servir a dos señores; porque odiará al uno y amará al otro; o se adherirá al uno y despreciará al otro. Vosotros no podéis servir a Dios y a Mammón”.
"Por esto os digo: no os preocupéis por vuestra vida: qué comeréis o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, con qué lo vestiréis68. ¿No vale más la vida que el alimento? ¿y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran ni siegan, ni juntan en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros puede, por mucho que se
afane, añadir un codo a su estatura? y por el vestido, ¿por qué preocuparos? Aprended de los lirios del campo: cómo crecen; no trabajan, ni hilan, mas Yo os digo, que ni Salomón, en toda su magnificencia, se vistió como uno de ellos. Si, pues, la hierba del campo, que hoy aparece y mañana es echada al horno, Dios así la engalana ¿no (hará Él) mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os preocupéis, por consiguiente, diciendo: “¿Que tendremos para comer? ¿Qué tendremos para beber? ¿Qué tendremos para vestirnos?” Porque todas estas cosas las codician los paganos. Vuestro Padre celestial ya sabe que tenéis necesidad de todo eso. Buscad, pues, primero el reino de Dios y su justicia, y todo eso se os
dará por añadidura. Nos os preocupéis, entonces, del mañana. El mañana se preocupará de sí mismo. A cada día le basta su propia pena".
“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque el juicio que vosotros hacéis, se aplicará a vosotros, y la medida que usáis, se usará para vosotros. ¿Por que ves la pajuela que esta en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que está en tu ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: “Déjame quitar la pajuela de tu ojo”, mientras hay una viga en el tuyo? Hipócrita, quita primero la viga de tu ojo, y entonces verás bien para sacar la pajuela del ojo de tu hermano”.
“No deis a los perros lo que es santo y no echéis vuestras perlas ante los puercos, no sea que las pisoteen con sus pies, y después, volviéndose, os despedacen”.
“Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; golpead y se os abrirá. Porque todo el que pide
obtiene; y el que busca encuentra; y al que golpea, se le abre. ¿O1 1hay acaso entre vosotros algún hombre que al hijo que le pide pan, le de una piedra; O si le pide un pescado, le dé una serpiente? 11
Si, pues, vosotros, que sois malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¡cuánto más vuestro Padre celestial dará cosas buenas a los que le pidan! Así que, todo cuanto queréis que los hombres os hagan, hacedlo también vosotros a ellos; ésta es la Ley y los Profetas".
“Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición y muchos son los que entran por él. Porque angosta es la puerta yestrecho el camino que lleva a la vida, y pocos son los que lo encuentran”.
"Guardaos de los falsos profetas, los cuales vienen a vosotros disfrazados de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces. Los conoceréis por sus frutos. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Asimismo todo árbol bueno da frutos sanos, y todo árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede llevar frutos malos, ni un árbol malo frutos buenos. Todo árbol que no produce buen fruto, es cortado y echado al fuego. De modo que por sus frutos los conoceréis”.
“No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial". Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos cantidad de prodigios?” Entonces les declararé: “Jamás os conocí. ¡Alejaos de Mí, obradores de iniquidad!”.
"Así pues, todo el que oye estas palabras mías y las pone en práctica, se asemejará a un varón sensato que ha edificado su casa sobre la roca: Las lluvias cayeron, los torrentes vinieron, los vientos soplaron y se arrojaron contra aquella casa, pero ella no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Y todo el que oye estas palabras mías y no las pone en práctica, se asemejará a un varón insensato que ha edificado su casa sobre la arena: Las lluvias cayeron, los torrentes vinieron, los vientos soplaron y se arrojaron contra aquella casa, y cayó, y su ruina fue grande”.
“Quiero, queda limpio”.
“Mira, no lo digas a nadie; sino ve a mostrarte al sacerdote y presenta la ofrenda prescrita por Moisés, para que les sirva de testimonio”.
“Yo iré y lo sanare”.
“En verdad, os digo, en ninguno de Israel he hallado tanta fe”.
Os digo pues: “Muchos llegarán del Oriente y del Occidente y se reclinarán a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos, mientras que los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allá será el llanto y el rechinar de dientes”.
“Anda; como creíste, se te cumpla”.
“Las zorras tienen sus guaridas, y las aves del cielo sus nidos, mas el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”.
“Sígueme, y deja a los muertos enterrar a sus muertos”.
“¿Por qué tenéis miedo, desconfiados?”.
“Andad”.
“Confía, hijo, te son perdonados los pecados".
“¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Te son perdonados
los pecados”, o decir: “Levántate y camina? ¡Y bien! para que sepáis que tiene poder el Hijo del hombre, sobre la tierra, de perdonar pecados“
“Levántate, cárgate la camilla y vete a tu casa”.
“Sígueme”.
“No son los sanos los que tienen necesidad de médico, sino los enfermos.
Id, pues, y aprended lo que significa: “Misericordia quiero y no
sacrificio”. "Porque no he venido a llamar justos, sino pecadores”.
“¿Pueden los hijos del esposo afligirse mientras el esposo está con ellos? Pero vendrán días en que el esposo 98 le será quitado, y entonces ayunarán. Nadie pone un remiendo de paño nuevo en
un vestido viejo, porque aquel pedazo entero tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni tampoco se echa vino nuevo en cueros viejos; de otra manera, los cueros revientan, y el vino se derrama, y
los cueros se pierden; sino que el vino nuevo se echa en cueros nuevos, y así ambos se conservan”.
“Confianza, hija, tu fe te ha sanado”
“¡Retiraos! La niña no ha muerto sino que duerme”.
“¿Creéis que puedo hacer eso?”
“Os sea hecho según vuestra fe”.
“¡Mirad que nadie lo sepa!”.
“La mies es grande, mas los obreros son pocos".
Rogad pues al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies”.
“No vayáis hacia los gentiles y no entréis en ninguna ciudad de samaritanos, sino id más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y de camino predicad diciendo: “El reino de los cielos se ha acercado”.
"Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad fuera demonios. Recibisteis gratuitamente, dad gratuitamente".
"No tengáis ni oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero es acreedor a su sustento. Llegados a una ciudad o aldea, informaos de quien en ella es digno, y quedaos allí hasta vuestra partida. Al entrar a una casa decidle el saludo (de paz). Si la casa es digna, venga vuestra paz a ella; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros. Y si alguno no quiere recibiros ni escuchar vuestras palabras, salid de aquella casa o de aquella ciudad y sacudid el polvo de vuestros pies. En verdad, os digo, que en el día del juicio (el destino) será más tolerable para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad”.
“Mirad que Yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes,
y sencillos como las palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los sanedrines y os azotarán en sus sinagogas, y por causa de Mí seréis llevados ante gobernadores y reyes, en testimonio para ellos y para las naciones. Mas cuando os entregaren, no os preocupéis de cómo o qué hablareis. Lo que habéis de decir os será dado en aquella misma hora. Porque no sois vosotros los que habláis, sino que el Espíritu de vuestro Padre es quien, habla en vosotros. Y entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; y se levantarán hijos contra padres y los harán morir. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que perseverare hasta el fin, ese será salvo. Cuando os persiguieren en una ciudad, huid a otra. En verdad, os digo, no acabaréis (de predicar en) las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del Hombre”.
“El discípulo no es mejor que su maestro, ni el siervo mejor que su amo. Basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo ser como su amo. Si al dueño de casa llamaron Beelzebul, ¿cuánto más a los de su casa? 26 No los temáis. Nada hay oculto que no deba ser descubierto, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que os digo en las tinieblas, repetidlo en pleno día; lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas. Y no temáis a los que matan el cuerpo, y que no pueden matar el alma; mas temed a aquel que puede perder alma y cuerpo en la gehenna.¿No se venden dos gorriones por un as? Ahora bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin disposición de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, todos los cabellos de vuestra cabeza están contados. No temáis, pues vosotros valéis más que muchos gorriones”.
“A todo aquel que me confiese delante de los hombres, Yo también lo confesaré delante de mi
Padre celestial; mas a quien me niegue delante de los hombres, Yo también lo negaré delante de mi Padre celestial. No creáis que he venido a traer la paz sobre la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. He venido, en efecto, a separar al hombre de su padre, a la hija de su madre, a la nuera de su suegra; y serán enemigos del hombre los de su propia casa. Quien ama a su padre o a su madre más que a Mí, no es digno de Mí; y quien ama a su hijo o a su hija más que a Mí, no es digno de Mí. Quien no toma su cruz y me sigue, no es digno de Mí. Quien halla su vida, la perderá; y quien pierde su vida por Mí, la hallará”.
"Quien a vosotros recibe, a Mí me recibe, y quien me recibe a Mí, recibe a Aquel que me envió. Quien recibe a un profeta a título de profeta, recibirá la recompensa de profeta; quien recibe a un justo a título de justo, recibirá la recompensa del justo. y quienquiera diere de beber tan sólo un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, a título de discípulo, en verdad os digo, no perderá su recompensa".
“Id y anunciad a Juan lo que oís y veis:Ciegos ven, cojos andan, leprosos son curados, sordos oyen, muertos resucitan, y pobres son evangelizados ¡y dichoso el que no se escandalizare de Mí!”
“¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Acaso una caña sacudida por el viento? Y si no, ¿qué fuisteis a ver? ¿Un hombre ataviado con vestidos lujosos? Pero los que llevan vestidos lujosos están en las casas de los reyes. Entonces ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: “He ahí que Yo envío a mi mensajero que te preceda, el cual preparará tu camino delante de ti”. En verdad, os digo, no se ha levantado entre los hijos de mujer, uno mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos padece fuerza , y los que usan la fuerza se apoderan de él. Todos los profetas, lo mismo que la Ley, han profetizado hasta Juan, y, si queréis creerlo, él mismo es Elías,
el que debía venir. ¡Quién tiene oídos oiga!”.
“¿Pero, con quien comparar la raza esta? Es semejante a muchachos que, sentados en las plazas, gritan a
sus camaradas: Os tocamos la flauta y no danzasteis, entonamos cantos fúnebres y no plañisteis. Porque; vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Está endemoniado”.Vino el Hijo del
Hombre, que come y bebe, y dicen: “Es un glotón y borracho, amigo de publicanos y de pecadores”. Mas la Sabiduría ha sido justificada por sus obras”
“¡Ay de ti Corazín! ¡Ay de ti Betsaida! porque si en Tiro y en Sidón se hubiesen hecho los prodigios que han sido hechos en vosotras, desde hace mucho tiempo se habrían arrepentido en saco y en ceniza. Por eso os digo, que el día del juicio será más soportable para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿acaso habrás de ser exaltada hasta el cielo? Hasta el abismo serás abatida. Porque si en Sodoma hubiesen sucedido las maravillas que han sido hechas en ti, aún estaría ella en pie el día de hoy. Por eso te digo que el día del juicio será más soportable para la tierra de Sodoma que para ti”.
“Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque encubres estas cosas a los sabios y a los prudentes, y las revelas a los pequeños. Así es, oh Padre, porque esto es lo que te agrada a Ti. A Mí me ha sido transmitido todo por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre conoce bien nadie sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelar (lo)".
"Venid a Mí todos los agobiados y los cargados, y Yo os haré descansar. Tomad sobre vosotros el yugo mío, y dejaos instruir por Mí, porque manso soy y humilde en el corazón; y encontrareis reposo para vuestras vidas. Porque mi yugo esexcelente; y mi carga es liviana”.
“¿No habéis leído, pues, lo que hizo David cuando tuvo hambre él y los que estaban con él, cómo entró en la casa de Dios y comió los panes de la proposición, que no era lícito comer ni a él, ni a sus
compañeros, sino solamente a los sacerdotes? ¿No habéis asimismo leído en la Ley, que el día de sábado, los sacerdotes, en el templo, violan el reposo sabático y lo hacen sin culpa? Ahora bien,
os digo, hay aquí (alguien) mayor que el Templo. Si hubieseis comprendido lo que significa: “Misericordia quiero, y no sacrificio”, no condenaríais a unos inocentes. Porque Señor del sábado es el
Hijo del hombre”. “¿Cuál será de entre vosotros el que teniendo una sola oveja, si ésta
cae en un foso, el día de sábado, no irá a tomarla y levantarla? Ahora bien, ¡cuánto más vale el hombre que una oveja! Por consiguiente, es lícito hacer bien el día de sábado” “¿Cuál será de entre vosotros el que teniendo una sola oveja, si ésta cae en un foso, el día de sábado, no irá a tomarla y levantarla?
Ahora bien, ¡cuánto más vale el hombre que una oveja! Por consiguiente, es lícito hacer bien el día de sábado”.
“Todo reino dividido contra sí mismo, está arruinado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no puede subsistir. Si Satanás arroja a Satanás, contra sí mismo está dividido: entonces, ¿cómo podrá subsistir su reino? Y si Yo, por mi parte, echo los demonios por Beelzebul, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por esto ellos serán vuestros jueces. Pero si por el Espíritu de Dios echo Yo los demonios, es evidente que ha llegado a vosotros el reino de Dios. ¿O si no, cómo puede alguien entrar en la casa del hombre fuerte y quitarle sus bienes, si primeramente no ata al fuerte? Solamente entonces saqueará su casa. Quien no está conmigo, está contra Mí, y quien no amontona conmigo, desparrama”.
“Por eso, os digo, todo pecado y toda blasfemia será perdonada a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada.Y si alguno habla contra el Hijo del hombre, esto le será perdonado; pero al que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado ni en este siglo ni en el venidero. O haced
(que sea) el árbol bueno y su fruto bueno, o haced (que sea) el árbol malo y su fruto malo, porque por el fruto se conoce el árbol".
" Raza de víboras, ¿cómo podríais decir cosas buenas, malos como sois? Porque la boca habla de la abundancia del corazón. El hombre bueno, de su tesoro de bondad saca el bien; el hombre malo, de su tesoro de malicia saca el mal. Os digo, que de toda palabra ociosa que se diga se deberá dar cuenta en el día del juicio. Según tus palabras serás declarado justo, según tus palabras serás condenado”.
“Una raza mala y adúltera requiere una señal: no le será dada otra que la del profeta Jonás. 40 Pues así como Jonás estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches.Los ninivitas se levantarán, en el día del juicio, con esta raza y la condenarán, porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás; ahora bien, hay aquí más que Jonás. La reina del Mediodía se levantará, en el juicio, con la generación ésta y la condenará, porque vino de las extremidades de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón; ahora bien, hay
aquí más que Salomón”.
"Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, recorre los lugares áridos, buscando reposo, pero
no lo halla. Entonces se dice: “Voy a volver a mi casa, de donde salí”. A su llegada, la encuentra desocupada, barrida y adornada. Entonces se va a tomar consigo otros siete espíritus aun más malos
que él; entran y se aposentan allí, y el estado último de ese hombre viene a ser peor que el primero. Así también acaecerá a esta raza perversa”.
“¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” “He aquí a mi madre y mis hermanos. Quienquiera que hace la voluntad de mi Padre celestial, éste es mi hermano, hermana o madre”.
“He ahí que el sembrador salió a sembrar. Y, al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino, y los pájaros vinieron y las comieron. Otras cayeron en lugares pedregosos, donde no tenían mucha tierra, y brotaron en seguida por no estar hondas en la tierra. Y cuando el sol se levantó, se abrasaron, y no teniendo raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos, y los abrojos, creciendo, las ahogaron.
Otras cayeron sobre tierra buena, y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. ¡Quien tiene oídos, oiga!”
“A vosotros es dado conocer los misterios del reino de los cielos, pero no a ellos. Porque a quien tiene, se le dará y tendrá abundancia; y al que no tiene, aún lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni comprenden. Para ellos se cumple esa profecía de Isaías: “Oiréis pero no comprenderéis, veréis y no conoceréis. Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, y sus oídos oyen mal, y cierran los ojos, de miedo que vean con sus ojos, y oigan con sus oídos, y comprendan con su corazón, y se conviertan, y Yo los sane”. Pero vosotros, ¡felices de vuestros ojos porque ven, vuestros oídos porque oyen! En verdad, os digo, muchos profetas y justos
desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; oír lo que vosotros oís y no lo oyeron”.
“Escuchad pues, vosotros la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la palabra del reino y no la comprende, que viene el maligno y arrebata lo que ha sido sembrado en su corazón:
este es el sembrado a lo largo del camino. El sembrado en pedregales, este es el hombre que, oyendo la palabra, en seguida la recibe con alegría; pero no teniendo raíz en sí mismo, es de corta duración, y cuando llega la tribulación o la persecución por causa de la palabra, al punto se escandaliza. El sembrado entre los abrojos, este es el hombre que oye la palabra, pero la preocupación de este
siglo y el engaño de las riquezas sofocan la palabra, y ella queda sin fruto. Pero el sembrado en tierra buena, este es el hombre que oye la palabra y la comprende: él sí que fructifica y produce ya ciento, ya sesenta, ya treinta”.
“El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró grano bueno en su campo. Pero, mientras la gente dormía, vino su enemigo, sobresembró cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando brotó, pues, la hierba y dio grano, apareció también la cizaña. Y fueron los siervos al dueño de casa y le dijeron:
“Señor ¿no sembraste grano bueno en tu campo? ¿Cómo, entonces, tiene cizaña?” Les respondió: “Algún enemigo ha hecho esto”. Le preguntaron: “¿Quieres que vayamos a recogerla?” Mas él
respondió: “No, no sea, que al recoger la cizaña, desarraiguéis también el trigo. Dejadlos crecer juntamente hasta la siega. Y al momento de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la
cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y al trigo juntadlo en mi granero.
“El reino de los cielos es semejante a un grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo. Es el más pequeño de todos los granos, pero cuando ha crecido es más grande que las legumbres, y viene a ser un árbol, de modo que los pájaros del cielo llegan a anidar en sus ramas”.
“El reino de los cielos es semejante a la levadura, que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó”. “El que siembra la buena semilla, es el Hijo del hombre. El campo es el mundo. La buena semilla, esos son los hijos del reino. La cizaña son los hijos del maligno. El
enemigo que la sembró es el diablo. La siega es la consumación del siglo. Los segadores son los ángeles. De la misma manera que se recoge la cizaña y se la echa al fuego, así será en la consumación del siglo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y recogerán de su reino todos los escándalos, y a los que cometen la iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de
dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. ¡Quien tiene oídos, oiga!".
“El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo; un hombre, habiéndolo descubierto, lo volvió a esconder, y en su gozo fue y vendió todo lo que tenía, y compró aquel campo.
También, el reino de los cielos es semejante a un mercader en busca de perlas finas. Habiendo encontrado una de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.
También, es semejante el reino de los cielos a una red que se echó en el mar y que recogió peces de toda clase. Una vez llena, la tiraron a la orilla, y sentándose juntaron los buenos en canastos, y tiraron los malos. Así será en la consumación del siglo. Saldrán los ángeles y separarán a los malos de en medio de los justos, y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes".
"¿Habéis entendido todo esto?".
“Así todo escriba que ha llegado a ser discípulo del reino de los cielos, es semejante al dueño de casa que saca de su tesoro lo nuevo y lo viejo”.
“Un profeta no está sin honor sino en su país y en su familia”.
“No necesitan irse; dadles vosotros de comer”.
“Traédmelos acá”.
“¡Animo! soy Yo. No temáis”.
“¡Ven!”.
“Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?”.
"Y vosotros ¿por qué traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?. Dios ha dicho:
“Honra a tu padre y a tu madre”, “El que maldice a su padre o a su madre sea condenado a muerte”. Vosotros, al contrario, decís: “Cualquiera que diga a su padre o a su madre: “Es ofrenda aquello con lo cual yo te podría haber socorrido, –no tendrá que honrar a su padre o a su madre”. Y vosotros habéis anulado la palabra de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, con razón Isaías profetizó de vosotros diciendo: “Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está lejos de Mí. En vano me rinden culto, pues que enseñan doctrinas que son mandamientos de hombres”.
“¡Oíd y entended!". "No lo que entra en la boca mancha al hombre; sino lo que sale de la boca, eso mancha al hombre”.
“Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada. Dejadlos: son ciegos que guían a ciegos. Si un ciego guía a otro ciego, caerán los dos en el hoyo”.
“¿Todavía estáis vosotros también faltos de entendimiento? ¿No sabéis que todo lo que entra en la boca,
pasa al vientre y se echa en lugar aparte? Pero lo que sale de la boca, viene del corazón, y eso mancha al hombre. Porque del corazón salen pensamientos malos, homicidios, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias. He aquí lo que mancha al hombre; mas el comer sin lavarse las manos, no mancha al hombre”.
“No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”.
“No está bien tomar el pan de los hijos para echarlo a los perros”
“Oh mujer, grande es tu fe; hágasete como quieres”.
“Me da lástima de estas gentes, porque hace
ya tres días que no se apartan de Mí, y ya no tienen qué comer. No
quiero despedirlas en ayunas, no sea que les falten las fuerzas en el
camino”.
“¿Cuántos panes tenéis?".
“Cuando ha llegado la tarde, decís: Buen tiempo, porque el cielo está rojo”, y a la mañana: “Hoy habrá tormenta, porque el cielo tiene un rojo sombrío”. Sabéis discernir el aspecto del cielo, pero no las señales de los tiempos. Una generación mala y adúltera requiere una señal: no le será dada otra que la del profeta Jonás”.
“Mirad y guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos”.
“Hombres de poca fe; ¿que andáis discurriendo dentro de vosotros mismos que no tenéis panes? ¿No
entendéis todavía, ni recordáis los cinco panes de los cinco mil, y cuántos canastos recogisteis? ¿Ni los siete panes de los cuatro mil, y cuántos canastos recogisteis? ¿Cómo no entendéis que no de los
panes os quería hablar al deciros: “Guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos?”.
“¿Quien dicen los hombres que es el Hijo del hombre?”. “Y según vosotros, ¿quien soy Yo?”
“Bienaventurado eres, Simón Bar-Yoná, porque carne y sangre no te lo reveló, sino mi Padre celestial. Y Yo, te digo que tú eres Pedro1, y sobre esta piedra edificare mi Iglesia, y las puertas del abismo no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del reino de los cielos: lo que atares sobre la tierra, estará atado en los cielos, lo que desatares sobre la tierra, estará desatado en los cielos”.
“¡Quítateme de delante, Satanás! ¡Un tropiezo eres para Mí, porque no sientes las cosas de Dios, sino las de los hombres!”.
“Si alguno quiere seguirme, renúnciese a sí mismo, y lleve su cruz y siga tras de Mí. Porque el que quisiere salvar su alma, la perderá; y quien pierda su alma por mi causa, la hallará. Porque ¿de que sirve al hombre, si gana el mundo entero, mas pierde su alma? ¿O que podrá dar el hombre a cambio de su alma? Porque el Hijo del hombre ha de venir, en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces dará a cada uno según sus obras. En verdad, os digo, algunos de los que están aquí no gustarán la muerte sin que hayan visto al Hijo del hombre viniendo en su Reino”.
“Levantaos; no tengáis miedo”.
“No habléis a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos”.
“Ciertamente, Elías vendrá y restaurará todo. Os declaro, empero, que Elías ya vino, pero no lo conocieron, sino que hicieron con él cuento quisieron. Y así el mismo Hijo del hombre tendrá que
padecer de parte de ellos”.
“Oh raza incrédula y perversa, ¿hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os habré de soportar? Traédmelo acá”. “Por vuestra falta de fe. Porque en verdad os digo: Que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diríais a esta montaña: “Pásate de aquí, allá”, y se pasaría, y no habría para
vosotros cosa imposible”.
“El Hijo del hombre va a ser entregado en manos delos hombres; y lo harán morir, y al tercer día resucitará”.
“Qué te parece, Simón: los reyes de la tierra ¿de quién cobran las tasas o tributo, de
sus hijos o de los extraños?”.
“Así, pues, libres son los hijos. Sin embargo, para que no los escandalicemos, ve al mar a echar el anzuelo, y el primer pez que suba, sácalo, y abriéndole la boca encontrarás un estatero. Tómalo y dáselo por Mí y por ti”.
“En verdad, os digo, si no volviereis a ser como los niños, no entraréis en el reino de los cielos. Quien se hiciere pequeño como este niñito, ese es el mayor en el reino de los cielos. Y quien recibe en mi nombre a un niño como este, a Mí me recibe”. “Pero quien encandalizare a uno solo de estos
pequeños que creen en Mí, más le valdría que se le suspendiese al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y que fuese sumergido en el abismo del mar. ¡Ay del mundo por los escándalos! Porqué forzoso es que vengan escándalos, pero ¡ay del hombre por quien el escándalo viene! Si tu mano o tu pie te hace tropezar, córtalo y arrójalo lejos de ti. Más te vale entrar en la vida manco o cojo, que ser, con tus dos manos o tus dos pies, echado en el fuego eterno. Y si tu ojo te hace tropezar, sácalo y
arrójalo lejos de ti. Más te vale entrar en la vida con un solo ojo, que ser, con tus dos ojos, arrojado en la gehenna del fuego. Guardaos de despreciar a uno solo de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente la faz de mi Padre celestial. Porque el Hijo del hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido".
"¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se llega a descarriar, ¿no dejara sobre las
montañas las noventa y nueve, para ir en busca de la que se descarrió? Y si llega a encontrarla, en verdad, os digo, tiene mas gozo por ella que por las otras noventa y nueve, que no se descarriaron. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeños”.
“Si tu hermano peca [contra ti] repréndelo entre ti y él solo; si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha toma todavía contigo un hombre o dos, para que por boca de dos testigos o tres conste toda palabra. Si a ellos no escucha, dilo a la Iglesia. Y si no escucha tampoco a la Iglesia, sea para ti como un pagano y como un publicano. En verdad, os digo, todo lo que atareis sobre la tierra, será atado en el cielo, y todo lo que desatareis sobre la tierra, será desatado en el cielo”.
“De nuevo, en verdad, os digo, si dos de entre vosotros
sobre la tierra se concertaren acerca de toda cosa que pidan, les
vendrá de mi Padre celestial. Porque allí donde dos o tres están
reunidos por causa mía, allí estoy Yo en medio de ellos".
“No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete".
"Por eso el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Y cuando comenzó a ajustarlas, le trajeron a uno que le era deudor de diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, mandó el Señor que lo vendiesen a él, a su mujer y a sus hijos y todo cuanto tenía y se pagase la deuda. Entonces arrojándose a sus pies el siervo, postrado, le decía: “Ten paciencia conmigo, y te pagaré todo” Movido a compasión el amo de este siervo, lo dejó ir y le perdonó la deuda. Al salir, este siervo encontró a uno de sus compañeros, que le debía cien denarios, y agarrandolo, lo sofocaba y decía: “Paga lo que debes”. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba y decía: “Ten paciencia conmigo y te pagare”. Mas él no quiso, y lo echó a la cárcel, hasta que pagase la deuda. Pero, al
ver sus compañeros lo ocurrido, se contristaron sobremanera y fueron y contaron al amo todo lo que había sucedido. Entonces lo llamó su señor y le dijo: “Mal siervo, yo te perdoné toda aquella
deuda como me suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, puesto que yo me compadecí de ti?” Y encolerizado su señor, lo entregó a los verdugos hasta que hubiese pagado toda su deuda. Esto hará con vosotros mi Padre celestial si no perdonáis de corazón cada uno a su hermano".
“¿No habéis leído que el Creador, desde el principio, “varón y mujer los hizo? “Por esto
dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”. “De modo que ya no son dos, sino una carne. ¡Pues bien! ¡Lo que Dios juntó, el hombre no lo separe!”
“A causa de la dureza de vuestros corazones, os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Mas Yo os digo, quien repudia a su mujer salvo el caso de adulterio, y se casa con otra, comete adulterio, y el que se casa con una repudiada, comete adulterio”. “No todos pueden comprender esta palabra, sino solamente aquellos a quienes es dado. Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos hechos por los hombres, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el reino de los cielos. El que pueda entender, entienda”.
“Dejad a los niños venir a Mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de los cielos”.
“¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el bueno. Mas, si quieres entrar en la vida,
observa los mandamientos”. “No matarás; no cometerás adulterio; no robarás; no darás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre, y: amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
“Si quieres ser perfecto, vete a vender lo que posees, y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; y ven, sígueme”.
“En verdad, os digo: Un rico difícilmente entrará en el reino de los cielos. Y vuelvo a deciros que más fácil es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios”.
“Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible”.
“En verdad, os digo, vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente sobre su trono glorioso, os sentaréis, vosotros también, sobre doce tronos, y juzgaréis a las doce tribus de Israel. Y todo el que dejare casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o mujer, o hijos, o campos por causa de mi nombre, recibirá el céntuplo y heredará la vida eterna. Y muchos primeros serán postreros, y (muchos) postreros, primeros”.
“Porque el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que salió muy de mañana a contratar obreros para su viña. Habiendo convenido con los obreros en un denario por día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercera, vio a otros que estaban de pie, en la plaza, sin hacer nada. Y les dijo: “Id vosotros también a mi viña, y os daré lo que sea justo”. Y ellos fueron. Saliendo otra vez a la sexta y a la novena hora, hizo lo mismo. Saliendo todavía a eso de la hora undécima, encontró otros que estaban allí, y les dijo: “¿Por qué estáis allí todo el día sin hacer nada?” Dijéronle: “Porque “nadie nos ha contratado”. Les dijo: “Id vosotros también a la viña”. Llegada la tarde, el dueño de la viña dijo a su mayordomo: “Llama a los obreros, y págales el jornal, comenzando por los últimos, hasta los primeros”. Vinieron, pues, los de la hora undécima, y recibieron cada uno un denario. Cuando llegaron los primeros, pensaron que recibirían más, pero ellos también recibieron cada uno un denario. Y al tomarlo, murmuraban contra el dueño de casa, y decían: “Estos últimos no han trabajado más que una hora, y los
tratas como a nosotros, que hemos soportado el peso del día y el calor”. Pero él respondió a uno de ellos: “Amigo, yo no te hago injuria. ¿No conviniste conmigo en un denario? Toma, pues, lo
que te toca, y vete. Mas yo quiero dar a este último tanto como a ti. ¿No me es permitido, con lo que es mío, hacer lo que me place? ¿O has de ser tú envidioso, porque yo soy bueno?” Así los últimos serán primeros, y los primeros, últimos”.
“He aquí que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y escribas, y lo condenarán a muerte. Y lo entregarán a los gentiles, para que lo escarnezcan, lo azoten y lo crucifiquen, pero al tercer día resucitará”.
“¿Qué deseas?”.
“No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz, que Yo he de beber?” “Mi cáliz, sí, lo beberéis; pero el sentaros a mi derecha o a mi izquierda, no es cosa mía el darlo, sino para quienes estuviere preparado por mi Padre”.
“Los jefes de los pueblos, como sabéis, les hacen sentir su dominación, y los grandes sus poder. No será así entre vosotros, sino al contrario: entre vosotros el que quiera ser grande se hará el servidor vuestro, y el que quiera ser el primero de vosotros ha de hacerse vuestro esclavo; así como el Hijo del hombre vino, no para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos”.
“¿Qué queréis que os haga?”.
“Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y encontraréis una asna atada y un pollino con ella: desatadlos y traédmelos. Y si alguno os dice algo, contestaréis que los necesita el Señor; y al punto los enviará”.
“Está escrito: “Mi casa será llamada casa de oración”, mas vosotros la hacéis “cueva de ladrones”.
“Sí, ¿nunca habéis leído aquello: “De la boca de los pequeñitos y de los lactantes, me prepararé alabanza?”.
“¡Nunca más nazca ya fruto de ti!”.
“En verdad, os digo, si tenéis fe, y no dudáis, no solamente haréis lo de la higuera, sino que si decís a esta montaña: “Quítate de ahí y échate al mar”, eso se hará231. Y todo lo que pidiereis con fe, en la oración, lo obtendréis”.
“Yo también quiero preguntaros una cosa; si vosotros me la decís, Yo os diré a mi vez con qué autoridad
hago esto: El bautismo de Juan ¿de dónde era? ¿Del cielo o de los hombres?”
“Ni Yo tampoco os digo con qué autoridad hago esto”.
¿Qué opináis vosotros? Un hombre tenía dos hijos; fue a buscar al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar a la viña”. Mas éste respondió y dijo: “Voy, Señor”, y no fue. Después fue a buscar al segundo, y le dijo lo mismo. Este contestó y dijo: “No quiero”, pero después se arrepintió y fue.
¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?” “En verdad, os digo, los publicanos y las rameras entrarán en el reino de Dios antes que vosotros. Porque vino Juan a vosotros, andando en camino de justicia, y
vosotros no le creísteis, mientras que los publicanos y las rameras le creyeron. Ahora bien, ni siquiera después de haber visto esto, os arrepentisteis, para creerle”.
“Escuchad otra parábola. “Había un dueño de casa, que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavo en ella un lagar y edificó una torre; después, la arrendó a unos viñadores, y se fue a otro país. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los viñadores para recibir los frutos suyos. Pero los viñadores agarraron a los siervos, apalearon a este, mataron a aquél, lapidaron a otro. Entonces envió otros siervos en mayor número que los primeros; y los trataron de la misma manera. Finalmente les envió su hijo,
diciendo: “Respetarán a mi hijo”. Pero los viñadores, viendo al hijo, se dijeron entre sí: “Este es el heredero. Venid, matémoslo, y nos quedaremos con su herencia”. Lo agarraron, lo sacaron fuera
de la viña y lo mataron. Cuando vuelva pues el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos viñadores?” Dijeron: “Hará perecer sin piedad a estos miserables, y arrendará la viña a otros viñadores, que le paguen los frutos a su tiempo”.
“¿No habéis leído nunca en las Escrituras: “La piedra que desecharon los que edificaban, esa ha venido a ser cabeza de esquina; el Señor es quien hizo esto, y es un prodigio a nuestros ojos?”. Por eso os digo:
El reino de Dios os será quitado, y dado a gente que rinda sus frutos. Y quien cayere sobre esta piedra, se hará pedazos; y a aquel sobre quien ella cayere, lo hará polvo”.
“El reino de los cielos es semejante a un rey que celebró las bodas de su hijo. Y envió a sus siervos a
llamar a los convidados a las bodas, mas ellos no quisieron venir. Entonces envió a otros siervos, a los cuales dijo: “Decid a los convidados: Tengo preparado mi banquete; mis toros y animales cebados han sido sacrificados ya, y todo está a punto: venid a las bodas”. Pero, sin hacerle caso, se fueron el uno a su granja, el otro a sus negocios. Y los restantes agarraron a los siervos, los ultrajaron y los mataron. El rey, encolerizado, envió sus soldados, hizo perecer a aquellos homicidas, y quemó su ciudad. Entonces
dijo a sus siervos: “Las bodas están preparadas, mas los convidados no eran dignos. Id, pues, a las encrucijadas de los caminos, y a todos cuantos halléis, invitadlos a las bodas”. Salieron aquellos
siervos a los caminos, y reunieron a todos cuantos hallaron, malos y buenos, y la sala de las bodas quedó llena de convidados. Mas cuando el rey entró para ver a los comensales, notó a un hombre
que no estaba vestido con el traje de boda. Díjole: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin tener el traje de boda?” Y él enmudeció. Entonces el rey dijo a los siervos: “Atadlo de pies y manos, y arrojadlo a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos”.
“Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Mostradme la moneda del tributo”. “Dad, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.
“Erráis, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios. Pues en la resurrección, ni se casan (los hombres), ni se dan (las mujeres) en matrimonio, sino que son como ángeles de Dios en el cielo. Y
en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os ha dicho Dios: “Yo soy el Dios de Abrahán, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob”? Dios no es Dios de muertos, sino de vivientes".
“Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, con toda tu alma, y con todo tu espíritu2. Este es el mayor y primer mandamiento. El segundo le es semejante: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. De estos dos mandamientos pende toda la Ley y los Profetas”.“¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo?” Dijéronle “de David”. Replicó Él “¡Cómo, entonces, David (inspirado), por el Espíritu, lo llama “Señor”, cuando dice: “El Señor dijo a mi Señor: Sientate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos bajo tus pies”.Si David lo llama “Señor” ¿cómo es su hijo?".
“Los escribas y los fariseos se han sentado en la cátedra de Moisés. Todo lo que ellos os mandaren, hacedlo, y guardadlo; pero no hagáis como ellos, porque dicen, y no hacen.
Atan cargas pesadas e insoportables y las ponen sobre las espaldas de las gentes, pero ellos mismos ni con el dedo quieren moverlas. Hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres; se hacen más
anchas las filacterias y más grandes las franjas (de sus mantos); quieren tener los primeros puestos en los banquetes y en las sinagogas, ser saludados en las plazas públicas, y que los hombres los llamen: “Rabí”. Vosotros, empero, no os hagáis llamar “Rabí”, porque uno solo es para vosotros el Maestro; vosotros sois todos hermanos. Y tampoco llaméis padre a ninguno de vosotros sobre la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni os llaméis director, porque uno solo es vuestro director: Cristo. El mayor entre vosotros sea servidor de todos. Quien se elevare, será abajado; y quien se abajare, será elevado.
“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque cerráis con llave ante los hombres el reino de los cielos; vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando, no los dejáis entrar. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque devoráis las casas de las viudas, y pretextáis hacer largas oraciones. Por eso recibiréis condenación más rigurosa.
"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis doblemente mas hijo de la gehenna que vosotros. ¡Ay de vosotros, conductores ciegos!, que decís: “Quien jura por el Templo, nada es; mas quien jura por el oro del Templo, queda obligado”.
"¡Insensatos y ciegos! ¿que es más, el oro, o el Templo que santifica el oro? Y: “Quien jura por el altar, nada importa; mas quien jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado”. ¡Ciegos! ¿qué es más, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda? Quien, pues, jura por el altar, jura por el altar y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el Templo, jura por él y por Aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en el”.
“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, que pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto hay que practicar, sin omitir aquello, conductores ciegos, que coláis el mosquito, y os tragáis el camello. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque purificáis lo exterior de la copa y del plato, mas el interior queda lleno de rapiña y de iniquidad".
"¡Fariseo ciego! comienza por limpiar el interior de la copa y del plato, para que también su exterior se purifique”.
“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera tienen bella apariencia, pero por dentro están llenos de osamentas de muertos y de toda inmundicia. Lo mismo vosotros, por fuera parecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad”.
“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque reedificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos; y decís: “Si nosotros hubiésemos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos participado con ellos en el asesinato de los profetas”. Con esto, confesáis que sois hijos de los que mataron a los profetas. ¡Colmad, pues, vosotros la medida de vuestros padres!”.
“¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo podréis escapar a la condenación de la gehenna? Por eso, he aquí que Yo os envío profetas, sabios y escribas: a unos mataréis y crucificaréis, a otros azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad, para que recaiga sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el santuario y el altar. En verdad, os digo, todas estas cosas recaerán
sobre la generación esta”.
“¡Jerusalén! ¡Jerusalén! tú que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados, ¡cuántas veces
quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos debajo de sus alas, y vosotros no habéis querido! He aquí que vuestra casa os queda desierta. Por eso os digo, ya no me volveréis a ver, hasta que digáis: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”.
“¿Veis todo esto? En verdad, os digo, no quedara aquí piedra sobre piedra que no sea derribada”.
“Cuidaos que nadie os engañe. Porque muchos vendrán bajo mi nombre, diciendo: “Yo soy el Cristo”, y a muchos engañarán. Oiréis también hablar de guerras y rumores de guerras. ¡Mirad que no os turbéis! Esto, en efecto, debe suceder, pero no es todavía el fin. Porque se levantará pueblo contra pueblo, reino contra reino, y habrá en diversos lugares hambres y pestes y terremotos. Todo esto es el comienzo de los dolores”.
“Después os entregarán a la tribulación y os matarán y seréis odiados de todos los pueblos por causa de mi nombre. Entonces se escandalizarán muchos, y mutuamente se traicionarán y se odiarán. Surgirán numerosos falsos profetas, que arrastrarán a muchos al error; y por efecto de los excesos de la iniquidad, la caridad de los más se enfriará. Mas el que perseverare hasta el fin, ese será salvo. Y esta Buena Nueva del Reino será proclamada en el mundo entero, en testimonio a todos los pueblos. Entonces vendrá el fin. Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación, predicha por el profeta Daniel, instalada en el lugar santo –el que lee, entiéndalo–, entonces los que estén en Judea, huyan a las montañas; quien se encuentre en la terraza, no baje a recoger las cosas de la casa; quien se encuentre en el campo, no vuelva atrás para tomar su manto. ¡Ay de las que estén encintas y de las que críen en aquel tiempo! Rogad, pues, para que vuestra huida no acontezca en invierno ni en día de sábado. Porque habrá, entonces, grande tribulación, cual no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá más. Y si aquellos días no fueran acortados, nadie se salvaría; mas por razón de los elegidos serán acortados esos días. Si entonces os dicen: “Ved, el Cristo está aquí o allá”, no lo creáis. Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas, y harán cosas estupendas y prodigios, hasta el punto de desviar, si fuera posible, aún a los elegidos. ¡Mirad que os lo he predicho! Por tanto, si os dicen,: “Está en el desierto”, no salgáis; “está en las bodegas”, no lo creáis. Porque, así como el relámpago sale del Oriente y brilla hasta el Poniente, así será la Parusía del Hijo del Hombre. Allí donde esté el cuerpo, allí se juntarán las águilas”. Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días el sol se oscurecerá, y la luna no dará más su fulgor, los astros caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre, y entonces se lamentarán todas las tribus de la tierra,
y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con Poder y gloria grande. Y enviará sus ángeles con trompeta de sonido grande, y juntarán a los elegidos de Él de los cuatro vientos, de una extremidad del cielo hasta la otra”.
"De la higuera aprended esta semejanza: cuando ya sus ramas se ponen tiernas, y sus hojas brotan, conocéis que está cerca el verano. Así también vosotros cuando veáis todo esto, sabed que está cerca, a las puertas. En verdad, os digo, que no pasará la generación esta hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero las palabras mías no pasarán ciertamente”.
“Mas en cuanto al día aquel y a la hora, nadie sabe, ni los ángeles del cielo, sino el Padre solo. Y como sucedió en tiempo de Noé, así será la Parusía del Hijo del Hombre. Porque así como en el tiempo que precedió al diluvio, comían, bebían, tomaban en matrimonio y daban en matrimonio, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no conocieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la Parusía del Hijo del Hombre.
Entonces, estarán dos en el campo, el uno será tomado, y el otro dejado; dos estarán moliendo en el molino, la una será tomada y la otra dejada”.
¡VELAD! “Velad, pues, porque no sabéis en qué día vendrá vuestro Señor. Comprended bien esto, porque si supiera el amo de casa a qué hora de la noche el ladrón había de venir, velaría ciertamente y no dejaría horadar su casa. Por eso, también vosotros estad prontos, porque a la hora que no pensáis, vendrá el Hijo del Hombre. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien puso el Señor sobre su servidumbre para darles el alimento a su tiempo?¡Feliz el servidor aquel, a quien su señor al venir hallare obrando así! En verdad, os digo, lo pondrá sobre toda su hacienda. Pero si aquel siervo malo dice en su corazón: “Se me retrasa el señor”, y se pone a golpear a sus consiervos y a comer y a beber con los borrachos; volverá el señor de aquel siervo en día que no espera, y en hora que no sabe, y lo separará y le asignará su suerte con los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes”.
“En aquel entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes, que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo. Cinco de entre ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, al tomar sus lámparas, no tomaron aceite consigo, mientras que las prudentes tomaron aceite en sus frascos, además de sus lámparas. Como el esposo tardaba, todas sintieron sueño y se durmieran. Mas a medianoche se oyó un grito: “¡He aquí al esposo! ¡Salid a su encuentro!” Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Mas las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan”. Replicaron las prudentes y dijeron:
“No sea que no alcance para nosotras y para vosotras; id más bien a los vendedores y comprad para vosotras”. Mientras ellas iban a comprar, llegó el esposo; y las que estaban prontas, entraron con él
a las bodas, y se cerró la puerta. Después llegaron las otras vírgenes y dijeron: “¡Señor, señor, ábrenos!” Pero él respondió y dijo: “En verdad, os digo, no os conozco”. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora”.
“Es como un hombre, que al hacer un viaje a otro país, llamó a sus siervos, y les encomendó sus haberes. A uno dio cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego partió. En seguida, el que había recibido cinco talentos se fue a negociar con ellos, y ganó otros cinco. Igualmente el de los dos, ganó otros dos. Mas el que había recibido uno, se fue a hacer un hoyo en la tierra, y escondió allí el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo, volvió el señor de aquellos siervos, y ajustó cuentas con ellos.
Presentándose el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco, y dijo: “Señor, cinco talentos me entregaste; mira, otros cinco gane”. Díjole su señor: “¡Bien! siervo bueno y fiel; en lo poco has sido fiel, te pondré al frente de lo mucho; entra en el gozo de tu señor”. A su turno, el de los dos talentos, se presentó y dijo: “Señor, dos talentos me entregaste; mira, otros dos gané”. Díjole su señor: “¡Bien! siervo bueno y fiel; en lo poco has sido fiel, te pondré al frente de lo mucho; entra en el gozo de tu señor”. Mas llegándose el que había recibido un talento, dijo: “Tengo conocido que eres un hombre duro, que quieres cosechar allí donde no sembraste, y recoger allí donde nada echaste. Por lo cual, en mi
temor, me fuí a esconder tu talento en tierra. Helo aquí; tienes lo que es tuyo”. Mas el señor le respondió y dijo: “Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho allí donde no sembré y recojo allí donde nada eché. Debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y a mi regreso yo lo habría recobrado con sus réditos.
Quitadle, por tanto, el talento, y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo aquel que tiene, se le dará, y tendrá sobreabundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene le sera quitado. Y a ese siervo inútil, echadlo a las tinieblas de afuera.
Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.
“Cuando el Hijo de Hombre vuelva en su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará sobre su
trono de gloria, y todas las naciones serán congregadas delante de Él, y separará a los hombres, unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los machos cabríos. Y colocará las ovejas a su derecha, y los machos cabríos a su izquierda. Entonces el rey dirá a los de su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.
Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; estaba enfermo, y me visitasteis; estaba preso, y vinisteis a
verme”. Entonces los justos le responderán, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer, o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forasteros, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?” Y respondiendo el rey les dirá: “En verdad, os digo: en cuanto lo hicisteis a uno solo, el más pequeño de estos mis hermanos, a Mí lo hicisteis”. Entonces dirá también a los de su izquierda: “Alejaos de Mí, malditos, al fuego eterno; preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis; enfermo y en la
cárcel y no me visitasteis”. Entonces responderán ellos también: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?” Y Él les responderá:
“En verdad, os digo: en cuanto habéis dejado de hacerlo a uno de éstos, los más pequeños, tampoco a Mí lo hicisteis”. Y éstos irán al suplicio eterno, mas los justos a la eterna vida”.
“La Pascua, como sabéis, será dentro de dos días, y el Hijo del hombre va a ser entregado para que lo crucifiquen”.
¿Por qué molestáis a esta mujer? Ha hecho una buena obra conmigo. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a Mí no me tenéis siempre. Al derramar este ungüento sobre mi cuerpo;: lo hizo para mi sepultura. En verdad, os digo, en el mundo entero, dondequiera que fuere predicado este Evangelio, se contará también, en su memoria, lo que acaba de hacer”.
"A la ciudad, a cierto hombre, y decidle: “El Maestro te dice: Mi tiempo está cerca, en tu casa quiero celebrar la Pascua con mis discípulos”.
“En verdad, os digo, uno de vosotros me entregará”.
“El que conmigo pone la mano en el plato, ése me entregará. El Hijo del hombre se va, como esta escrito de Él, pero ¡ay de aquel hombre, por quien el Hijo del hombre es entregado! Más le valdría a ese
hombre no haber nacido”.
"Tú lo has dicho”.
“Tomad, comed, este es el cuerpo mío”. “Bebed de él todos, porque esta es la sangre mía de la Alianza, la cual por muchos se derrama para remisión de pecados. Os digo: desde ahora no beberé de este fruto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el reino de mi Padre”.
“Todos vosotros os vais a escandalizar de Mí esta noche, porque está escrito: ‘Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño’. Mas después que Yo haya resucitado, os precederé en Galilea”.
“En verdad, te digo que esta noche, antes que el gallo cante, tres veces me negarás”.
“Sentaos aquí, mientras voy allí y hago oración”.
“Mi alma está triste, mortalmente; quedaos aquí y velad conmigo”.
“Padre mío, si es posible, pase este cáliz lejos de Mí; mas no como Yo quiero, sino como Tú”.
“¿No habéis podido, pues, una hora velar conmigo? Velad y orad, para que no entréis en tentación. El espíritu, dispuesto (está), mas la carne, es débil”.
“Padre mío, si no puede esto pasar sin que Yo lo beba, hágase la voluntad tuya”.
“¿Dormís ahora y descansáis?” He aquí que llegó la hora y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. ¡Levantaos! ¡Vamos! Mirad que ha llegado el que me entrega”.
“Amigo, ¡a lo que vienes!”
“Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que empuñan la espada, perecerán a espada. ¿O piensas que no puedo rogar a mi Padre, y me dará al punto más de doce legiones de ángeles? ¿Mas, cómo
entonces se cumplirían las Escrituras de que así debe suceder?”.
“Como contra un ladrón habéis salido, armados de espadas y palos, para prenderme. Cada día me
sentaba en el Templo para enseñar, ¡y no me prendisteis! Pero
todo esto ha sucedido para que se cumpla lo que escribieron los
profetas”.
"Tú lo has dicho. Y Yo os digo: desde este momento veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo sobre las nubes del cielo”.
"Tú lo dices”.
“¡Elí, Elí, ¿lama sabactani?”
“¡Salud!”
“No temáis. Id, avisad a los hermanos míos que vayan a Galilea; allí me verán”.
“Todo poder me ha sido dado en el cielo y sobre la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos bautizandolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a conservar todo cuanto os he mandado. Y mirad que Yo con vosotros estoy todos los días, hasta la consumación del siglo".
San Marcos
“Venid, seguidme, y Yo os haré pescadores de hombres”.
“¡Cállate y sal de él!”.
“Vamos a otra parte, a las aldeas vecinas, para que predique allí también. Porque a eso
salí”.
“Quiero, sé sano”.
“¡Mira! No digas nada a nadie; mas anda a mostrarte al sacerdote, y presenta, por tu curación, la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio”
“Hijo mío, tus pecados te son perdonados”.
“¿Por qué discurrís así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o decirle: “Levántate, toma tu camilla y anda?” ¡Pues bien! para que sepáis que el Hijo del hombre tiene el poder de remitir los pecados, sobre la tierra " “te lo digo, levántate, toma tu camilla y vuélvete a tu casa”.
“Sígueme”.
“No necesitan de médico los sanos, sino los que están enfermos. No vine a llamar a justos, sino a pecadores”.
“¿Pueden acaso ayunar los compañeros del esposo mientras el esposo está con ellos? En tanto que el esposo está con ellos no pueden ayunar.
Pero tiempo vendrá en que el esposo les será quitado, y entonces en aquel tiempo, ayunarán. Nadie zurce temiendo de paño nuevo en vestido viejo; pues de lo contrario, el remiendo tira de él: lo
nuevo de lo viejo, y la rotura, se hace peor. Nadie tampoco echa vino nuevo en cueros viejos, pues de lo contrario, el vino hará reventar los cueros, y se pierde el vino lo mismo que los cueros; sino que se ha de poner el vino nuevo en cueros nuevos”.
“¿Nunca leísteis lo que hizo David cuando tuvo necesidad y sintió hambre, él y sus compañeros, cómo entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar y comió de los panes de la proposición, los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes y dio también a sus compañeros?”. Y les dijo: “El sábado se hizo por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado; de manera que el Hijo del hombre es dueño también del sábado”.
“Ponte de pie en medio”.
“¿Es lícito, en día de sábado,
hacer bien o hacer mal, salvar una vida o matar?”
“Alarga la mano”.
“Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Y si dentro de un reino hay divisiones, ese reino no puede sostenerse. Y si hay divisiones dentro de una casa, esa casa no podrá subsistir.
Si, pues, Satanás se levanta contra sí mismo y se divide, no puede subsistir, y llegó su fin. Porque nadie puede entrar en la casa del hombre fuerte y quitarle sus bienes, si primero no ata al fuerte; y sólo entonces sí saqueará su casa. En verdad, os digo, todos los pecados serán perdonados a los hombres, y cuantas blasfemias dijeren; pero quien blasfemare contra el Espíritu Santo, no tendrá jamás perdón y es reo de eterno pecado”.
“¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” “He aquí mi madre y mis hermanos. Porque quien hiciere la voluntad de Dios, ése es mi hermano, hermana y madre”.
“¡Escuchad! He aquí que el sembrador salió a sembrar. Y sucedió que al sembrar una semilla cayó a lo largo del camino, y los pájaros vinieron y la comieron. Otra cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotó en seguida, por falta de profundidad de la tierra. Mas al subir el sol, se abrasó, y no teniendo raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos, y los abrojos crecieron y la ahogaron, y no dió fruto. Y otra cayó en buena tierra; brotando y creciendo dió fruto, y produjo treinta, sesenta y ciento por uno”. Y agregó: “¡Quien tiene oídos para oír, oiga!".
“A vosotros es dado el misterio del reino de Dios; en cuanto a los de afuera, todo les llega en parábolas, para que mirando no vean, oyendo no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone”
“¿No comprendéis esta parábola? Entonces, ¿cómo entenderéis todas las parábolas? El sembrador es el que siembra la palabra. Los de junto al camino son aquellos en quienes es sembrada la palabra; mas apenas la han oído, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. De semejante manera, los
sembrados en pedregal son aquellos que al oír la palabra, al momento la reciben con gozo, pero no tienen raíz en sí mismos, y son tornadizos. Apenas sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la palabra, se escandalizan en seguida.
Otros son los sembrados entre abrojos; estos son los que escuchan la palabra, pero los afanes del mundo, el engaño de las riquezas y las demás concupiscencias invaden y ahogan la palabra, la cual queda infructuosa. Aquellos, en fin, que han sido sembrados en buena tierra, son: quienes escuchan la palabra, la reciben y llevan fruto, treinta, sesenta y ciento por uno”.
“Acaso se trae la luz para ponerla debajo del celemín o debajo de la cama? ¿No es acaso para ponerla en el candelero? Nada hay oculto que no haya de manifestarse, ni ha sido escondido sino para que sea sacado a luz. Si alguien tiene oídos para oír, ¡oiga!”.
“Prestad atención a lo que oís: con la medida con que medís, se medirá para vosotros; y más todavía os será dado a vosotros los que oís; porque a quien tiene se le dará, y a quien no tiene, aun lo que tiene le será quitado”.
“Sucede con el reino de Dios lo que sucede cuando un hombre arroja la simiente en tierra. Ya sea que duerma o esté despierto, de noche, y de días la simiente germina y crece, y él no sabe como. Por sí misma la tierra produce primero el tallo, después la espiga, y luego el grano lleno en la espiga. Y cuando el fruto está maduro, echa pronto la hoz, porque la mies está a punto”.
“¿Qué comparación haremos del reino de Dios, y en qué parábola lo pondremos?.Es como el grano de mostaza, el cual, cuando es sembrado en tierra, es la menor de todas las semillas de la tierra. Con todo, una vez sembrado, sube y se hace mayor que todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de modo que los pájaros del cielo pueden anidar bajo su sombra”.
“Pasemos a la otra orilla”.
“¡Calla; sosiégate!".
“¿Por qué sois tan miedosos? ¿Cómo es que no tenéis fe?".
"Sal de este hombre inmundo espíritu” “¿Cual es tu nombre?”.
“Vuelve a tu casa, junto a los tuyos, y cuéntales todo lo que el
Señor te ha hecho y cómo tuvo misericordia de ti”.
“¿Quién ha tocado mis vestidos?”.
“¡Hija! tu fe te ha salvado. Vete hacia la paz y queda libre de tu
mal”.
“No temas, únicamente cree”.
“¿Por qué este tumulto y estas lamentaciones? La niña no ha muerto, sino que duerme”.
“¡Talitha kum!”Yo te lo mando, levántate!”.
“No hay profeta sin honor sino en su tierra, entre sus parientes y en su casa”.
“Dondequiera que entréis en una casa, quedaos allí hasta el momento de salir del lugar. Y si en algún
lugar no quieren recibiros y no se os escucha, salid de allí y sacudid el polvo de la planta de vuestros pies para testimonio a ellos”.
“Venid vosotros aparte, a un lugar desierto, para que descanseis un poco”.
“Dadles de comer vosotros”.
“¿Cuántos panes tenéis? Id a ver”.
“¡Animo! soy Yo. No tengáis miedo”.
“Con razón Isaías profetizó sobre vosotros, hipócritas, como esta escrito: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de Mí. Me rinden un culto vano, enseñando doctrinas (que son) mandamientos de hombres’ Vosotros quebrantáis los mandamientos de Dios, al paso que observáis la tradición de los hombres; lavados de jarros y copas y otras muchas cosas semejantes a éstas hacéis”.
“Lindamente habéis anulado el mandamiento de Dios, para observar la tradición vuestra. Porque Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre” “Quien maldice a su padre o a su madre, sea muerto”. Y vosotros decís: “Si uno dice a su padre o a su madre: «Es Korbán, es decir, ofrenda, esto con lo cual yo te podría
socorrer», ya no lo dejáis hacer nada por su padre o por su madre, anulando así la palabra de Dios por la tradición que transmitisteis. Y hacéis cantidad de cosas semejantes”.
“Escuchadme todos con inteligencia: No hay cosa fuera del hombre que, entrando en él, lo pueda manchar; mas lo que sale del hombre, eso es lo que mancha al hombre. Si alguno tiene oídos para oír, oiga”.
“¿A tal punto vosotros también estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre, no lo puede manchar? Porque eso no va al corazón, sino al vientre y sale a un lugar oculto, limpiando así todos los alimentos”.
“Lo que procede del hombre, eso es lo que mancha al hombre. Porque es de adentro, del corazón de los hombres, de donde salen los malos pensamientos, fornicaciones, hurtos, homicidios, adulterios,
codicias, perversiones, dolo, deshonestidad, envidia, blasfemia, soberbia, insensatez. Todas estas cosas malas proceden de dentro y manchan al hombre”.
“Deja primero a los hijos saciarse, porque no esta bien tomar el pan de los hijos para darlo a los perritos”.
“¡Anda! Por lo que has dicho, el demonio ha salido de tu hija”.
“Effathá”
“Tengo compasión de la muchedumbre, porque hace ya tres días que no se aparta de Mí, y no tiene nada qué comer. Si los despido en ayunas a sus casas, les van a faltar las fuerzas en el camino; porque los hay que han venido de lejos”
“¿Cuántos panes tenéis?”
“¿Por qué esta raza exige una señal? En verdad, os digo, ninguna señal será dada a esta generación”
“¡Cuidado! Guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes”
“¿Por qué estáis pensando en que no teneis panes? ¿No comprendéis todavía? ¿No caéis en la cuenta?
¿Tenéis endurecido vuestro corazón? ¿Teniendo ojos, no veis; y teniendo oídos, no oís? Cuando partí los cinco panes entre los cinco mil, ¿cuántos canastos llenos de pedazos recogisteis?”. “Y cuando partí los siete panes entre los cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de trozos os llevasteis?”
“¿Ves algo?”
“Ni siquiera entres en la aldea”.
“¿Quién soy Yo, según el decir de los hombres?” “Según vosotros, ¿quién soy Yo?”
“¡Vete de Mí, atrás, Satanás! porque no sientes las cosas de Dios, sino las de los hombres”.
“Si alguno quiere venir en pos de Mí, renúnciese a sí mismo, tome su cruz, y sígame. Quien quiere
salvar su vida, la perderá, y quien pierde su vida a causa de Mí y del Evangelio, la salvará. En efecto: ¿de qué servirá al hombre ganar el mundo entero, y perder su vida? Pues ¿qué cosa puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque quien se avergonzare de Mí y de mis palabras delante de esta raza adúltera y pecadora, el Hijo del hombre también se avergonzará de él cuando vuelva en la gloria de su Padre, escoltado por los santos ángeles”.
“En verdad, os digo, entre los que están aquí, algunos no gustarán la muerte sin que hayan visto el reino de Dios venido con poder”.
“Elías, en efecto, vendrá primero y lo restaurará todo. Pero ¿cómo está escrito del Hijo del hombre, que debe padecer mucho y ser vilipendiado? Pues bien, Yo os declaro: en realidad Elías ya vino e hicieron con él cuanto les plugo, como está escrito de él”.
“¿Por qué discutís con ellos?”.
“Oh raza incrédula, ¿hasta cuando habré de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros?".
¡Traédmelo!”
“¿Cuánto tiempo hace que esto le sucede?”.
"¡Si puedes! ... Todo es posible para el que cree”.
“Espíritu mudo y sordo, Yo te lo mando, sal de él, y no vuelvas a entrar más en él”.
“Esta casta no puede ser expulsada sino con la oración y el ayuno”.
“El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo harán morir; y tres días después de su muerte resucitará?”.
“¿De qué conversabais en el camino?”.
“Si alguno quiere, ser el primero, deberá ser el último de todos y el servidor de todos”
“El que recibe a uno de estos niños en mi nombre, a Mí me recibe; y el que a Mí me recibe, no me recibe a Mí, sino a Aquel que me envió”.
“No se lo impidáis, porque nadie, haciendo milagro por mi nombre, será capaz de hablar luego mal de Mí. Porque quien no está contra nosotros, por nosotros está. Quien os diere a beber un vaso de agua, por razón de que sois de Cristo, en verdad os digo, no perdera su recompensa”.
Quien escandalizare a uno de estos pequeñitos que creen, más le valdría que le atasen alrededor de su
cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y que lo echasen al mar. Si tu mano te escandaliza, córtala: más te vale entrar en la vida manco, que irte, con tus dos manos, a la gehenna, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te escandaliza, córtalo: mas te vale entrar en la vida cojo que ser, con tus dos pies, arrojado a la gehenna. Y si tu ojo te escandaliza, sácalo: más te vale entrar en el reino de Dios teniendo un solo ojo que con tus dos ojos ser arrojado a la gehenna, donde “el gusano de ellos no muere y el fuego no se apaga”. Porque cada uno ha de ser salado con el fuego. La sal es buena; mas si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos y estad en paz unos con otros".
"¿Qué os ha ordenado Moisés?”.
“En vista de vuestra dureza de corazón os escribió ese precepto. Pero desde el comienzo de la creación, Dios los hizo varón y mujer. Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos vendrán a ser una sola carne. De modo que no son ya dos, sino una sola carne. ¡Y bien! ¡lo que Dios ha unido, el hombre no lo separe!”.
“Quien repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera; y si una mujer repudia a su marido y se casa con otro, ella comete adulterio”.
“Dejad a los niños venir a Mí y no les impidáis, porque de tales como éstos es el reino de Dios. En
verdad, os digo, quien no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él”.
“¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios. Tú conoces los mandamientos: “No mates, no cometas adulterio, no robes, no des falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre”;
“Una cosa te queda: anda, vende todo lo que posees y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; despues, vuelve, y sígueme, llevando la cruz”.
“¡Cuán difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios!”. “Hijitos, ¡cuán difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el reino de Dios! Es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios". “Para los hombres, esto es imposible, mas no para Dios, porque todo es posible para Dios”.
“En verdad, os digo, nadie habrá dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o campos, a causa de Mí y a causa del Evangelio, que no reciba centuplicado ahora, en este tiempo, casas, hermanos, hermanas, madre, hijos y campos –a una con persecuciones–, y, en el siglo venidero, la vida eterna. Mas muchos primeros serán últimos, y muchos últimos, primeros”.
“He aquí que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte, y lo entregarán a los gentiles; y lo escarnecerán, lo escupirán, lo
azotarán y lo matarán, mas tres días después resucitará”.
“¿Que queréis, pues, que haga por vosotros?”.
“No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que Yo he de beber, o recibir el bautismo que Yo he
de recibir?” “El cáliz que Yo he de beber, lo beberéis; y el bautismo que Yo he de recibir lo recibiréis. Mas en cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no es mío darlo sino a aquellos para quienes está preparado”.
“Como vosotros sabéis, los que aparecen como jefes de los pueblos, les hacen sentir su dominación; y los grandes, su poder. Entre vosotros no debe ser así; al contrario, quien, entre vosotros, desea hacerse grande, hágase sirviente de los demás; y quien desea ser el primero, ha de ser esclavo de todos. Porque también el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos”.
“Llamadlo”.
“¿Qué deseas que te haga?”.
“¡Anda! tu fe te ha sanado”.
“Id a la aldea que está enfrente de vosotros; y luego de entrar en ella, encontraréis un burrito atado, sobre el cual nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta: “¿Por qué hacéis esto?”, contestad: “El Señor lo necesita, y al instante lo devolverá aquí”.
“¡Que jamás ya nadie coma fruto de ti!”.
“¿No está escrito: «Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones»? Pero vosotros, la habéis hecho cueva de ladrones”.
“¡Tened fe en Dios! En verdad, os digo, quien dijere a este monte: “Quítate de ahí y echate al mar” , sin titubear interiormente, sino creyendo que lo que dice se hará, lo obtendrá. Por eso, os digo, todo lo que pidiereis orando, creed que lo obtuvisteis ya, y se os dará. Y cuando os ponéis de pie para orar, perdonad lo que podáis tener contra alguien, a fin de que también vuestro Padre celestial os perdone vuestros pecados. [Si no perdonáis, vuestro Padre que está en los cielos no os perdonará tampoco vuestros pecados]”
“Os haré Yo también una pregunta. Respondedme, y os diré con qué derecho obro así: El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme”. “Y bien, ni Yo tampoco os digo con qué poder hago esto”.
“Un hombre plantó una viña, la cercó con un vallado, cavó un lagar y edificó una torre; después la arrendó a unos viñadores, y se fue a otro país. A su debido tiempo, envió un siervo a los viñadores
para recibir de ellos su parte de los frutos de la viña. Pero ellos lo agarraron, lo apalearon y lo remitieron con las manos vacías. Entonces, les envió otro siervo, al cual descalabraron y ultrajaron;
y otro, al cual mataron; después otros muchos, de los cuales apalearon a unos y mataron a otros. No le quedaba más que uno, su hijo amado; a éste les envió por último, pensando: «Respetarán a mi hijo». Pero aquellos viñadores se dijeron unos a otros: «Éste es el heredero. Venid, matémoslo, y la herencia será nuestra». Lo agarraron, pues, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y acabará con los viñadores, y entregará la viña a otros. ¿No habéis leído esta Escritura: «La piedra que desecharon los que edificaban, esta ha venido a ser cabeza de esquina; de parte del Señor esto ha sido hecho, y es maravilloso a nuestros ojos?»”
“¿Por qué me tendéis un lazo? Traedme un denario, para que Yo lo vea”. “Dad al César lo que es del César; y a Dios lo que es de Dios”.
“¿No erráis, acaso, por no conocer las Escrituras ni el poder de Dios? Porque, cuando resuciten de entre los muertos, no se casarán (los hombres), ni se darán en matrimonio (las mujeres), sino que serán
como ángeles en el cielo. Y en cuanto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la Zarza, cómo Dios le dijo: «Yo soy el Dios de Abrahán y el Dios de Isaac, y
el Dios de Jacob?» Él no es Dios de muertos, sino de vivos. Vosotros estáis, pues, en un gran error”.
«Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, un solo Señor es. Y amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza»”
Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No existe mandamiento mayor que éstos”.
“Tú no estás lejos del reino de Dios”.
“¿Como dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? Porque David mismo dijo (inspirado) por el Espíritu Santo: «El Señor dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga Yo a tus enemigos por tarima de tus pies». Si David mismo lo llama «Señor», ¿cómo puede entonces ser su hijo?
“Guardaos de los escribas, que se complacen en andar con largos vestidos, en ser saludados en las plazas públicas, en ocupar los primeros sitiales en las sinagogas y los primeros puestos en los convites, 40 y que devoran las casas de las viudas, y afectan hacer largas oraciones. Éstos recibiran mayor castigo”.
“En verdad, os digo, esta pobre viuda ha echado más que todos los que echaron en el arca. Porque todos los otros echaron de lo que les sobraba, pero esta ha echado de su propia indigencia todo lo que tenía, todo su sustento”.
“¿Ves estas grandes construcciones? No quedará piedra sobre piedra que no sea derribada”.
“Estad en guardia, que nadie os induzca en error. Muchos vendrán bajo mi nombre y dirán: «Yo soy (el Cristo)» y a muchos engañaran. Cuando oigáis hablar de guerras y de rumores de guerras, no os turbeis. Esto ha de suceder, pero no es todavía el fin. Porque se levantará pueblo contra pueblo, reino contra reino. Habrá terremotos en diversos lugares, y habrá hambres. Esto es el comienzo de los dolores”.
“Mirad por vosotros mismos. Porque os entregarán a los sanedrines, y seréis flagelados en las sinagogas, y compareceréis ante gobernadores y reyes, a causa de Mí, para dar testimonio ante
ellos. Y es necesario primero que a todas las naciones sea proclamado el Evangelio. Mas cuando os llevaren para entregaros, no os afanéis anticipadamente por lo que direis; sino decid lo que en aquel momento os será inspirado; porque no sois vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu Santo. El hermano entregará a su hermano a la muerte, el padre a su hijo; y los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán. Seréis odiados de todos a causa de mi nombre; pero el que perseverare hasta el fin, este será salvo. Mas cuando veáis la abominación de la desolación instalada allí donde no debe –¡entienda el que lee!–, entonces, los que estén en Judea, huyan a las montañas; quien se encuentre en la azotea, no baje ni entre para tomar nada en su casa; 16 quien vaya al campo, no vuelva atrás para tomar su manto. ¡Ay de las mujeres que estén encintas y de las que críen por aquellos días! 18 Y orad, para que no acontezca en invierno”.
“Porque habrá en aquellos días tribulación tal, cual no la hubo desde el principio de la creación que hizo Dios, hasta el presente, ni la habrá. Y si el Señor no hubiese acortado los días, ningún viviente escaparía; mas a causa de los escogidos que Él eligió, ha acortado esos días. Entonces, si os dicen: «Hélo a Cristo aquí o allí», no lo creáis. Porque surgirán falsos Cristos y falsos profetas, que harán señales y prodigios para descarriar aún a los elegidos, si fuera posible. Vosotros, pues, estad alerta; ved que os lo he predicho todo”.
“Pero en aquellos días, después de la tribulación aquella, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y los astros estarán cayendo del cielo, y las fuerzas que hay en los cielos serán sacudidas. Entonces, verán al Hijo del hombre viniendo en las nubes con gran poder y gloria. Y entonces enviará a los ángeles, y congregará a sus elegidos de los cuatro vientos, desde la extremidad de la tierra hasta la extremidad del cielo”.
“De la higuera aprended la semejanza: cuando ya sus ramas se ponen tiernas, y brotan las hojas,
conocéis que el verano esta cerca; así también, cuando veáis suceder todo esto, sabed que (Él) está cerca, a las puertas. En verdad, os digo, la generación ésta no pasará sin que todas estas
cosas se hayan efectuado El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasaran”.
“Mas en cuanto al día y la hora, nadie sabe, ni los mismos ángeles del cielo, ni el Hijo, sino el Padre. ¡Mirad!, ¡velad! porque no sabéis cuándo será el tiempo; como un hombre que partiendo para otro país, dejó su casa y dio a sus siervos la potestad, a cada uno su tarea, y al portero encomendó que velase.
Velad, pues, porque no sabéis cuando volverá el Señor de la casa, si en la tarde, o a la medianoche, o al canto del gallo, o en la mañana, no sea que volviendo de improviso, os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!”.
“Dejadla. ¿Por qué la molestáis? Ha hecho una buena obra conmigo. Porque los pobres los tenéis con vosotros siempre, y podéis hacerles bien cuando queráis; pero a Mi no me tenéis siempre. Lo que ella podía hacer lo ha hecho. Se adelantó a ungir mi cuerpo para la sepultura. En verdad, os digo, dondequiera que fuere predicado este Evangelio, en el mundo entero, se narrará también lo que
acaba de hacer, en recuerdo suyo”.
“Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle, y adonde entrare, decid al dueño de casa: “El Maestro dice: ¿Dónde está mi aposento en que voy a comer la Pascua466 con mis discípulos?”. Y él os mostrará un cenáculo grande en el piso alto, ya dispuesto; y allí aderezad para nosotros”.
“En verdad os digo, me entregará uno de vosotros que come conmigo”.
“Uno de los Doce, el que moja conmigo en el plato. El Hijo del hombre se va, como está escrito
de Él, pero ¡ay del hombre, por quien el Hijo del hombre es entregado! Más le valdría a ese hombre no haber nacido”.
“Tomad, este es el cuerpo mío”. “Esta es la sangre mía de la Alianza, que se derrama por muchos. En verdad, os digo, que no beberé ya del fruto de la vid hasta el día aquel en que lo beberé nuevo en el reino de Dios”.
“Vosotros todos os vais a escandalizar, porque está escrito: «Heriré al pastor, y las ovejas se dispersarán». Mas después que Yo haya resucitado, os precederé en Galilea”.
“En verdad, te digo: que hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, tú me negarás tres”.
“Sentaos aquí mientras hago oración”.
“Mi alma está mortalmente triste; quedaos aquí y velad”.
“¡Abba, Padre! ¡todo te es posible; aparta de Mí este cáliz; pero, no como Yo quiero, sino como Tú!”.
“¡Simón! ¿duermes? ¿No pudiste velar una hora?. Velad y orad para no entrar en tentación. El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil”.
“¿Dormís ya y descansáis? ¡Basta! llegó la hora. Mirad: ahora el Hijo del hombre es entregado en las manos de los pecadores. ¡Levantaos! ¡Vamos! Se acerca el que me entrega”.
“Como contra un bandolero habéis salido, armados de espadas y palos, para prenderme. Todos los días
estaba Yo en medio de vosotros enseñando en el Templo, y no me prendisteis. Pero (es) para que se cumplan las Escrituras”.
“Yo soy. Y veréis al Hijo del Hombre480 sentado a la derecha del Poder, y viniendo en las nubes del cielo”.
“Tú lo dices”
“Eloí, Eloí, ¿lama sabacthani?”.
“No tengáis miedo. A Jesús buscáis, el Nazareno crucificado; resucitó, no está aquí. Ved el lugar donde lo habían puesto. Pero id a decir a los discípulos de Él y a Pedro503: va delante de vosotros a la Galilea; allí lo veréis, como os dijo”.
“Id por el mundo entero, predicad el Evangelio a toda la creación. Quien creyere y fuere bautizado, será salvo; mas, quien no creyere, será condenado. Y he aquí los milagros que acompañarán a los que
creyeren: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán nuevas lenguas, tomarán las serpientes; y si bebieren algo mortífero no les hará daño alguno; sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán”.
San Lucas
“¿Cómo es que me buscabais? ¿No sabíais que conviene que Yo esté en lo de mi Padre?”.
“Escrito está: «No sólo de pan vivirá e hombre»”. “Escrito está: «Adoraras al Señor tu Dios, y a Él solo
servirás»”. “Está dicho: «No tentarás al Señor tu Dios».
“Hoy esta Escritura se ha cumplido delante de vosotros”.
“En verdad, os digo, ningún profeta es acogido en su tierra. En verdad, os digo: había muchas viudas en Israel en tiempo de Elías, cuando el cielo quedó cerrado durante tres años y seis meses, y hubo hambre grande en toda la tierra; mas a ninguna de ellas fué enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el
país de Sidón. Y había muchos leprosos en Israel en tiempo del profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fué curado, sino Naamán el sirio”
“¡Cállate y sal de él!”.
“Es necesario que Yo lleve también a otras ciudades la Buena Nueva del reino de Dios, porque para eso he sido enviado”.
“Guía adelante, hacia lo profundo, y echad las redes para pescar”.
“No temas; desde ahora pescarás hombres”.
“Quiero; sé limpiado”.
“Muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación lo que prescribió Moisés, para testimonio a ellos”.
“Hombre, tus pecados te son perdonados”.
“¿Qué estáis pensando en vuestro corazón? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”,
o decir: “Levántate y anda?” ¡Y bien! para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra potestad de perdonar pecados –dijo al paralitico– “A ti te digo: Levántate, toma tu camilla y ve a tu casa".
“Sígueme”
“No necesitan médico los santos, sino los enfermos. Yo no he venido para con. vidar al arrepentimiento a los justos sino a los pecadores”.
“¿Podéis hacer ayunar a los compañeros del esposo, mientras está con ellos el esposo? Un tiempo vendrá, en que el esposo les será quitado; entonces, en aquellos días ayunaran”.
“Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para ponerlo (de remiendo), a un vestido viejo; pues si lo hace, no sólo romperá el nuevo, sino que el pedazo cortado al nuevo no andará bien con el viejo.
Nadie, tampoco, echa vino nuevo en cueros viejos; pues procediendo así, el vino nuevo hará reventar los cueros, y se derramará, y los cueros se perderán. Sino que el vino nuevo ha de echarse en cueros nuevos. Y nadie que bebe de lo viejo quiere luego de lo nuevo, porque dice: “el viejo es excelente.
“¿No habéis leído siquiera
lo que hizo David cuando tuvieron hambre, él y los que le
acompañaban; cómo entró en la casa de Dios, y tomando los
panes de la proposición, que no pueden comer sino los sacerdotes,
comió y dio a sus compañeros?”.
“El Hijo del hombre es señor aun del sábado”.
“¡Levántate y ponte de pie en medio!”.
“Os pregunto: ¿Es lícito, en sábado, hacer el bien o hacer el mal, salvar una vida o dejarla perder?”.
“Extiende tu mano”.
“Dichosos los que sois pobres, porque es vuestro el reino de Dios583. Dichosos los que estáis hambrientos ahora, porque os hartaréis. Dichosos los que lloráis ahora, porque reiréis. Dichosos sois cuando os odiaren los hombres, os excluyeren, os insultaren, y proscribieren vuestro nombre, como
pernicioso, por causa del Hijo del hombre. Alegraos entonces y saltad de gozo, pues sabed que vuestra recompensa es mucha en el cielo. Porque de la misma manera trataron sus padres a los profetas.
Mas, ¡ay de vosotros, ricos! porque ya recibisteis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros los que ahora estáis hartos! porque padeceréis hambre. ¡Ay de los que reís ahora! porque lloraréis de dolor. ¡Ay cuando digan bien de vosotros todos los hombres! porque lo mismo hicieron sus padres con los falsos profetas”.
“A vosotros, empero, los que me escucháis, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian; bendecid a los que os maldicen; rogad por los que os calumnian. A quien te abofetee en la mejilla, preséntale la otra; y al que te quite el manto, no le impidas tomar también la túnica. Da a todo el que te pida; y a quien tome lo tuyo, no se lo reclames. Y según queréis que hagan los hombres con vosotros, así haced vosotros con ellos Si amáis a los que os aman, ¿qué favor merecéis con ello? También los pecadores aman a los que los aman a ellos. Y si hacéis bien a quienes os lo hacen, ¿qué favor merecéis con ello? También los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis restitución, ¿qué favor merecéis con ello? Los pecadores también prestan a los pecadores,
para recibir el equivalente. Vosotros, amad a vuestros enemigos; haced el bien y prestad sin esperar nada en retorno, y vuestra recompensa será grande, y seréis los hijos del Altísimo; de Él, que es bueno con los desagradecidos y malos”.
“Sed misericordiosos como es misericordioso vuestro padre. No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; absolved, y se os absolverá5. Dad y se os dará; una medida buena y apretada y remecida y rebosante se os volcará en el seno; porque con la medida con que medís se os medirá”.
“¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en algún hoyo? No es el discípulo superior al maestro, sino que todo discípulo cuando llegue a ser perfecto será como su maestro.
¿Cómo es que ves la pajuela que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que está en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: «Hermano, déjame que te saque la pajuela de tu ojo», tú que no ves la viga en el tuyo? Hipócrita, quita primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver bien para sacar la pajuela del ojo de tu hermano”.
"Pues no hay árbol sano que dé frutos podridos, ni hay a la inversa, árbol podrido que dé frutos
sanos. Porque cada árbol se conoce por el fruto que da. No se recogen higos de los espinos, ni de un abrojo se vendimian uvas. El hombre bueno saca el bien del buen tesoro que tiene en su corazón; mas el hombre malo, de su propia maldad saca el mal; porque la boca habla de lo que rebosa el corazón.
¿Por qué me llamáis: “Señor, Señor”, si no hacéis lo que Yo digo? Yo os mostraré a quien se parece todo el que viene a Mí, y oye mis palabras y las pone en práctica. Se asemeja a un hombre que para construir una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca; cuando vino la creciente, el río dio con ímpetu contra aquella casa, mas no pudo moverla, porque estaba bien edificada. Pero, el que (las) oye y no (las) pone por obra, es semejante a un hombre que construyó su casa sobre el suelo mismo, sin cimientos; el río se precipitó sobre ella, y al punto se derrumbó, y fue grande la ruina de aquella casa”.
"Os digo que en Israel no hallé fe tan grande”.
“No llores”.
“Muchacho, Yo te digo: ¡Levántate!”.
“Volved y anunciad a Juan lo que acabáis de ver y oír: ciegos ven, cojos andan, leprosos son limpiados, sordos oyen, muertos resucitan, a pobres se les anuncia la Buena Nueva. Y ¡bienaventurado el que no se escandalizare de Mí!”.
“¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Acaso una caña sacudida por el viento? Y si no ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre lujosamente vestido? Los que llevan vestidos lujosos y viven en delicias están en los palacios. Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Este es aquel de quien está escrito: «Mira que Yo envío mi mensajero ante tu faz que irá delante de Ti para barrene el camino». Os digo, no hay, entre los hijos de mujer, más grande que Juan; pero el más pequeño en el reino de Dios es más grande que él; porque todo el pueblo que lo escuchó (a Juan), y aun los publicanos
reconocieron la justicia de Dios, recibiendo el bautismo de Él. Pero los fariseos y los doctores de la Ley frustraron los designios de Dios para con ellos, al no dejarse bautizar por Juan”.
“¿Con quién podré comparar a hombres de este género? Son semejantes a esos muchachos que, sentados en la plaza, cantan unos a otros aquello de: ‘Os tocamos la flauta, y no danzasteis; entonamos
lamentaciones, y no llorasteis’. Porque vino Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y vosotros decís: ‘Está endemoniado’; ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: ‘Es un hombre glotón y borracho, amigo de publicanos y pecadores’. Mas la sabiduría ha quedado justificada por todos sus hijos”.
"Simón, tengo algo que decirte”.“Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. Como no tuviesen con qué pagar, les perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?”
“Bien juzgaste”.
“¿Ves a esta mujer? Vine a tu casa, y tú no vertiste agua sobre mis pies; mas ésta ha regado mis pies con sus lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el ósculo; mas ella, desde que entró, no ha cesado de besar mis pies. Tú no ungiste con óleo mi cabeza; ella ha ungido mis pies con ungüento606. Por lo cual, te digo, se le han perdonado sus pecados, los muchos, puesto que ha amado mucho. A la inversa, aquel a quien se perdone poco, ama poco”.
“Tus pecados se te han perdonado”.
“Tu fe te ha salvado: ve hacia la paz”.
“El sembrador salió a sembrar su simiente. Y al sembrar, una semilla cayó a lo largo del camino; y fué pisada y la comieron las aves del cielo. Otra cayó en la piedra y, nacida, se secó por no tener humedad. Otra cayó en medio de abrojos, y los abrojos, que nacieron juntamente con ella, la sofocaron. Y otra cayó en buena tierra, y brotando dio fruto centuplicado”. “¡Quién tiene oídos para oír oiga!”.
“A vosotros ha sido dado conocer los misterios del reino de Dios; en cuanto a los demás (se les habla) por parábolas, para que «mirando, no vean; y oyendo, no entiendan».
La parábola es esta: «La simiente es la palabra de Dios. Los de junto al camino, son los que han oído; mas luego viene el diablo, y saca afuera del corazón la palabra para que no crean y se salven. Los de sobre la piedra, son aquellos que al oír la palabra la reciben con gozo, pero carecen de raíz: creen por un tiempo, y a la hora de la prueba, apostatan. Lo caído entre los abrojos, son los que oyen, mas siguiendo su camino son sofocados por los afanes de la riqueza y los placeres de la vida, y no llegan a madurar. Y lo caído en la buena tierra, son aquellos que oyen con el corazón recto y bien dispuesto y guardan consigo la palabra y dan fruto en la perseverancia».”.
"Nadie que enciende luz, la cubre con una vasija ni la pone bajo la cama, sino en el candelero, para que todos los que entren, vean la luz. Nada hay oculto que no deba ser manifestado, ni nada secreto que no deba ser conocido y sacado a luz. ¡Cuidad de escuchar bien! Al que tiene, se le dará, y al que no tiene, aun lo que cree tener le será quitado”.
´
“Mi madre y mis hermanos son estos: los que oyen la palabra de Dios y la practican”.
“Pasemos a la otra orilla del lago”.
“¿Dónde está vuestra fe?”.
“¿Cuál es tu nombre?”.
“Vuelve de nuevo a tu casa, y cuenta todo lo que Dios ha hecho contigo”.
“¿Quién me tocó?”. “Alguien me tocó, porque he sentido salir virtud de Mí”.
Hija, tu fe te ha salvado, ve hacia la paz”.
“No temas; únicamente cree y sanará”.
“No lloréis; no ha muerto, sino que duerme”. "Niña, despierta”.
“No toméis nada para el camino, ni bastón, ni bolsa, ni pan, ni dinero, ni tengáis dos túnicas. En la casa
en que entrareis, quedaos, y de allí partid. Y dondequiera que no os recibieren, salid de esa ciudad y sacudid el polvo de vuestros pies, en testimonio contra ellos”.
“Dadles vosotros de comer”. “Hacedlos recostar por grupos como de a cincuenta”.
“¿Quién dicen las gentes que soy Yo?” “Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo?”.
“Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea reprobado por los ancianos, por los sumos sacerdotes y por los escribas, que sea muerto, y que al tercer día sea resucitado”.
“Si alguno quiere venir en pos de Mí, renúnciese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; mas el que pierda su vida a causa de Mí, la salvará. Pues ¿qué
provecho tiene el hombre que ha ganado el mundo entero, si a sí mismo se pierde o se daña? Quien haya, pues, tenido vergüenza de Mí y de mis palabras, el Hijo del hombre tendrá vergüenza de él,
cuando venga en su gloria, y en la del Padre y de los santos ángeles. Os digo, en verdad, algunos de los que están aquí, no gustarán la muerte sin que hayan visto antes el reino de Dios”.
"Oh, generación incrédula y perversa, ¿hasta cuándo estaré con vosotros y tendré que soportaron? Trae acá a tu hijo”.
“Vosotros, haced que penetren bien en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del hombre ha de ser entregado en manos de los hombres”.
“Quien recibe a este niño en mi nombre, a Mí me recibe; y quien me recibe, recibe al que me envió; porque el que es el más pequeño entre todos vosotros, ese es grande”.
“No impidáis, pues quien no está contra vosotros, por vosotros está”.
“Las raposas tienen guaridas, y las aves del cielo, nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza”.
“Deja a los muertos enterrar a sus muertos; tú, ve a anunciar el reino de Dios”.
“Ninguno que pone mano al arado y mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios”.
“La mies es grande, y los obreros son pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id: os envío como corderos entre lobos. No llevéis ni bolsa, ni alforja, ni calzado, ni saludéisa nadie por el camino. En toda casa donde entréis, decid primero: «Paz a esta casa» . Y si hay allí un hijo de paz, reposará sobre él la paz vuestra; si no, volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den, porque el obrero es acreedor a su salario. No paséis de casa en casa.
8 Y en toda ciudad en donde entréis y os reciban, comed lo que os pusieren delante. Curad los enfermos que haya en ella, y decidles: El reino de Dios está llegando a vosotros». Y en toda ciudad en donde entrareis y no os quisieren recibir, salid por sus calles, y decid: “Aun el polvo que de vuestra ciudad se pegó a nuestros pies, lo sacudimos (dejándolo) para vosotros. Pero sabedlo: ¡el reino de Dios ha llegado!” Os digo que en aquel día será más tolerable para los de Sodoma que para aquella ciudad. ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! porque si en Tiro y Sidón hubiesen sido hechos los milagros que se cumplieron entre vosotros, desde hace mucho tiempo se habrían arrepentido en saco y en ceniza.
Mas para Tiro y para Sidón, será más tolerable, en el juicio, que para vosotros. Y tú, Cafarnaúm, ¿serás acaso exaltada hasta el cielo? ¡Hasta el abismo descenderás! Quien a vosotros escucha, a Mí me escucha; y quien a vosotros rechaza, a Mí me rechaza; ahora bien, quien me rechaza a Mí, rechaza a Aquel que me envió”.
“Yo veía a Satanás caer como un relámpago del cielo. Mirad que os he dado potestad de caminar sobre serpientes y escorpiones y sobre todo poder del enemigo, y nada os dañará. Sin embargo no habéis de gozaros en esto de que los demonios se os sujetan, sino gozaos de que vuestros nombres están escritos en el cielo”.
“Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mantenido estas cosas escondidas a los sabios ya los prudentes, y las has revelado a los pequeños. Si, Padre, porque así te plugo a Ti. Por mi Padre, me ha sido dado todo, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, y quién es el Padre, sino
el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelarlo”.
“¡Felices los ojos que ven lo que vosotros veis!. Os aseguro: muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron, oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron”.
“En la Ley, ¿qué está escrito? ¿Cómo lees?”. “Has respondido justamente. Haz esto y vivirás”.
“Un hombre, bajando de Jerusalén a Jericó, vino a dar entre salteadores, los cuales, después de haberlo despojado y cubierto de heridas, se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente, un sacerdote iba bajando por ese camino; lo vio y pasó de largo. Un levita llegó asimismo delante de ese sitio; lo vio y pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de viaje, llegó a donde estaba, lo vio y se compadeció de él; y acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; luego poniéndolo sobre su propia cabalgadura, lo condujo a una posada y cuidó de el. Al día siguiente, sacando dos denarios los
dio al posadero y le dijo: “Ten cuidado de él, todo lo que gastares de más, yo te lo reembolsaré a mi vuelta”. ¿Cuál de estos tres te parece haber sido el prójimo de aquel que cayó en manos de los
bandoleros?”.
“¡Marta, Marta! tú te afanas y te agitas por muchas cosas. Una sola es necesaria. María eligió la buena parte, que no le será quitada”.
“Cuando oráis, decid: Padre, que sea santificado tu nombre; que llegue tu reino652. Danos cada día nuestro pan supersubstancial; y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe; y no nos introduzcas en prueba”.
“Quien de vosotros, teniendo un amigo, si va (este) a buscarlo a medianoche y le dice: “Amigo, necesito tres panes, porque un amigo me ha llegado de viaje, y no tengo nada que ofrecerle”, y si él mismo le
responde de adentro: “No me incomodes, ahora mi puerta está cerrada y mis hijos están como yo en cama, no puedo levantarme para darte”, os digo, que si no se levanta para darle por ser su amigo, al menos a causa de su pertinacia, se levantará para darle todo lo que le hace falta. Yo os digo: “Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, golpead y se os abrirá”. Porque todo el que pide obtiene, el que busca halla, al que golpea se le abre. ¿Qué padre, entre vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿Si pide pescado, en lugar de pescado le dará una serpiente? ¿O si pide un huevo, le dará un escorpión? Si pues vosotros, aunque malos, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre dará
desde el cielo el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!”.
“Todo reino dividido contra sí mismo, es arruinado, y las casas caen una sobre otra. Si pues, Satanás se divide contra él mismo, ¿cómo se sostendrá su reino? Puesto que decís vosotros que por Beelzebul echo Yo los demonios. Ahora bien, si Yo echo los demonios por virtud de Beelzebul, ¿vuestros hijos por virtud de quién los arrojan? Ellos mismos serán, pues, vuestros jueces.
Mas si por el dedo de Dios echo Yo los demonios, es que ya llegó a vosotros el reino de Dios. Cuando el hombre fuerte y bien armado guarda su casa, sus bienes están seguros. Pero si sobreviniendo uno más fuerte que él lo vence, le quita todas sus armas en que confiaba y reparte sus despojos. Quien no está
conmigo, está contra Mí; y quien no acumula conmigo, desparrama”.
“Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, recorre los lugares áridos, buscando donde posarse, y, no hallándolo, dice: «Me volveré a la casa mía, de donde salí». A su llegada, la encuentra barrida y adornada. Entonces se va a tomar consigo otros siete espíritus aun más malos que él mismo; entrados,
se arraigan allí, y el fin de aquel hombre viene a ser peor que el principio”.
“¡Felices más bien los que escuchan la palabra de Dios y la conservan!”.
“Perversa generación es esta; busca una señal, mas no le será dada señal, sino la de Jonás. Porque lo mismo que Jonás fué una señal para los ninivitas, así el Hijo del hombre será una señal para la generación esta. La reina del Mediodía será despertada en el juicio frente a los hombres de la generación esta y los condenará, porque vino de las extremidades de la tierra para escuchar la
sabiduría de Salomón; y hay aquí más que Salomón. Los varones ninivitas actuarán en el juicio frente a la generación esta y la condenarán, porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás; y hay aquí más que Jonás”.
“Nadie enciende una candela y la pone escondida en un sótano, ni bajo el celemín, sino sobre el candelero, para alumbrar a los que entran. La lámpara de tu cuerpo es tu ojo. Cuando tu ojo está claro, todo tu cuerpo goza de la luz, pero si él está turbio, tu cuerpo está en tinieblas661. Vigila pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea tiniebla. Si pues todo tu cuerpo está lleno de luz (interiormente), no teniendo parte alguna tenebrosa, será todo él luminoso (exteriormente), como cuando la lámpara te ilumina con su resplandor”.
“Vosotros, fariseos, estáis purificando lo exterior de la copa y del plato, en tanto que por dentro estáis llenos de rapiña y de iniquidad. ¡Insensatos! el que hizo lo exterior ¿no hizo también lo interior? Por eso, dad de limosna el contenido, y todo para vosotros quedará puro.
Pero, ¡ay de vosotros, fariseos! ¡porque dais el diezmo de la menta, de la ruda y de toda legumbre, y dejáis de lado la justicia y el amor de Dios! Era menester practicar esto, sin omitir aquello. ¡Ay de
vosotros, fariseos! porque amáis el primer sitial en las sinagogas y ser saludados en las plazas públicas. ¡Ay de vosotros! porque sois como esos sepulcros, que no lo parecen y que van pisando las gentes, sin saberlo”.
“¡Ay de vosotros también, doctores de la Ley! porque agobiáis a los demás con cargas abrumadoras, al paso que vosotros mismos ni con un dedo tocáis esas cargas. ¡Ay de vosotros! porque reedificáis sepulcros para los profetas, pero fueron vuestros padres quienes los asesinaron. Así vosotros sois testigos de cargo y consentidores de las obras de vuestros padres, porque ellos los mataron y vosotros
reedificais (sus sepulcros). Por eso también la Sabiduría de Dios ha dicho: Yo les enviaré profetas y apóstoles; y de ellos matarán y perseguirán665; para que se pida cuenta a esta generación de la
sangre de todos los profetas que ha sido derramada desde la fundación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que fue matado entre el altar y el santuario. Sí, os digo se pedirá cuenta a esta generación. ¡Ay de vosotros! hombres de la Ley, porque vosotros os habéis apoderado de la llave del conocimiento; vosotros mismos no entrasteis, y a los que iban a entrar, vosotros se lo habéis impedido”.
“Guardaos a vosotros mismos de la levadura –es decir de la hipocresía– de los fariseos668. Nada hay oculto que no haya de ser descubierto, nada secreto que no haya de ser conocido. En consecuencia, lo que hayáis dicho en las tinieblas, será oído en plena luz; y lo que hayáis dicho al oído en los sótanos, será pregonado sobre los techos. Os lo digo a vosotros, amigos míos, no temáis a los que matan el cuerpo y después de esto nada más pueden hacer.
Voy a deciros a quién debéis temer: temed a Aquel que, después de haber dado la muerte, tiene el poder de arrojar en la gehenna. Sí, os lo digo, a Aquel temedle”.
“¿No se venden cinco pájaros por dos ases? Con todo, ni uno solo es olvidado de Dios. Aun los
cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No tenéis vosotros que temer: valéis más que muchos pájaros. Yo os lo digo: a quien me confesare delante de los hombres, el Hijo del hombre lo
confesará también delante de los ángeles de Dios. Mas el que me haya negado delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios”.
“A cualquiera que hable mal contra el Hijo del hombre, le será perdonado, pero a quien blasfemare contra el Santo Espíritu, no le será perdonado. Cuando os llevaren ante las sinagogas, los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo y qué diréis para defenderos o qué hablaréis670. Porque el Espíritu Santo os enseñará en el momento mismo lo que habrá que decir”.
“Hombre, ¿quién me ha constituido sobre vosotros juez o partidor?”.
“Mirad: preservaos de toda avaricia; porque, la vida del hombre no consiste en la abundancia de lo que posee”.
“Había un rico, cuyas tierras habían producido mucho. Y se hizo esta reflexión: “¿Qué voy a hacer? porque no tengo dónde recoger mis cosechas”. Y dijo: “He aquí lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré unos mayores; allí amontonaré todo mi trigo y mis bienes. Y diré a mi alma: Alma mía, tienes cuantiosos bienes en reserva para un gran número de años; reposa, come, bebe, haz
fiesta”. Mas Dios le dijo: “¡Insensato! esta misma noche te van a pedir el alma, y lo que tú has allegado, ¿para quién será?” Así ocurre con todo aquel que atesora para sí mismo, y no es rico ante Dios”.
“Por eso, os digo, no andéis solícitos por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué lo vestiréis. Porque la vida vale más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido. Mirad los cuervos: no siembran, ni siegan, ni tienen bodegas ni graneros, y sin embargo Dios los alimenta. ¡Cuanto más valéis vosotros que las aves! ¿Quién de vosotros podría, a fuerza de preocuparse, añadir un codo a su estatura? Si pues no podéis ni aun lo mínimo ¿a qué os acongojáis por lo restante? Ved los lirios cómo crecen: no trabajan, ni hilan. Sin embargo, Yo os digo que el mismo Salomón, con toda su magnificencia, no estaba vestido como uno de ellos. Si pues a la yerba que está en el campo y mañana será echada al horno, Dios viste así ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? Tampoco andéis pues afanados por lo que habéis de comer o beber, y no estéis ansiosos. Todas estas cosas, los paganos del mundo las buscan afanosamente; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de ellas. Buscad pues antes su reino, y todas las cosas os serán puestas delante. No tengas temor, pequeño rebaño mío, porque
plugo a vuestro Padre daros el Reino. Vended aquello que poseéis y dad limosna. Haceos bolsas que no se envejecen, un tesoro inagotable en los cielos, donde el ladón no llega, y donde la polilla no destruye. Porque allí donde está vuestro tesoro, allí también está vuestro corazón”.
“Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas. Y sed semejantes a hombres que aguardan a su amo a su regreso de las bodas, a fin de que, cuando Él llegue y golpee, le abran en seguida. ¡Felices esos servidores, que el amo, cuando llegue, hallará velando! En verdad, os lo digo, el se ceñirá, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirles. Y si llega a la segunda vela, o a la tercera, y así los hallare, ¡felices de ellos! Sabedlo bien; porque si el dueño de casa supiese a qué hora el ladrón ha de venir, no dejaría horadar su casa. Vosotros también estad prontos, porque a la hora que no pensáis es cuando vendrá el Hijo del hombre”.
“¿Quién es pues el mayordomo fiel y prudente, que el amo pondrá a la cabeza de la servidumbre suya para dar a su tiempo la ración de trigo?¡Feliz ese servidor a quien el amo, a su regreso, hallará haciéndolo así! En verdad, os digo, lo colocará al frente de toda su hacienda. Pero si ese servidor se dice a sí mismo: “Mi amo tarda en regresar”, y se pone a maltratar a los servidores y a las sirvientas, a comer, a beber, y a embriagarse, el amo de este servidor vendrá en día que no espera y en hora que
no sabe, lo partirá por medio, y le asignara su suerte con los que no creyeron. Pero aquel servidor que, conociendo la voluntad de su amo, no se preparó, ni obró conforme a la voluntad de este, recibirá muchos azotes. En cambio aquel que, no habiéndole conocido, haya hecho cosas dignas de azotes, recibirá pocos. A todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho le será demandado; y más aún le exigirán a aquel a quien se le haya confiado mucho”.
"Fuego vine a echar sobre la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté encendido! Un bautismo tengo para
bautizarme, ¡y cómo estoy en angustias hasta que sea cumplido! ¿Pensáis que vine aquí para poner paz en la tierra? No, os digo, sino división681. Porque desde ahora, cinco en una casa estarán divididos: tres contra dos, y dos contra tres. Estarán divididos, el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra”.
“Cuando veis una nube levantarse al poniente, luego decís: “Va a llover”. Y eso sucede. Y cuando sopla el viento del mediodía, decís: “Habrá calor”. Y eso sucede. Hipócritas, sabéis conocer el aspecto de la tierra y del cielo; ¿por qué entonces no conocéis este tiempo? ¿Por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Mientras vas con tu adversario en busca del magistrado, procura en el camino librarte de él, no sea que te arrastre ante el juez, que el juez te entregue al alguacil y que el alguacil te meta en la cárcel. Yo te lo declaro, no saldrás de allí hasta que no hayas reintegrado el último lepte”.
“¿Pensáis que estos galileos fueron los mas pecadores de todos los galileos, porque han sufrido estas cosas? Os digo que de ninguna manera, sino que todos pereceréis igualmente si no os arrepentís. O bien aquellos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables
que todos los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que de ninguna manera sino que todos perecereis igualmente si no os convertís”.
“Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Vino a buscar fruto de ella, y no lo halló. Entonces dijo al viñador: “Mira, tres años hace que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo. ¡Córtala! ¿Por qué ha de inutilizar la tierra?” Mas él le respondió y dijo: “Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor y eche abono. Quizá dé fruto en lo futuro; si no, la cortarás”.
“Mujer, queda libre de tu enfermedad”.
“Hipócritas, ¿cada uno de vosotros no desata su buey o su asno del pesebre, en día sabático, para llevarlo al abrevadero? Y a ésta, que es una hija de Abrahán, que Satanás tenía ligada hace ya dieciocho años, ¿no se la había de libertar de sus ataduras, en día sabático?”.
“¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué podré compararlo? Es semejante a un grano de mostaza que un hombre tomó y fue a sembrar en su huerta; creció, vino a ser un árbol, y los pájaros del cielo llegaron a anidar en sus ramas”.
“¿Con qué podré comparar el reino de Dios? Es semejante a la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina y, finalmente, todo fermentó”.
“Pelead para entrar por la puerta angosta, porque muchos, os lo declaro, tratarán de entrar y no podrán. En seguida que el dueño de casa se haya despertado y haya cerrado la puerta, vosotros, estando fuera, os
pondréis a llamar a la puerta diciendo: “¡Señor, ábrenos!” Mas él respondiendo os dirá: “No os conozco (ni sé) de dónde sois”. Entonces comenzaréis a decir: “Comimos y bebimos delante de ti, y enseñaste en nuestras plazas”. Pero él os dirá: “Os digo, no sé ele dónde sois. Alejaos de mí, obradores todos de iniquidad”. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y a vosotros arrojados fuera. y del oriente y del occidente, del norte y del mediodía vendrán a sentarse a la mesa en el reino de Dios. Y así hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos”.
“Id a decir a ese zorro: He aquí que echo demonios y obro curaciones hoy y mañana; el tercer día habré
terminado. Pero hoy, mañana y al otro día, es necesario que Yo ande, porque no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén”.
"Jerusalén, Jerusalén, tú que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados, ¡cuántas veces quise Yo reunir a tus hijos, como la gallina reúne su pollada debajo de sus alas, y vosotros no lo habéis querido! Ved que vuestra casa os va a quedar desierta. Yo os lo digo, no me volveréis a ver, hasta que
llegue el tiempo en que digáis: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”.
“¿Es lícito curar, en día sabático, o no?”.
¿Quién hay de vosotros, que viendo a su hijo o su buey caído en un pozo, no lo saque pronto de allí, aun en día de sábado?”.
“Cuando seas invitado a un convite de bodas, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya allí otro
convidado objeto de mayor honra que tú 9 y viniendo el que os convido a ambos, te diga: “Deja el sitio a este”, y pases entonces, con vergüenza, a ocupar el último lugar. Por el contrario, cuando seas invitado, ve a ponerte en el último lugar, para que, cuando entre el que te invitó, te diga: “Amigo, sube más arriba”. Y entonces tendrás honor a los ojos de todos los convidados. Porque el que se levanta, será abajado; y el que se abaja, será levantado”.
También dijo al que lo había invitado: “Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos, no sea, que ellos te inviten a su vez, y que esto sea tu pago. Antes bien, cuando des un banquete, convida a los pobres, a los lisiados, a los cojos, y a los ciegos. Y feliz serás, porque ellos no tienen cómo retribuirte, sino que te será retribuido en la resurrección de los justos”.
"A estas palabras, uno de los convidados le dijo: “¡Feliz el que pueda comer en el reino de Dios!”. Mas Él le respondió: “Un hombre dio una gran cena a la cual tenía invitada mucha gente. Y envió a su servidor, a la hora del festín, a decir a los convidados: “Venid, porque ya todo está pronto". Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero le dijo: “He comprado un campo, y es preciso que vaya a verlo; te ruego me des por excusado”. Otro dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes, y me voy a probarlas; te ruego me tengas por excusado”. Otro dijo: “Me he casado, y por tanto no puedo ir”. El servidor se volvió a contar todo esto a su amo. Entonces, lleno de ira el dueño de casa, dijo a su servidor: “Sal en seguida a las calles y callejuelas de la ciudad; y tráeme acá los pobres, y lisiados, y
ciegos y cojos”. El servidor vino a decirle: “Señor, se ha hecho lo que tú mandaste, y aun hay sitio”. Y el amo dijo al servidor: “Ve a lo largo de los caminos y de los cercados, y compele a entrar, para que se llene mi casa. Porque yo os digo, ninguno de aquellos varones que fueron convidados gozará de mi festín”.
“Si alguno viene a Mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y aun también a su propia vida, no puede ser discípulo mío. Todo aquel que no lleva su propia cruz y no anda en pos de Mí, no puede ser discípulo mío”.
“Porque, ¿quién de entre vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero a calcular el gasto y a ver si tiene con qué acabarla? No sea que, después de haber puesto el cimiento, encontrándose incapaz de acabar, todos los que vean esto comiencen a menospreciarlo diciendo: “Este hombre se puso a edificar, y ha sido incapaz de llegar a término”. ¿O qué rey, marchando contra otro rey, no se pone primero a examinar si es capaz, con diez mil hombres, de afrontar al que viene contra él con veinte mil? Y si no lo es, mientras el otro está todavía lejos, le envía una embajada para pedirle la paz. Así, pues, cualquiera que entre vosotros no renuncia a todo lo que posee, no puede ser discípulo mío. La sal es buena, mas si la sal pierde su fuerza, ¿con qué será sazonada? Ya no sirve, ni tampoco sirve para la
tierra, ni para el muladar: la arrojan fuera. ¡Quién tiene oídos para oír, oiga!”.
“¿Qué hombre entre vosotros, teniendo cien ovejas, si llega a perder una de ellas, no deja las otras noventa y nueve en el desierto, para ir tras la oveja perdida, hasta que la halle? Y cuando la hallare, la pone sobre sus hombros, muy gozoso, y vuelto a casa, convoca a amigos y vecinos, y les dice: “Alegraos conmigo, porque hallé mi oveja, la que andaba perdida”. Así, os digo, habrá gozo en el cielo, más por un solo pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de convertirse”.
“¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si llega a perder una sola dracma, no enciende un candil y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la halla? Y cuando la ha encontrado, convoca a las amigas y las vecinas, y les dice: “Alegraos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido”.
Os digo que la misma alegría reina en presencia de los ángeles de Dios, por un solo pecador que se arrepiente”.
“Un hombre tenía dos hijos, el menor de lo cuales dijo a su padre: “Padre, dame la parte de los bienes, que me ha de tocar”. Y les repartió su haber. Pocos días después, el menor, juntando todo lo que tenía, partió para un país lejano, y allí disipó todo su dinero, viviendo perdidamente. Cuando lo hubo gastado todo, sobrevino gran hambre en ese país, y comenzó a experimentar necesidad. Fue, pues, a ponerse a las órdenes de un hombre del país, el cual lo envió a sus tierras a apacentar los puercos. Y hubiera, a la verdad, querido llenarse el estómago con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Volviendo entonces sobre sí mismo, se dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre, y le diré: “Padre, he pecado contra el cielo y delante de ti. Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo. Hazme como uno de tus jornaleros”.
Y levantándose se volvió hacia su padre. Y cuando estaba todavía lejos, su padre lo vio, y se le enternecieron las entrañas, y corriendo a él, cayó sobre su cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo:
“Padre, pequé contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus servidores: “Pronto traed aquí la ropa, la primera, y vestidlo con ella; traed un anillo para su mano, y calzado para sus pies; y traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y hagamos fiesta: porque este hijo mío estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado”. Y comenzaron la fiesta. Mas sucedió que el hijo mayor estaba en el campo. Cuando, al volver llegó cerca de la casa, oyó música y coros. Llamó a uno de los criados y le averiguó qué era aquello. Él le dijo: “Tu hermano ha vuelto, y tu padre ha matado el novillo cebado, porque lo ha recobrado sano y salvo”. Entonces se indignó y no quería entrar. Su padre salió y lo llamó Pero él contestó a su padre: “He aquí tantos años que te estoy
sirviendo y jamás he transgredido mandato alguno tuyo; a mí nunca me diste un cabrito para hacer fiesta con mis amigos. Pero cuando tu hijo, éste que se ha comido toda, su hacienda con meretrices, ha vuelto, le has matado el novillo cebado”. El padre le dijo: “Hijo mío, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo. Pero estaba bien hacer fiesta y regocijarse, porque este hermano tuyo había muerto, y ha revivido; se había perdido, y ha sido hallado”.
“Había un hombre rico, que tenía un mayordomo. Este le fué denunciado como que dilapidaba sus bienes. Lo hizo venir y le dijo: “¿Qué es eso que oigo de ti? Da cuenta de tu administración, porque ya no puedes ser mayordomo”. Entonces el mayordomo se dijo dentro de sí mismo: “¿Qué voy a hacer, puesto que mi amo me quita la mayordomía? De cavar no soy capaz; mendigar me da vergüenza. Yo sé lo que voy a hacer, para que, cuando sea destituido de la mayordomía, me reciban en sus casas”. Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: “¿Cuánto debes a mi amo?” Y él contestó: “Cien barriles de aceite”. Le dijo: “Aquí tienes tu vale; siéntate en seguida y escribe cincuenta”. Luego dijo a otro: “Y tú, ¿cuánto debes?” Éste le dijo: “Cien medidas de trigo”. Le dijo: “Aquí tienes tu vale, escribe ochenta”. Y alabó el señor al inicuo mayordomo, porque había obrado sagazmente. Es que los hijos del siglo, en sus relaciones con los de su especie, son más listos que los hijos de la luz. Por lo cual Yo os digo, granjeaos amigos por medio de la inicua riqueza para que, cuando ella falte, os reciban en las moradas eternas. El fiel en lo muy poco, también en lo mucho es fiel; y quien en lo muy poco es injusto, también en lo mucho es injusto. Si, pues, no habéis sido fieles en la riqueza inicua, ¿quién os confiará la verdadera? Y si en lo ajeno no habéis sido fieles, ¿quién os dará lo vuestro?”.
“Ningún servidor puede servir a dos amos, porque odiará al uno y amará al otro, o se adherirá al uno y despreciará al otro; no podéis servir, a Dios y a Mammón”.
“Vosotros sois los que os hacéis pasar por justos a los ojos de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones. Porque lo que entre los hombres es altamente estimado, a los ojos de Dios es abominable. La Ley y los profetas llegan hasta Juan; desde ese momento el reino de Dios se está anunciando, y todos le hacen fuerza. Pero es más fácil que el cielo y la tierra pasen, y no que se borre una sola tilde de la Ley. Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con una
repudiada por su marido, comete adulterio”.
“Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y banqueteaba cada día espléndidamente. Y un mendigo, llamado Lázaro, se estaba tendido a su puerta, cubierto de úlceras, y deseando saciarse con lo que caía de la mesa del rico, en tanto que hasta los perros se llegaban y le lamían las llagas. Y sucedió que el pobre murió, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. También el rico murió, y fue sepultado. Y en el abismo, levantó los ojos, mientras estaba en los tormentos, y vio de lejos a Abrahán con Lázaro en su seno. Y exclamó: “Padre Abrahán, apiádate de mí, y envía a Lázaro para que, mojando en el agua la punta de su dedo, refresque mi lengua, porque soy
atormentado en esta llama”. Abrahán le respondió: “Acuérdate, hijo, que tú recibiste tus bienes durante tu vida7, y así también Lázaro los males. Ahora él es consolado aquí, y tú sufres. Por lo demás, entre nosotros y vosotros un gran abismo ha sido establecido, de suerte que los que quisiesen pasar de aquí a
vosotros, no lo podrían; y de allí tampoco se puede pasar hacia nosotros”. Respondió: “Entonces te ruego, padre, que lo envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, afín de que no vengan, también ellos, a este lugar de tormentos”. Abrahán respondió: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen”. Replicó: “No, padre Abrahán; pero si alguno de entre los muertos va junto a ellos, se arrepentirán”. Él, empero, le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se dejarán persuadir, ni aun cuando alguno resucite de entre los muertos”.
“Es inevitable que sobrevengan escándalos, pero, ¡ay de aquel por quien vienen!
Más le valdría que le suspendiesen una piedra de molino alrededor del cuello, y lo echasen al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños. Mirad por vosotros”.
“Si uno de tus hermanos llega a pecar, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. Y si peca siete veces en un día contra ti, y siete veces vuelve a ti y te dice: «Me arrepiento», tú le perdonarás”.
“Si tuvierais alguna fe, aunque no fuera más grande que un grano de mostaza, diríais a este sicomoro:
“Desarráigate y plántate en el mar”, y él os obedecería. ¿Quien de vosotros, que tenga un servidor, labrador o pastor, le dirá cuando éste vuelve del campo: “Pasa en seguida y ponte a la mesa?” ¿No
le dirá más bien: “Prepárame de comer; y ceñido sírveme luego hasta que yo haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?” ¿Y acaso agradece al servidor por haber hecho lo que le mandó? Así también vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os, está mandado, decid: “Somos siervos inútiles, lo que hicimos, estábamos obligados a hacerlo”.
“Id, mostraos a los sacerdotes”.
¿No fueron limpiados los diez? ¿Y los nueve dónde están? ¿No hubo quien volviese a dar gloria a Dios sino este extranjero?” “Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.
“El reino de Dios no viene con advertencia, ni dirán: «¡Está aquí!» o «¡Está allí!» porque ya está el reino de Dios en medio de vosotros”.
“Vendrán días en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y cuando os digan: «¡Está allí!» o «¡Está aquí!» no vayáis allí y no corráis tras de él.
Porque, como el relámpago, fulgurando desde una parte del cielo, resplandece hasta la otra, así será el Hijo del hombre, en su día. Mas primero es necesario que él sufra mucho y que sea rechazado por la generación esta. Y como fue en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, se casaban (los hombres), y eran dadas en matrimonio (las mujeres), hasta el día en que Noé entró en el arca, y vino el cataclismo y los hizo perecer a todos. Asimismo, como fue en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; mas el día en que Lot salió de Sodoma, cayó del cielo una lluvia de fuego y de azufre, y los hizo perecer a todos.
Conforme a estas cosas sera en el día en que el Hijo del hombre sea revelado. En aquel día, quien se encuentre sobre la azotea, y tenga sus cosas dentro de su casa, no baje a recogerlas; e igualmente, quien se encuentre en el campo, no se vuelva por las que dejó atrás. Acordaos de la mujer de Lot. El que procurare conservar su vida, la perderá; y el que la pierda, la hallará. Yo os digo, que en aquella noche, dos hombres estarán reclinados a una misma mesa: el uno será tomado, el otro dejado; dos mujeres
estarán moliendo juntas: la una será tomada, la otra dejada. [Estarán dos en el campo; el uno será tomado, el otro dejado]”
“Allí donde está el cadáver, allí se juntarán los buitres”.
“Había en una ciudad un juez que no temía a Dios y no hacía ningún caso de los hombres. Había también allí, en esta misma ciudad, una viuda, que iba a buscarlo y le decía: “Hazme justicia librándome de mi adversario”. Y por algún tiempo no quiso; mas después dijo para sí: “Aunque no temo
a Dios, ni respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me importuna, le haré justicia, no sea que al fin venga y me arañe la cara. Y el Señor agregó: “Habéis oído el lenguaje de aquel juez inicuo. ¿Y Dios no habrá de vengar a sus elegidos, que claman a Él día y noche, y se mostraría tardío con respecto a ellos? Yo os digo que ejercerá la venganza de ellos prontamente. Pero el Hijo del hombre, cuando vuelva, ¿hallará por ventura la fe sobre la tierra?”.
“Dos hombres subieron al Templo a orar, el uno fariseo, el otra publicano. El fariseo, erguido, oraba en su corazón de esta manera: “Oh Dios, te doy gracias de que no soy como los demás hombres, que son
ladrones, injustos, adúlteros, ni como el publicano ése. Ayuno dos veces en la semana y doy el diezmo de todo cuanto poseo”. El publicano, por su parte, quedándose a la distancia, no osaba ni aúnlevantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo:
“Oh Dios, compadécete de mí, el pecador”. Os digo: este bajó a su casa justificado , mas no el otro; porque el que se eleva, será abajado; y el que se abaja, será elevado”.
“Dejad a los pequeñuelos venir a Mí: no les impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. En verdad os digo: quien no recibe el reino de Dios como un niñito, no entrará en él”.
“¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino uno:Dios. Conoces los mandamientos. “No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no dirás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre”.
“Una cosa te queda todavía: todo cuanto tienes véndelo y distribuye a pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; y ven y sígueme”.
“¡Cuán difícilmente, los que tienen los bienes entran en el reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de Dios”.
“Las cosas imposibles para hombres, posibles para Dios son”.
“En verdad, os digo, nadie dejará casa o mujer o hermanos o padres o hijos a causa del reino de Dios,
que no reciba muchas veces otra tanto en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna”.
“He aquí que subimos a Jerusalén, y todo lo que ha sido escrito por los profetas se va a cumplir para el Hijo del hombre. Él será entregado a los gentiles, se burlarán de Él, lo ultrajarán, escupirán sobre Él, y después de haberlo azotado, lo matarán, y al tercer día resucitará”. Pero ellos no entendieron ninguna de estas cosas; este asunto estaba escondido para ellos, y no conocieron de qué hablaba".
“¿Qué deseas que te haga?”. “Recíbela, tu fe te ha salvado”.
“Zaqueo, desciende pronto, porque hoy es necesario que Yo me hospede en tu casa”.
“Hoy se obró salvación a esta casa, porque también él es un hijo de Abrahán. Vino el Hijo del hombre a buscar y a salvar lo perdido”.
“Un hombre de noble linaje se fué a un país lejano a tomar para sí posesión de un reino y volver. Llamó a diez de sus servidores y les entregó diez minas , diciéndoles: “Negociad hasta que yo vuelva”. Ahora bien, sus conciudadanos lo odiaban, y enviaron una embajada detrás de él diciendo: “No queremos que
ése reine sobre nosotros”. Al retornar él, después de haber recibido el reinado, dijo que le llamasen a aquellos servidores a quienes había entregado el dinero, a fin de saber lo que había negociado cada uno. Presentóse el primero y dijo: “Señor, diez minas ha producido tu mina”. Le dijo: “Enhorabuena, buen
servidor, ya que has sido fiel en tan poca cosa, recibe potestad sobre diez ciudades”. Y vino el segundo y dijo: “Tu mina, Señor, ha producido cinco minas”. A él también le dijo: “Y tú sé gobernador
de cinco ciudades”. Mas el otro vino diciendo: “Señor, aquí tienes tu mina, que tuve escondida en un pañuelo. Pues te tenía miedo, porque tú eres un hombre duro; sacas lo que no pusiste, y siegas lo
que no sembraste”. Replicóle: “Por tu propia boca te condeno, siervo malvado. ¿Pensabas que soy hombre duro, que saco lo que no puse, y siego lo que no sembré? Y entonces por que no diste el
dinero mío al banco? (Así al menos) a mi regreso lo hubiera yo recobrado con réditos”. Y dijo a los que estaban allí: “Quitadle la mina, y dádsela al que tiene diez”. Dijéronle: “Señor, tiene diez minas”. “Os digo: a todo el que tiene, se le dará; y al que no tiene, aún lo que tiene le será quitado. En cuanto a mis enemigos, los que no han querido que yo reinase sobre ellos, traedlos aquí y degolladlos en mi presencia”.
“Id a la aldea de enfrente. Al entrar en ella, encontraréis un burrito atado sobre el cual nadie ha
montado todavía; desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta:
“¿Por qué lo desatáis?”, diréis así: “El Señor lo necesita”. Los enviados partieron y encontraron las cosas como les había dicho. Cuando desataban el burrito, los dueños les dijeron: “Por qué desatáis el pollino?” Respondieron: “El Señor lo necesita”.
“Os digo, si estas gentes se callan, las piedras se pondrán a gritar”.
“¡Ah si en este día conocieras también tú lo que sería para la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.
Porque vendrán días sobré ti, y tus enemigos te circunvalarán con un vallado, y te cercarán en derredor y te estrecharán de todas partes; derribarán por tierra a ti, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no conociste el tiempo en que has sido visitada”.
“Está escrito: «Mi casa será una casa de oración», y vosotros la habéis hecho una cueva de ladrones”.
“Yo quiero, a mi vez, haceros una pregunta. Decidme: El bautismo de Juan ¿venía del cielo o de los hombres?” “Ni Yo tampoco os digo con cuál potestad hago esto”.
“Un hombre plantó una viña, y la arrendó a unos labradores, y se ausentó por un largo tiempo. En su
oportunidad envió un servidor a los trabajadores, a que le diesen del fruto de la viña. Pero los labradores lo apalearon y lo devolvieron vacío. Envió aún otro servidor; también a este lo apalearon, lo ultrajaron y lo devolvieron vacío. Les envió todavía un tercero a quien igualmente lo hirieron y lo echaron fuera.
Entonces, el dueño de la viña dijo: “¿Qué haré? Voy a enviarles a mi hijo muy amado; tal vez a Él lo respeten”. Pero, cuando lo vieron los labradores deliberaron unos con otros diciendo: “Este es el
heredero. Matémoslo, para que la herencia sea nuestra”. Lo sacaron; pues, fuera de la viña y lo mataron. ¿Qué haya con ellos el dueño de la viña? Vendrá y hará perecer a estos labradores, y entregará la viña a otros”.
“¿Qué es aquello que está escrito: «La piedra que desecharon los que edificaban, esa resultó cabeza de esquina?» Todo el que cayere sobre esta piedra, quedará hecho pedazos; y a aquel sobre quien ella cayere, lo hará polvo”.
"Mostradme un denario. ¿De quién lleva la figura y la leyenda?”.
"Así pues, pagad al César lo que es del César, y lo que es de Dios, a Dios”.
“Los hijos de este siglo toman mujer, y las mujeres son dadas en matrimonio; mas los que hayan sido juzgados dignos de alcanzar el siglo aquel y la resurrección de entre los muertos, no tomarán
mujer, y (las mujeres) no serán dadas en matrimonio, porque no pueden ya morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. En cuanto a que los muertos
resucitan, también Moisés lo dio a entender junto a la zarza, al nombrar al Señor “Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob”. "Porque, no es Dios de muertos, sino de vivos, pues todos para Él viven”.
“¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David? Porque David mismo dice en el libro de los Salmos: «El Señor dijo a mi Señor: “Siéntate a mi diestra, hasta que Yo ponga a tus enemigos por escabel de tus pies”». Así, pues, David lo llama “Señor”; entonces, ¿cómo es su hijo?”.
“Guardaos de los escribas, que se complacen en andar con largas vestiduras, y en ser saludados en las
plazas públicas; que apetecen los primeros asientos en las sinagogas y los primeros divanes en los convites; que devoran las casas de las viudas, y afectan orar largamente. ¡Para esas gentes será más
abundante la sentencia!”.
"En verdad; os digo, esta viuda, la pobre, ha echado mas que
todos, pues todos éstos de su abundancia echaron para las
ofrendas de Dios, en tanto que ésta echó de su propia indigencia todo el sustento que tenía”.
“Vendrán días en los cuales, de esto que veis, no quedará piedra sobre piedra que no sea
destruida”.
“Mirad que no os engañen; porque vendrán muchos en mi nombre y dirán: «Yo soy; ya llegó el tiempo». No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os turbéis; esto ha de suceder primero, pero no es en seguida el fin”. “Pueblo se levantará contra pueblo, reino contra eino. Habrá grandes terremotos y, en diversos lugares, hambres y pestes; habrá también prodigios aterradores y grandes señales en el cielo. Pero antes de todo esto, os prenderán; os perseguirán, os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, os llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi nombre. Esto os servirá para testimonio. Tened, pues, resuelto, en vuestros corazones no pensar antes como habéis de hablar en vuestra defensa, porque Yo os daré boca y sabiduría a la cual ninguno de vuestros adversarios podrá resistir o contradecir. Seréis entregados aún por padres y hermanos, y parientes y amigos; y harán morir a algunos de entre vosotros, y seréis odiados de todos a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza se perderá. En vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”.
“Mas cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed que su desolación está próxima. Entonces, los que estén en Judea, huyan a las montadas; los que estén en medio de ella salgan fuera; y los que estén en los campos, no vuelvan a entrar, porque días de venganza son éstos, de cumplimiento de todo lo que está escrito. Ay de las que estén encintas y de las que creen en aquellos días! Porque habrá gran apretura sobre la tierra, y gran cólera contra este pueblo. Y caerán a filo de espada, y serán deportados a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por gentiles hasta que el tiempo de los gentiles sea cumplido”.
“Y habrá señales en el sol, la luna y las estrellas y, sobre la tierra, ansiedad de las naciones, a causa de la confusión por el ruido del mar y la agitación (de sus olas). Los hombres desfallecerán de espanto, a causa de la expectación de lo que ha de suceder en el mundo, porque las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces es cuando verán al Hijo del Hombre viniendo en una nube con gran poder y grande gloria. Mas cuando estas cosas comiencen a ocurrir, erguíos y levantad la cabeza, porque vuestra
redención se acerca”.
“Mirad la higuera y los árboles todos: cuando veis que brotan, sabéis por vosotros mismos que ya se viene el verano. Así también, cuando veáis que esto acontece, conoced que el reino de Dios está próximo. En verdad, os lo digo, no pasará la generación esta hasta que todo se haya verificado. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Mirad por vosotros mismos, no sea que vuestros corazones se carguen de glotonería y embriaguez, y con cuidados de esta vida, y que ese día no caiga sobre vosotros de improviso784, como una red; porque vendrá sobre todos los habitantes de la tierra entera. Velad, pues, y no ceséis de rogar para que podáis escapar a todas estas cosas que han de suceder, y estar en pie delante del Hijo del hombre”.
“Id a prepararnos la Pascua, para que la podamos comer”.
“Cuando entréis en la ciudad, encontraréis a un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo hasta la casa en que entre. Y diréis al dueño de casa: “El Maestro te manda decir:
¿Dónde está el aposento en que comeré la pascua con mis discípulos?” Y él mismo os mostrará una sala del piso alto, amplia y amueblada; disponed allí lo que es menester”.
“De todo corazón he deseado comer esta pascua con vosotros antes de sufrir. Porque os digo que Yo no la volveré a comer hasta que ella tenga su plena realización en el reino de Dios”
“Tomadlo y repartíoslo. Porque, os digo, desde ahora no bebo del fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios”.
“Este es el cuerpo mío, el que se da para vosotros. Haced esto en memoria mía”.
“Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que se derrama para vosotros. Sin embargo, ved: la mano del que me entrega está conmigo a la mesa. Porque el Hijo del hombre se va, según lo decretado, pero ¡ay del hombre por quien es entregado!”.
“Los reyes de las naciones les hacen sentir su dominación, y los que ejercen sobre ellas el poder son llamados bienhechores. No así vosotros; sino que el mayor entre vosotros sea como el menor; y el que manda, como quien sirve. Pues ¿quién es mayor, el que está sentado a la mesa, o el que sirve? ¿No es acaso el que está sentado a la mesa? Sin embargo, Yo estoy entre vosotros como el sirviente. Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas. Y Yo os confiero dignidad real como mi Padre me la ha conferido a Mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en, mi reino, y os sentéis sobre tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel".
"Simón Simón, mira que Satanás os ha reclamado para zarandearos como se hace con el trigo. Pero Yo he rogado por ti, a fin de que tu fe no desfallezca. Y tú, una vez convertid, confirma a tus hermanos".
“Yo te digo, Pedro, el gallo no cantará hoy, hasta que tres veces hayas negado conocerme”.
“Cuando Yo os envié sin bolsa, ni alforja, ni calzado, os faltó alguna cosa?”.
"Pues bien, ahora, el que tiene una bolsa, tómela consigo, e igualmente la alforja; y quien no tenga, venda su manto y compre una espada. Porque Yo os digo, que esta palabra de la Escritura debe todavía cumplirse en Mí: «Y ha sido contado entre los malhechores». Y así, lo que a Mí se refiere, toca a su fin”.
“Basta”.
“Padre, si quieres, aparta de Mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”.
“¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para que no entréis en tentación”.
“Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?”.
“Sufrid aún ésto”.
“¿Cómo contra un ladrón salisteis con espadas y palos? Cada día estaba Yo con vosotros en el Templo, y no habéis extendido las manos contra Mí. Pero ésta es la hora vuestra, y la potestad de la tiniebla”.
“Si os hablo, no me creeréis, y si os pregunto, no me responderéis. Pero desde ahora el Hijo del hombre estará sentado a la diestra del poder de Dios”.
“'Vosotros lo estáis diciendo: Yo soy”.
“Tú lo dices”.
“Hijas de Jerusalén, no lloréis por Mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos, porque vienen días, en que se dirá: ¡Felices las estériles y las entrañas que no engendraron, y los pechos que no
amamantaron! Entonces se pondrán a decir a las montañas: «Caed sobre nosotros, y a las colinas: ocultadnos». Porque si esto hacen con el leño verde, ¿qué será del seco?”.
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.
“En verdad, te digo, hoy estarás conmigo en el Paraíso”.
“Padre, en tus manos entrego mi espíritu”.
“¿Qué palabras son éstas que tratáis entre vosotros andando?”.
“¿Qué cosas?”.
“¡Oh hombres sin inteligencia y tardos de corazón para creer todo lo que han dicho los profetas! ¿No era necesario que el Cristo sufriese así para entrar en su gloria?”.
“Paz a vosotros”.
“¿Porqué estáis turbados? y ¿por qué se levantan dudas en vuestros corazones? Mirad mis manos y mis pies: soy Yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne ni husos, como veis que Yo tengo”.
“¿Tenéis por ahí algo de comer?”.
“Esto es aquello que Yo os decía, cuando estaba todavía con vosotros, que es necesario que todo lo que está escrito acerca de Mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos se cumpla”.
“Así estaba escrito que el Cristo sufriese y resucitase de entre los muertos al tercer día, y que se predicase, en su nombre el arrepentimiento y el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén Vosotros sois testigos de estas cosas. Y he aquí que Yo envío sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Mas vosotros estaos quedos en la ciudad hasta que desde lo alto seáis investidos de fuerza".
San Juan
“¿Qué queréis?”.
“Venid y veréis”.
“Tú eres Simón, hijo de Juan: tú tellamarás Kefas –que se traduce: Pedro”.
“Sígueme”.
“He aquí, en verdad, un israelita si ndoblez”.
“Porque te dije que te vi debajo de la higuera, crees. Verás todavía más”.
“En verdad, en verdad os digo: Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre”.
“¿Qué (nos va en esto) a Mí y a ti, mujer? Mi hora no ha venido todavía”.
“Llenad las tinajas de agua”. “Ahora sacad y llevad al maestresala”.
“Quitad esto de aquí; no hagáis de la casa de mi Padre un mercado”.
“Destruid este Templo, y en tres días Yo lo volveré a levantar”.
“En verdad, en verdad, te digo, si uno no nace de lo alto, no puede ver el reino de Dios”.
“En verdad, en verdad, te digo, si uno no nace del agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de los cielos. Lo nacido de la carne, es carne; y lo nacido del espíritu, es espíritu. No te admires de que te haya
dicho: “Os es necesario nacer de lo alto”. El viento sopla donde quiere; tú oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene, ni adónde va. Así acontece con todo aquel que ha nacido del espíritu”.
“¿Tú eres el doctor de Israel, y no entiendes esto? En verdad, en verdad, te digo: nosotros hablamos lo que sabemos, y atestiguamos lo que hemos visto, y vosotros no recibís nuestro testimonio. Si cuando os digo las cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo creeréis si os digo las cosas del cielo? Nadie ha subido al
cielo, sino Aquel que descendió del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés, en el desierto, levantó la serpiente, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado. Para que todo el que cree tenga en Él vida eterna”.
“Dame de beber”. Si tú conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice: «Dame de beber», quizá tú le hubieras pedido a Él, y Él te habría dado agua viva”.
“Todos los que beben de esta agua, tendrán de nuevo sed; mas quien beba el
agua que Yo le daré, no tendrá sed nunca, sino que el agua que Yo le daré se hará en él fuente de agua surgente para vida eterna”.
“Ve a buscar a tu marido, y vuelve aquí”.
“Bien has dicho: «No tengo marido»; porque cinco maridos has tenido, y el hombre que ahora tienes, no
es tu marido; has dicho la verdad”.
“Mujer, créeme a Mí, porque viene la hora, en que ni sobre este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros, adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora viene, y ya ha llegado, en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad894; porque también el Padre desea que los que adoran sean tales. Dios es espíritu, y los que lo adoran, deben adorarlo en espíritu y en verdad”.
“Yo lo soy". "Yo que te hablo”.
“Yo tengo un manjar para comer, que vosotros no conocéis”.
“Mi alimento es hacer la voluntad de Aquel que me envió y dar cumplimiento a su obra".
¿No decís vosotros: Todavía cuatro meses, y viene la siega? Y bien, Yo os digo: Levantad vuestros ojos, y mirad los campos, que ya están blancos para la siega. El que siega, recibe su recompensa y recoge la mies para la vida eterna, para que el que siembra se regocije al mismo tiempo que el que siega. Pues en esto se verifica el proverbio: «Uno es el que siembra, otro el que siega». Yo os he enviado a cosechar lo que vosotros no habéis labrado. Otros labraron, y vosotros habéis entrado en (posesión del fruto de) sus
trabajos”.
“¡Si no veis signos y prodigios, no creeréis!”
“Ve, tu hijo vive”.
“¿Quieres ser sanado?”. “Levántate, toma tu camilla y anda”.
“Mira que ya estas sano; no peques más, para que no te suceda algo
peor”.
“Mi Padre continúa obrando, y Yo obro también”.
“En verdad, en verdad, os digo, el Hijo no puede por Sí mismo hacer nada, sino lo que ve hacer al Padre; pero lo que Éste hace, el Hijo lo hace igualmente. Pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que Él hace; y le mostrará aún cosas más grandes que éstas, para asombro vuestro. Como el Padre resucita a los muertos y les devuelve la vida, así también el Hijo devuelve la vida a quien quiere. Y el Padre no juzga a nadie, sino que ha dado todo el juicio al Hijo, a fin de que todos honren al Hijo como honran al Padre. Quien no honra al Hijo, no honra al Padre que lo ha enviado. En verdad, en verdad, os digo: El que escucha mi palabra y cree a Aquel que me envió, tiene vida eterna y no viene a juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida. En verdad, en verdad, os digo, vendrá el tiempo, y ya estamos en él, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y aquellos que la oyeren, revivirán. Porque así como el Padre tiene la vida en Sí mismo, ha dado también al Hijo el tener la vida en Sí mismo. Le ha dado también el poder de juzgar, porque es Hijo del hombre. No os asombre esto, porque vendrá el tiempo en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y saldrán los que hayan hecho el bien, para resurrección de vida; y los que hayan hecho el mal, para resurrección de juicio. 30 Por Mí mismo Yo no puedo hacer nada. Juzgo según lo que oigo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Si Yo doy testimonio de Mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Pero otro es el que da testimonio de Mí, y sé que el testimonio que da acerca de Mí es verdadero. Vosotros enviasteis legados a Juan, y él dio testimonio a la verdad. Pero no es que de un hombre reciba Yo testimonio, sino que digo esto para vuestra salvación. Él era antorcha que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis regocijaros un momento a su luz. Pero el testimonio que Yo tengo es mayor que el de Juan, porque las obras que el Padre me ha dado para llevar a cabo, y que precisamente Yo realizo, dan testimonio de Mí, que es el Padre quien me ha enviado. El Padre que me envió, dio testimonio de Mí. Y vosotros ni habéis jamás oído su voz, ni visto su semblante, ni tampoco tenéis su palabra morando en vosotros, puesto que no creéis a quien Él envió. Escudriñad las Escrituras, ya que pensáis tener en ellas la vida eterna: son ellas las que dan testimonio de Mí, ¡y vosotros no queréis venir a Mí para tener vida! Gloria de los hombres no recibo, sino que os conozco (y sé) que no tenéis en vosotros el amor de Dios. Yo he venido en el nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, ¡a ése lo recibiréis! ¿Cómo podéis vosotros creer, si admitís alabanza los unos de los otros, y la gloria que viene del único Dios no la buscáis? No penséis que soy Yo quien os va a acusar delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quien habéis puesto vuestra esperanza. creyeseis a Moisés, me creeríais también a Mí, pues de Mí escribió Él. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?”.
¿Dónde compraremos pan para que estos tengan qué comer?”.
“Haced que los hombres se sienten” “Recoged los trozos que sobraron, para que nada se pierda”.
“No tengáis miedo”.
“En verdad, en verdad, os digo, me buscáis, no porque visteis milagros, sino porque comisteis de los panes y os hartasteis. Trabajad, no
por el manjar que pasa, sino por el manjar que perdura para la vida eterna, y que os dará el Hijo del hombre, porque a Este ha marcado
con su sello el Padre, Dios”.
“La obra de Dios es que creáis en Aquel a quien Él envió”.
“En verdad, en verdad, os digo, Moisés no os dio el pan del cielo; es mi Padre quien os da el
verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es Aquel que desciende del cielo y da la vida al mundo”.
“Soy Yo el pan de vida; quien viene a Mí, no tendrá más hambre, y quien cree en Mí, nunca más tendrá sed. Pero, os lo he dicho: a pesar de que me habéis visto, no creéis. Todo lo que me da el Padre vendrá a Mí, y al que venga a Mí, no lo echaré fuera, ciertamente, porque bajé del cielo para hacer no mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Ahora bien, la voluntad del que me envió, es que no pierda Yo nada de cuanto Él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. Porque ésta es la voluntad del Padre: que todo aquel que contemple al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna; y Yo lo resucitaré en el último día”.
“No murmuréis entre vosotros. Ninguno puede venir a Mí, si el Padre que me envió, no lo atrae; y Yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos enseñados por Dios». Todo el que escuchó al Padre y ha aprendido, viene a Mí. No es que alguien haya visto al Padre, sino Aquel que viene de Dios, Ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad, os digo, el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Los padres vuestros comieron en el desierto el maná y murieron. He aquí el pan, el que baja del cielo para que uno coma de él y no muera. Yo soy el pan, el vivo, el que bajó del cielo. Si uno come de este pan vivirá para siempre, y por lo tanto el pan que Yo daré es la carne mía para la vida del mundo”.
“En verdad, en verdad, os digo, si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis la sangre del mismo, no tenéis vida en vosotros. El que de Mí come la carne y de Mí bebe la sangre, tiene vida eterna y Yo le resucitaré en el último día. Porque la carne mía verdaderamente es comida y la sangre mía verdaderamente es bebida. El que de Mí come la carne y de Mí bebe la sangre, en Mí permanece y Yo en él. De la misma manera que Yo, enviado por el Padre viviente, vivo por el Padre, así el que me come, vivirá también por Mí. Este es el pan bajado del cielo, no como aquel que comieron los padres, los cuales murieron. El que come este pan vivirá eternamente”.
“¿Esto os escandaliza? ¿Y si viereis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El espíritu es el que vivifica; la carne para nada aprovecha. Las palabras que Yo os he dicho, son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros quienes no creen”.
“He ahí por qué os he dicho que ninguno puede venir a Mí, si esto no le es dado por el Padre”.
“¿Queréis iros también vosotros?”. “¿No fui Yo acaso quien os elegí a vosotros los doce? ¡Y uno de vosotros es diablo!”.
“El tiempo no ha llegado aún para Mí; para vosotros iempre está a punto. El mundo no puede odiaros a vosotros; a Mí, al contrario, me odia, porque Yo testifico contra él que sus obras son malas. Id, vosotros, a la fiesta; Yo, no voy a esta fiesta, porque mi tiempo aún no ha llegado”.
“Mi doctrina no es mía, sino del que me envió. Si alguno quiere cumplir Su voluntad, conocerá si esta doctrina viene de Dios, o si Yo hablo por mi propia cuenta Quien habla por su propia cuenta, busca su propia gloria; pero quien busca la gloria del que lo envió, ese es veraz, y no hay en él injusticia. ¿No os dio Moisés la Ley? Ahora bien, ninguno de vosotros observa la Ley. (Entonces) ¿por qué tratáis de
quitarme la vida?”.
“Una sola obra he hecho, y por ello estáis desconcertados todos. Moisés os dio la circuncisión –no que ella venga de Moisés, sino de los patriarcas– y la practicáis en día de sábado. Si un hombre es circuncidado en sábado, para que no sea violada la Ley de Moisés: ¿cómo os encolerizáis contra Mí, porque en sábado sané a un hombre entero? No juzguéis según las apariencias, sino que vuestro juicio sea justo".
“Sí, vosotros me conocéis y sabéis de dónde soy; pero es que Yo no he venido de Mí mismo; mas El que me envió, es verdadero; y a Él vosotros no lo conocéis. Yo sí que lo conozco, porque soy de junto a Él, y es Él quien me envió”.
“Por un poco de tiempo todavía estoy con vosotros; después me voy a Aquel que me envió. Me buscaréis y no me encontraréis, porque donde Yo estaré, vosotros no podéis ir”.
“Si alguno tiene sed venga a Mí, y beba969 38 quien cree en Mí. Como ha dicho la Escritura: «de su seno manarán torrentes de agua viva»".
“Aquel de vosotros que esté sin pecado, tire el primero la piedra contra ella”.
“Mujer, ¿dónde están ellos? ¿Ninguno te condenó?”. “Yo no te condeno tampoco. Vete, desde ahora no peques más”.
“Yo soy la luz del mundo. El que me siga, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.
“Aunque Yo doy testimonio de Mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde vengo y adónde voy; mas vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy. Vosotros juzgáis carnalmente; Yo no juzgo a nadie; y si Yo juzgo, mi juicio es verdadero, porque no soy Yo solo, sino Yo y el Padre que me envió. Está escrito también en vuestra Ley que el testimonio de dos hombres es verdadero.
Ahora bien, para dar testimonio de Mí, estoy Yo mismo y el Padre que me envió”.
“Vosotros no conocéis ni a Mí ni a mi Padre; si me conocieseis a Mí, conoceríais también a mi Padre”.
“Yo me voy y vosotros me buscaréis, mas moriréis en vuestro pecado. Adonde Yo voy, vosotros no podéis venir”.
“Vosotros sois de abajo; Yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo; Yo no soy de este mundo.
Por esto, os dije que moriréis en vuestros pecados. Sí, si no creéis que Yo soy (el Cristo), moriréis en vuestros pecados”.
“Eso mismo que os digo desde el principio. Tengo mucho que decir y juzgar de vosotros. Pues El que me envió es veraz, y lo que Yo oí a Él, esto es lo que enseño al mundo”.
“Cuando hayáis alzado al Hijo del hombre, entonces conoceréis que soy Yo (el Cristo), y que de Mí mismo no hago nada, sino que hablo como mi Padre me enseñó. El que me envió, está conmigo. El no me ha dejado solo, porque Yo hago siempre lo que le agrada”.
“Si permanecéis en mi palabra, sois verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.
“En verdad, en verdad, os digo, todo el que comete pecado es esclavo [del pecado]. Ahora bien, el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo queda para siempre. Si, pues, el Hijo os hace libres, seréis verdaderamente libres. Bien sé que sois la posteridad de Abrahán, y sin embargo, tratáis de
matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. Yo digo lo que he visto junto a mi Padre; y vosotros, hacéis lo que habéis aprendido de vuestro padre”.
“Si fuerais hijos de Abrahán, haríais las obras de Abrahán. Sin embargo, ahora tratáis de matarme a Mí, hombre que os he dicho la verdad que aprendí de Dios. ¡No hizo esto Abrahán! Vosotros hacéis las obras de vuestro padre”.
“Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais a Mí, porque Yo salí y vine de Dios. No vine por Mí mismo sino que Él me envió. ¿Por qué, pues, no comprendéis mi lenguaje? Porque no podéis sufrir mi palabra. Vosotros sois hijos del diablo, y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Él fue homicida desde el
principio, y no permaneció en la verdad, porque no hay nada de verdad en él. Cuando profiere la mentira, habla de lo propio, porque él es mentiroso y padre de la mentira. Y a Mí porque os digo la verdad, no me creéis. ¿Quien de vosotros puede acusarme de pecado? Y entonces; si digo la verdad, ¿por qué no me creéis? El que es de Dios, escucha las palabras de Dios; por eso no la escucháis vosotros, porque no sois de Dios”.
“Yo no soy un endemoniado, sino que honro a mi Padre, y vosotros me estáis ultrajando. Mas Yo no busco mi gloria; hay quien la busca y juzgará. En verdad, en verdad, os digo, si alguno guardare mi palabra, no verá jamás la muerte”.
“Si Yo me glorifico a Mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es quien me glorifica: Aquel de quien vosotros decís que es vuestro Dios; mas vosotros no lo conocéis. Yo sí que lo conozco, y si dijera que no lo conozco, sería mentiroso como vosotros, pero lo conozco y conservo su palabra. Abrahán, vuestro padre, exultó por ver mi día; y lo vio y se llenó de gozo”.
“En verdad, en verdad os digo: Antes que Abrahán existiera, Yo soy”.
“Ni él ni sus padres, sino que ello es para que las obras de Dios sean manifestadas en él. Es necesario que cumplamos las obras del que me envió, mientras es de día; viene la noche, en que ya nadie puede obrar. Mientras estoy en el mundo, soy luz de (este) mundo”.
“Ve a lavarte a la piscina del Siloé”.
“¿Crees tú en el Hijo del hombre?”. “Lo estás viendo, es quien te habla”.
“Yo he venido a este mundo para un juicio: para que vean los que no ven; y los que ven queden ciegos”.
“Si fuerais ciegos, no tendríais pecado. Pero ahora que decís: «vemos», vuestro pecado persiste”.
“En verdad, en verdad, os digo, quien no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es un ladrón y un salteador. Mas el que entra por la puerta, es el pastor de las ovejas. A este le abre el portero, y las ovejas oyen su voz, y él llama por su nombre a las ovejas propias, y
las saca fuera1. Cuando ha hecho salir todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen porque conocen su voz. Mas al extraño no le seguirán, antes huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”.
“En verdad, en verdad, os digo, Yo soy la puerta de las ovejas. Todos cuantos han venido antes que
Yo son ladrones y salteadores, mas las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta, si alguno entra por Mí, será salvo; podrá ir y venir y hallará pastos. El ladrón no viene sino para robar, para degollar, para destruir. Yo he venido para que tengan vida y vida sobreabundante. Yo soy el pastor, el Bueno. El buen pastor pone su vida por las ovejas. Mas el mercenario, el que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, viendo venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa; porque es mercenario y no tiene interés en las ovejas. Yo soy el pastor bueno, y conozco las mías, y las mías me conocen, –así como el Padre me conoce y Yo conozco al Padre– y pongo mi vida por mis ovejas. Y tengo otras ovejas que no son de este aprisco. A ésas también tengo que traer; ellas oirán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor1. Por esto me ama el Padre, porque Yo pongo mi vida para volver a tomarla. Nadie me la puede quitar, sino que Yo mismo la pongo. Tengo el poder de ponerla, y tengo el poder de recobrarla. Tal es el mandamiento que recibí de
mi Padre”.
“Os lo he dicho, y no creéis. Las obras que Yo hago en el nombre de mi Padre, esas son las que dan testimonio de Mí. Pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas oyen mi voz, Yo las conozco y ellas me siguen. Y Yo le daré vida eterna, y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me dio es mayor que todo, y nadie lo puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y mi Padre somos uno".
“Os he hecho ver muchas obras buenas, que son de mi Padre. ¿Por cuál de ellas queréis apedrearme?”.
“¿No está escrito en vuestra Ley: «Yo dije: sois dioses?» Si ha llamado dioses a aquellos a quienes fue dirigida la palabra de Dios –y la Escritura no puede ser anulada– ¿cómo de Aquel que el Padre consagró y envió al mundo, vosotros decís: «Blasfemas», porque dije: «Yo soy el Hijo de Dios?» Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero ya que las hago, si no queréis creerme, creed al menos, a esas obras, para que sepáis y conozcáis que el Padre es en Mí, y que Yo soy en el Padre”.
“Esta enfermedad no es mortal, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea por
ella glorificado”.
“Volvamos a Judea”.“¿No tiene el día doce horas? Si uno anda de día, no
tropieza, porque tiene luz de este mundo1030. Pero si anda de noche, tropieza, porque no tiene luz”.
“Lázaro nuestro amigo, se ha dormido; pero voy a ir a despertarlo”.
“Lázaro ha muerto. Y me alegro de no haber estado allí a causa de vosotros, para que creáis. Pero vayamos a él”.
“Tu hermano resucitará”.
“Yo soy la resurrección y la vida; quien cree en Mí, aunque muera, revivirá. Y todo viviente y creyente en Mí, no morirá jamás. ¿Lo crees tú?”.
“¿Dónde lo habéis puesto?”. “Levantad la piedra”.
“¿No te he dicho que, si creyeres, verás la gloria de Dios?”.
“Padre, te doy gracias por haberme oído. Bien sabía que siempre me oyes, mas lo dije por causa del pueblo que me rodea, para que crean que eres Tú quien me has enviado”.
“¡Lázaro, ven fuera!”. “Desatadlo, y dejadlo ir”.
“Déjala, que para el día de mi sepultura lo guardaba. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, mas a Mí no siempre me tenéis”.
“¿Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado?” En verdad, en verdad, os digo: si el grano de trigo arrojado en tierra no muere, se queda solo; mas si muere, produce fruto abundante1048. Quien ama su alma, la pierde; y quien aborrece su alma en este mundo, la conservará para vida eterna. 26 Si alguno me quiere servir, sígame, y allí donde Yo estaré, mi servidor estará también; si alguno me sirve, el Padre lo honrará”.
“Ahora mi alma está turbada: ¿y qué diré? ¿Padre, presérvame de esta hora? ¡Mas precisamente para eso he llegado a esta hora! Padre glorifica tu nombre”.
“Esta voz no ha venido por Mí, sino por vosotros. Ahora es el juicio de este mundo, ahora el príncipe de este mundo será expulsado. Y Yo, una vez levantado de la tierra, lo atraeré todo hacia Mí”.
“Poco tiempo está aún la luz entre vosotros; mientras tenéis la luz, caminad, no sea que las tinieblas os sorprendan; el que camina en tinieblas, no sabe adónde va. Mientras tenéis la luz, creed en la luz, para volveros hijos de la luz”.
“El que cree en Mí, no cree en Mí, sino en Aquel que me envió; y el que me ve, ve al que me envió. Yo la luz, he venido al mundo para que todo el que cree en Mí no quede en tinieblas. Si alguno oye mis palabras y nos las observa, Yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvarlo. El que me rechaza y no acepta mi palabra, va tiene quien lo juzgará: la palabra que Yo he hablado, ella será la que lo condenará, en el último día. Porque Yo no he hablado por Mí mismo, sino que el Padre, que me envió, me prescribió lo que debo decir y enseñar; y sé que su precepto es vida eterna. Lo que Yo digo, pues, lo digo como el Padre me lo ha dicho”.
“Lo que Yo hago, no puedes comprenderlo ahora, pero lo comprenderás después". “Si Yo no te lavo, no tendrás nada de común conmigo”.
“Quien está bañado, no necesita lavarse [más que los pies], porque está todo limpio. Y vosotros estáis limpios, pero no todos”.
“¿Comprendéis lo que os he hecho? Vosotros me decís: «Maestro» y «Señor», y decís bien, porque lo soy. Si, pues, Yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis unos a otros lavaros los pies, porque os he dado el ejemplo, para que hagáis como Yo os he hecho. En verdad, en verdad, os digo, no es el siervo más grande que su Señor ni el enviado mayor que quien lo envía. Sabiendo esto, seréis dichosos al practicarlo. No hablo de vosotros todos; Yo sé a quiénes escogí; sino para que se cumpla la Escritura: «El que come mi pan, ha levantado contra Mí su calcañar». Desde ahora os lo digo, antes que suceda, a fin de que, cuando haya sucedido, creáis que soy Yo. En verdad, en verdad, os digo, quien recibe al que Yo enviare, a Mí me recibe; y quien me recibe a Mí, recibe al que me envió”.
“En verdad, en verdad, os digo, uno de vosotros me entregará”.
“Es aquel a quien daré el bocado, que voy a mojar”.
“Lo que haces, hazlo más pronto”.
“Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado, y Dios glorificado en Él. Si Dios ha sido glorificado en Él, Dios también lo glorificará en Sí mismo, y lo glorificará muy pronto. Hijitos míos, ya no estaré sino poco tiempo con vosotros. Me buscaréis, y, como dije a los judíos, también lo digo a vosotros ahora: “Adónde Yo voy, vosotros no podéis venir”. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros: para que, así como Yo os he amado, vosotros también os améis unos a otros. En esto reconocerán todos que sois discípulos míos, si tenéis amor unos para otros”.
“Adonde Yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más tarde me seguirás”.
“¿Tú darás tu vida por Mí?” En verdad, en verdad, te digo, no cantará el gallo hasta que tú me hayas negado tres veces”.
No se turbe vuestro corazón: creed en Dios, creed también en Mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; y si no, os lo habría dicho, puesto que voy a preparar lugar para vosotros. Y cuando me haya ido y os haya preparado el lugar, vendré otra vez y os tomaré junto a Mí, a fin de que donde Yo estoy, estéis vosotros también. Y del lugar adonde Yo voy, vosotros sabéis el camino”.
“Soy Yo el camino, y la verdad, y la vida; nadie va al Padre, sino por Mí. Si vosotros me conocéis,
conoceréis también a mi Padre. Más aún, desde ahora lo conocéis y lo habéis visto”.
“Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, ¿y tú no me has conocido, Felipe? El que me ha visto, ha
visto a mi Padre. ¿Cómo puedes decir: Muéstranos al Padre? ¿No crees que Yo soy en el Padre, y el Padre en Mí? Las palabras que Yo os digo, no las digo de Mí mismo; sino que el Padre, que mora en
Mí, hace Él mismo sus obras. Creedme: Yo soy en el Padre, y el Padre en Mí; al menos, creed a causa de las obras mismas. En verdad, en verdad, os digo, quien cree en Mí, hará él también las obras que Yo hago, y aun mayores, porque Yo voy al Padre y haré todo lo que pidiereis en mi nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís cualquier cosa en mi nombre Yo la haré”.
“Si me amáis, conservaréis mis mandamientos. Y Yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Intercesor, que quede siempre con vosotros , el Espíritu de verdad, que el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo
conoce; mas vosotros lo conocéis, porque Él mora con vosotros y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; volveré a vosotros. Todavía un poco, y el mundo no me verá más, pero vosotros me
volveréis a ver, porque Yo vivo, y vosotros viviréis. En aquel día conoceréis que Yo soy en mi Padre, y vosotros en Mí, y Yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos y los conserva, ése es el que me ama; y quien me ama, será amado de mi Padre, y Yo también lo amaré, y me manifestaré a él”.
“Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y en él haremos morada. El que, no me ama no guardará mis palabras; y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió”.
“Os he dicho estas cosas durante mi permanencia con vosotros. Pero el intercesor, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, Él os lo enseñará todo, y os recordará todo lo que Yo os he dicho. Os dejo la paz, os doy la paz mía; no os doy Yo como da el mundo. No se turbe vuestro corazón, ni se amedrente. Acabáis de oírme decir: «Me voy y volveré a vosotros». Si me amaseis, os alegraríais de que voy al Padre, porque el Padre es más grande que Yo. Os lo he dicho, pues, antes que acontezca, para que cuando esto se verifique, creáis. Ya no hablaré mucho con vosotros, porque viene el príncipe del
mundo. No es que tenga derecho contra Mí, pero es para que el mundo conozca que Yo amo al Padre, y que obro según el mandato que me dio el Padre. Levantaos, vamos de aquí”.
“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que, estando en Mí, no lleva fruto,
lo quita, pero todo sarmiento que lleva fruto, lo limpia, para que lleve todavía más fruto. Vosotros estáis ya limpios, gracias a la palabra que Yo os he hablado.Permaneced en Mí, y Yo en vosotros. Así como el sarmiento no puede por sí mismo llevar fruto, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en Mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. Quien permanece en Mí, y Yo en él, lleva mucho fruto, porque separados de Mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en Mí, es arrojado
fuera como los sarmientos, y se seca; después los recogen y los echan al fuego, y se queman. Si vosotros permanecéis en Mí, y mis palabras permanecen en vosotros, todo lo que queráis, pedidlo,
y lo tendréis: En esto es glorificado mi Padre: que llevéis mucho fruto, y seréis discípulos míos”.
“Como mi Padre me amó, así Yo os he amado: permaneced en mi amor. Si conserváis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, lo mismo que Yo, habiendo conservado los mandamientos de mi Padre, permanezco en su amor. Os he dicho estas cosas, para que mi propio gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea cumplido. Mi mandamiento es que os améis unos a otros, como Yo os he amado. Nadie puede tener amor más grande que dar la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis esto que os mando. a no os llamo más siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor, sino que
os he llamado amigos, porque todo lo que aprendí de mi Padre, os lo he dado a conocer. Vosotros no me escogisteis a Mí; pero Yo os escogí, y os he designado para que vayáis, y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que el Padre os dé todo lo que le pidáis en mi nombre. Estas cosas os mando, para que os améis unos a otros”.
“Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a Mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como vosotros no sois del mundo – porque Yo os he entresacado del mundo– el mundo os odia.
Acordaos de esta palabra que os dije: No es el siervo más grande que su Señor. Si me persiguieron a Mí, también os perseguirán a vosotros; si observaron mi palabra, observará también la vuestra. Pero os harán todo esto a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió. Si Yo hubiera venido sin hacerles oír mi palabra, no tendrían pecado, pero ahora no tienen excusa por su pecado. Quien me odia a Mí odia también a mi Padre. Si Yo no hubiera hecho en medio de ellos las obras que nadie ha hecho, no tendrían pecado, mas ahora han visto, y me han odiado, lo mismo que a mi Padre. Pero es para que se cumpla la palabra escrita en su Ley: «Me odiaron sin causa». Cuando venga el Intercesor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de Mí. Y vosotros también dad testimonio, pues desde el principio estáis conmigo”.
“Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os excluirán de las sinagogas; y aun vendrá tiempo en que cualquiera que os quite la vida, creerá hacer un obsequio a Dios.Y os harán esto, porque no han conocido al Padre, ni a Mí. Os he dicho esto, para que, cuando el tiempo venga, os acordéis que Yo os lo había dicho. No os lo dije desde el comienzo, porque Yo estaba con vosotros. Y ahora Yo me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Adónde vas? sino que la tristeza ha ocupado vuestros corazones porque os he dicho esto. Sin embargo, os lo digo en verdad: Os conviene que me vaya; porque, si Yo no me voy, el Intercesor no vendrá a vosotros; mas si me voy, os lo enviaré. Y cuando Él venga, presentará querella al mundo, por capítulo de pecado, por capítulo de justicia, y por capítulo de juicio: por capítulo de pecado, porque no han creído en Mí; por capítulo de justicia, porque Yo me voy a mi Padre, y vosotros no me veréis más; por capítulo de juicio, porque el príncipe de este mundo está
juzgado. Tengo todavía mucho que deciros, pero no podéis soportarlo ahora. Cuando venga Aquél, el Espíritu de verdad, Él os conducirá a toda la verdad; porque Él no hablará por Sí mismo, sino que dirá lo que habrá oído, y os anunciará las cosas por venir. Él me glorificará, porque tomará de lo mío, y os (lo) declarará. Todo cuanto tiene el Padre es mío; por eso dije que Él tomará de lo mío, y os (lo) declarará”.
“Un poco de tiempo y ya no me veréis: y de nuevo un poco, y me volveréis a ver, porque me voy al
Padre”. Entonces algunos de sus discípulos se dijeron unos a otros: “¿Qué es esto que nos dice: «Un poco, y ya no me veréis; y de nuevo un poco, y me volveréis a ver» y: «Me voy al Padre?»
“Os preguntáis entre vosotros que significa lo que acabo de decir: «Un poco, y ya no me veréis, y de nuevo un poco, y me volveréis a ver». En verdad, en verdad, os digo, vosotros vais a llorar y gemir, mientras que el mundo se va a regocijar. Estaréis contristados, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer, en el momento de dar a luz, tiene tristeza, porque su hora ha llegado; pero, cuando su hijo ha nacido, no se acuerda más de su dolor, por el gozo de que ha nacido un hombre al mundo. Así
también vosotros, tenéis ahora tristeza, pero Yo volveré a veros, y entonces vuestro corazón se alegrará y nadie os podrá quitar vuestro gozo. En aquel día no me preguntaréis más sobre nada.
En verdad, en verdad, os digo, lo que pidiereis al Padre, Él os lo dará en mi nombre. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre. Pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado”.
“Os he dicho estas cosas en parábolas; viene la hora en que no os hablaré más en parábolas, sino que
abiertamente os daré noticia del Padre. En aquel día pediréis en mi nombre, y no digo que Yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre os ama Él mismo, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que Yo vine de Dios. Salí del Padre, y vine al mundo; otra vez dejo el mundo, y retorno al Padre”.
“¿Creéis ya ahora? Pues he aquí que viene la hora, y ya ha llegado, en que os dispersaréis cada uno por
su lado, dejándome enteramente sólo. Pero, Yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Os he dicho estas cosas, para que halléis paz en Mí. En el mundo pasáis apreturas, pero tened confianza: Yo he vencido al mundo”.
“Padre, la hora es llegada; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a Ti; –conforme al señorío que le conferiste sobre todo el género humano– dando vida eterna a todos los que Tú le has dado. Y la vida eterna es: que te conozcan a Ti, solo Dios verdadero, y a Jesucristo Enviado tuyo. Yo te he glorificado a Ti sobre la tierra dando acabamiento a la obra que me confiaste para realizar. Y ahora Tú, Padre, glorifícame a Mí junto a Ti mismo, con aquella gloria que en Ti tuve antes que el mundo existiese”.
“Yo he manifestado tu Nombre a los hombres que me diste (apartándolos) del mundo. Eran tuyos, y Tú me los diste, y ellos han conservado tu palabra. Ahora saben que todo lo que Tú me has dado viene de Ti. Porque las palabras que Tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han ecibido y han conocido verdaderamente que Yo salí de Ti, y han creído que eres Tu quien me has enviado. Por ellos ruego; no por el mundo, sino por los que Tú me diste, porque son tuyos.
Pues todo lo mío es tuyo, y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado. Yo no estoy ya en el mundo, pero éstos quedan en el mundo mientras que Yo me voy a Ti. Padre Santo, por tu nombre, que Tú me diste, guárdalos para que sean uno como somos nosotros. Mientras Yo estaba con ellos, los guardaba por tu Nombre, que Tú me diste, y los conservé, y ninguno de ellos se perdió sino el hijo de perdición, para que la Escritura fuese cumplida. Mas ahora voy a Ti, y digo estas cosas estando (aún)
en el mundo, para que ellos tengan en sí mismos el gozo cumplido que tengo Yo. Yo les he dado tu palabra y el mundo les ha tomado odio, porque ellos ya no son del mundo, así como Yo no soy del mundo. No ruego para que los quites del mundo, sino para que los preserves del Maligno. Ellos no son ya del mundo, así como Yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: la verdad es tu palabra. Como Tú me enviaste a Mí al mundo, también Yo los he enviado a ellos al mundo. Y por ellos me santifico Yo mismo, para que también ellos “sean santificados, en la verdad”.
“Mas no ruego sólo por ellos, sino también por aquellos que, mediante la palabra de ellos, crean en Mí, a fin de que todos sean uno, como Tú, Padre, en Mí y Yo en Ti, a fin de que también ellos sean en nosotros, para que el mundo crea que eres Tú el que me enviaste. Y la gloria que Tú me diste, Yo se la he dado a ellos, para que sean uno como nosotros somos Uno: Yo en ellos y Tú en Mí, a fin de que sean perfectamente uno, y para que el mundo sepa que eres Tú quien me enviaste y los amaste a ellos como me amaste a Mí. Padre, aquellos que Tú me diste quiero que estén conmigo en donde Yo esté, para que vean la gloria mía, que Tú me diste, porque me amabas antes de la creación del mundo. Padre Justo, si el mundo no te ha conocido, te conozco Yo, y éstos han conocido que eres Tú el que me enviaste, y Yo les hice conocer tu nombre, y se lo haré conocer para que el amor con que me has amado sea en ellos y Yo en ellos”.
“¿A quién buscáis?”.
“Soy Yo”.
“¿A quién buscáis?”. “Os he dicho que soy Yo. Por tanto si me buscáis a Mí, dejad ir a éstos”.
“De los que me diste, no perdí ninguno”.
“Vuelve la espada a la vaina; ¿no he de beber el cáliz que me ha dado el Padre?”.
“Yo he hablado al mundo públicamente; enseñé en las sinagogas y en el Templo, adonde concurren todos los judíos, y nada he hablado a escondidas. ¿Por qué me interrogas a Mí? Pregunta a los que han oído, qué les he enseñado; ellos saben lo que Yo he dicho”.
“Si he hablado mal, prueba en qué está el mal; pero si he hablado bien ¿por qué me golpeas?”.
“¿Lo dices tú por ti mismo, o te lo han dicho otros de Mí?”.
“Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores combatirían a fin de que Yo no fuese entregado a los judíos. Mas ahora mi reino no es de aquí”.
“Tú lo dices: Yo soy rey. Yo para esto nací y para esto vine al mundo, a fin de dar testimonio a la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”.
“No tendrías sobre Mí ningún poder, si no te hubiera sido dado de lo alto; por esto quien me entregó a ti, tiene mayor pecado”.
“Mujer, he ahí a tu hijo”. “He ahí a tu madre”.
“Tengo sed”.
“Está cumplido”.
“Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas”.
“Mariam”.
“No me toques más, porque no he subido todavía al Padre; pero ve a, encontrar a mis hermanos, y diles: voy a subir a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios”.
¡Paz a vosotros!”.
¡Paz a vosotros! Como mi Padre me envió, así Yo os envío”.
“Recibid el Espíritu Santo1; a quienes perdonareis los pecados, les quedan perdonados; y a quienes se los retuviereis, quedan retenidos”.
“¡Paz a vosotros!”.
“Trae acá tu dedo, mira mis manos, alarga tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente”.
“Porque me has visto, has creído; dichosos los que han creído sin haber visto”.
“Muchachos, ¿tenéis algo para comer?”.
“Echad la red al lado derecho de la barca, y encontraréis”.
“Traed de los peces que acabáis de pescar”.
“Venid, almorzad”.
“Simón, hijo de Juan, ¿me amas tú más que estos?”.
“Apacienta mis corderos”.
“Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”.
“Pastorea mis ovejas”.
“Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?.
“Apacienta mis ovejas”.
“En verdad, en verdad, te digo, cuando eras más joven, te ponías a ti mismo el ceñidor, e ibas adonde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás los brazos, y otro te pondrá el ceñidor, y te llevará adonde no quieres”.
“Sígueme”.
“Si me place que él se quede hasta mi vuelta, ¿qué te importa a ti? Tú sígueme”.
Los hechos de los apóstoles:
“No os corresponde conocer tiempos y ocasiones que el Padre ha fijado con su propia autoridad; recibiréis, sí, potestad, cuando venga sobre vosotros el Espíritu Santo; y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda la Judea y Samaria, y hasta los extremos de la tierra”.
“Yo soy Jesús a quien tú persigues. Mas levántate, entra en la ciudad, y se te dirá lo que has de hacer”.
“¡Ananías!”.
“Levántate y ve a la calle llamada «la Recta», y pregunta en casa de Judas por un hombre llamado Saulo de Tarso, porque él está en oración”.
“Anda, porque un instrumento escogido es para mí ese mismo, a fin de llevar mi nombre delante de naciones y reyes e hijos de Israel; porque Yo le mostraré cuánto tendrá que sufrir por mi nombre”.
“Levántate, Pedro, mata y come”. “Lo que Dios ha purificado, no lo declares tú común”.
“Lo que Dios ha purificado, no lo declares tú común”.
“Levántate y ve a Damasco; allí se te dirá todo lo que te está ordenado hacer”, “Date prisa y sal pronto de Jerusalén, porque no recibirán tu testimonio acerca de Mí”.
“Anda, que Yo te enviaré a naciones lejanas”.
“Ten ánimo, porque así como has dado testimonio de Mí en Jerusalén, así has de dar testimonio también en Roma”.
“Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Duro es para ti dar coces contra el aguijón”.
“Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Mas levántate y ponte sobre tus pies; porque para esto me he aparecido a ti para predestinarte ministro y testigo de las cosas que has visto y de aquellas por las cuales aun te me apareceré, librándote del pueblo, y de los gentiles, a los cuales yo te envío, a fin de abrirles los ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios, y para que obtengan remisión de pecados y herencia entre los que han sido santificados por la fe en Mí”.
2 Corintios
“Mi gracia te basta, pues en la flaqueza se perfecciona la fuerza”.
Apocalipsis
“Yo soy el Alfa y la Omega”.
“Lo que vas a ver escríbelo en un libro, y envíalo a las siete Iglesias:
A Éfeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardes, a Filadelfia y a Laodicea”.
“No temas; Yo soy el primero y el último y el viviente; estuve muerto, y ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. Escribe, pues lo que hayas visto; lo que es, y lo que
debe suceder después de esto. En cuanto al misterio de las siete estrellas, que has visto en mi diestra, y los siete candelabros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete Iglesias, y los sietecandelabros son siete Iglesias”.
"Conozco tus obras, tus trabajos y tu paciencia, y que no puedes sufrir a los malos, y que has probado a los que se dicen apóstoles y no lo son, y los has hallado mentirosos. Y tienes paciencia, y padeciste por mi nombre, y no has desfallecido. Pero tengo contra ti que has dejado tu amor del principio. Recuerda, pues, de donde has caído, y arrepiéntete, y vuelve a las primeras obras; si no, vengo a ti, y quitaré tu candelabro de su lugar, a menos que te arrepientas. Esto empero tienes: que aborreces las obras de los
Nicolaítas, que yo también aborrezco. Quien tiene oído escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias: Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida que está en el Paraíso de Dios”.
"Conozco tu tribulación y tu pobreza – pero tú eres rico– y la maledicencia de parte de los que se llaman judíos y no son más que la sinagoga de Satanás. No temas lo que vas a padecer. He aquí que el diablo va a meter a algunos de vosotros en la cárcel; es para que seáis probados, y tendréis una tribulación de diez días. Sé fiel hasta la muerte, y Yo te daré la corona de la vida. Quien tiene oído escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias: El vencedor no será alcanzado por la segunda muerte”
" l ángel de la Iglesia de Pérgamo escríbele: “El que tiene la espada aguda de dos filos dice esto: Yo sé donde moras: allí donde está el trono de Satanás: y con todo retienes mi nombre, y no has negado mi fe, ni aun en los días en que Antípas, el testigo mío fiel, fue muerto entre vosotros donde habita Satanás. Pero tengo contra ti algunas pocas cosas, por cuanto tienes allí a quienes han abrazado la doctrina de Balaam, el que enseñaba a Balac a dar escándalo a los lujos de Israel, para que comiesen de los sacrificios de los ídolos y cometiesen fornicación. Así tienes también a quienes de manera semejante retienen la doctrina de los Nicolaítas. Arrepiéntete, pues; que si no, vengo a ti presto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca. Quien tiene oído escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias: Al vencedor le daré del maná oculto; y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo que nadie sabe sino aquel que la recibe".
"Al ángel de la Iglesia de Tiatira escríbele: “Esto dice el Hijo de Dios, el que tiene ojos como llamas
de fuego, y cuyos pies son semejantes a bronce bruñido: Conozco tus obras, tu amor, tu fe, tu beneficencia y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras. Pero tengo contra ti que
toleras a esa mujer Jezabel, que dice ser profetisa y que enseña a mis siervos y los seduce para que cometan fornicación y coman lo sacarificado a los ídolo. Le he dado tiempo para que se arrepienta, mas no quiere arrepentirse de su fornicación. He aquí que a ella la arrojo en cama, y a los que adulteren con ella, (los arrojo) en grande tribulación, si no se arrepienten de las obras de ella. Castigaré a sus hijos con la muerte, y conocerán todas las Iglesias que Yo soy el que escudriño entrañas y corazones; y retribuiré a cada uno de vosotros conforme a vuestras obras. A vosotros, los demás que estáis en Tiatira, que no seguís esa doctrina y que no habéis conocido las profundidades, como dicen ellos, de Satanás: no echaré sobre vosotros otra carga. Solamente, guardad bien lo que tenéis, hasta que Yo venga. Y al que venciere
y guardare hasta el fin mis obras, le daré poder sobre las naciones, –y las regirá con vara de hierro, y serán desmenuzados como vasos de alfarero– como Yo lo recibí de mi Padre; y le daré la estrella matutina. Quien tiene oído, escuche, lo que el Espíritu dice a las Iglesias".
"Al ángel de la Iglesia de Sardes escríbele: “Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas:
Conozco tus obras: se te tiene por viviente, pero estás, muerto. Ponte alerta y consolida lo restante, que está a punto de morir; porque no he hallado tus obras cumplidas delante de mi Dios.
Recuerda, pues, tal como recibiste y oíste; y guárdalo y arrepiéntete. Si no velas vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora llegaré sobre ti. Con todo, tienes en Sardes algunos pocos nombres que
no han manchado sus vestidos; y han de andar conmigo vestidos de blanco, porque son dignos. El vencedor será, vestido así, de vestidura blanca, y no borraré su nombre del libro de la vida; y
confesaré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles. Quien tiene oído escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias".
"Al ángel de la Iglesia de Filadelfia escríbele: “Esto dice el Santo, el Veraz, el que tiene la llave de
David, el que abre y nadie cerrará, que cierra y nadie abre:
Conozco tus obras. He aquí que he puesto delante de ti una puerta abierta que nadie puede cerrar; porque no obstante tu debilidad, has guardado mi Palabra y no has negado mi Nombre. He aquí
que Yo te entrego algunos de la sinagoga de Satanás, que dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí que Yo los haré venir y postrarse a tus pies, y reconocerán que Yo te he amado. Por cuanto has guardado la palabra de la paciencia mía, Yo también te guardaré de la hora de la prueba, esa hora que ha de venir sobre todo el orbe, para probar a los que habitan sobre la tierra".
"Pronto vengo; guarda firmemente lo que tienes para que nadie te arrebate la corona. Del vencedor haré una columna en el templo de mi Dios, del cual no saldrá más; y sobre él escribiré el nombre de Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la que desciende del cielo viniendo de mi Dios, y el
nombre mío nuevo. Quien tiene oído escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias”.
"Al ángel, de la Iglesia de Laodicea escríbele: Esto dice el Amén, el testigo fiel y veraz, el principio
de la creación de Dios: “Conozco tus obras: no eres ni frío ni hirviente. ¡Ojalá fueras frío o hirviente! Así, porque eres tibio, y ni hirviente ni frío, voy a vomitarte de mi boca. Pues tú dices:
“Yo soy rico, yo me he enriquecido, de nada tengo necesidad”, y no sabes que tú eres desdichado y miserable y mendigo y ciego y desnudo. Te aconsejo que para enriquecerte compres de Mí oro acrisolado al fuego y vestidos blancos para que te cubras y no aparezca la vergüenza de tu desnudez, y colirio para ungir tus ojos a fin de que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo.
Ten, pues, ardor y conviértete. Mira que estoy a la puerta y golpeo. Si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo. Al vencedor le haré sentarse conmigo en mi trono, así como Yo vencí y me senté con mi Padre en su trono. Quien tiene oído escuche lo que el Espíritu dice a
las Iglesias”.
“Sube acá y te
mostraré las cosas que han de suceder después de éstas”.
“Sella lo que dijeron.
“Ve y toma el libro abierto en la mano
del ángel que está de pie sobre el mar y sobre la tierra”
“Levántate y mide el templo de Dios, y el altar, y a los
que adoran allí”. Mas el atrio exterior del templo déjalo fuera,
y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles, los cuales
hollarán la Ciudad santa durante cuarenta y dos meses. Y daré
a mis dos testigos que, vestidos de sacos, profeticen durante mil
doscientos sesenta días".
"He aquí que vengo como ladrón. Dichoso el que vela y guarda sus vestidos, para no tener que andar
desnudo y mostrar su vergüenza– “He aquí, Yo hago todo nuevo”. “Escribe, que estas palabras son fieles y verdaderas” “Se han cumplido. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que
tenga sed Yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El vencedor tendrá esta herencia, y Yo seré su Dios, y él será hijo mío. Mas los tímidos e incrédulos y abominables y homicidas y fornicarios y hechiceros e idólatras, y todos los mentirosos, tendrán su parte en el lago encendido con fuego y azufre. Ésta es la segunda muerte".
"El inicuo siga en su iniquidad, y el sucio ensúciese más; el justo obre más justicia, y el santo santifíquese. He aquí que vengo presto, y mi galardón viene conmigo para recompensar a cada uno según su obra Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin. Dichosos los que lavan sus vestiduras para tener derecho al árbol de la vida y a entrar en la ciudad por las puertas. ¡Fuera los perros, los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras y todo el que ama y obra mentira! Yo Jesús envié a mi ángel a daros testimonio de estas cosas sobre las Iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella esplendorosa y matutina”. Y el Espíritu y la novia dicen: “Ven”. Diga también
quien escucha: “Ven”. Y el que tenga sed venga; y el que quiera, tome gratis del agua de la vida".
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