jueves, 17 de abril de 2025

Perfecciòn del nùmero seis - La Ciudad de Dios, San Agustìn


Toda esta narración tiene una mira: la perfección del número seis, que es un mismo día repetido seis veces, completándose así la creación en seis días. Y esto no porque Dios tuviera necesidad de tiempo, como si no pudiera crear simultáneamente todas las cosas; Èl, que había de formar después con movimientos congruentes los tiempos, sino porque el número seis significa la perfección de las obras. El número seis es el primero completo en todas sus partes, a saber, tiene un sexto, un tercio y una mitad, que son el uno, el dos y el tres, que, sumados, dan seis. Al considerar los números por sus partes, deben tenerse en cuenta aquellos de los cuales pueden decirse cuántas partes tienen, por ejemplo, una mitad, una tercera, una cuarta parte, más las llamadas con otros nombres. Un ejemplo:  no porque el cuatro sea una parte del nueve, por eso puede decirse cuánta o qué parte es. Sin embargo, del uno puede decirse, porque es la novena parte, y del tres también, porque es su tercera parte. Pero sumadas estas dos partes, la novena y la tercera, o sea, uno y tres, no dan, ni mucho menos, nueve. También el cuatro es una parte del diez, y, sin embargo, no puede decirse cuál; en cambio, el uno puede decirse, porque es la décima parte. Tiene, además, una quinta parte, que son dos, y una mitad, que son cinco. Pero estas tres partes, la décima, la quinta y la mitad, el uno, el dos y el cinco, sumados, no dan diez, sino ocho. En cambio, las partes del doce le pasan, pues tiene una duodécima, que es u n o ; una sexta, que son dos; una cuarta, que son tres; una tercera, que son cuatro, y una mitad, que son seis. Y, sumados uno, dos, tres, cuatro y seis, no dan doce, sino dieciséis.

He creído oportuno hacer esta breve reseña para encarecer más la perfección del número seis, que es el primero, como he dicho, completo en todas sus partes. En seis días remató Dios sus obras. De donde se sigue que no debe desdeñarse la razón del número y que, en muchos lugares de las santas Escrituras, su gran valor se hace encontradizo a cuantos las consideran con detenimiento. No en vano se dijo en alabanza de Dios: Dispusiste todas las cosas con medida, número y peso. 


Capìtulo XXX, Libro  XI,  La Ciudad de Dios, San Agustìn.

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